Treinta Dias Con Los Blackwood

Capítulo 37 — Las piezas de Clara

Capítulo 37 — Las piezas de Clara

Capítulo 37 — Las piezas de Clara

La mañana había avanzado mucho más de lo que Clara había sido capaz de percibir.

Los documentos continuaban extendidos sobre la mesa de la biblioteca y, aunque algunos ya habían sido apartados después de descubrir que no guardaban relación directa con Catherine, Elías o Eleanor, todavía quedaban demasiadas hojas por revisar como para pensar que aquella búsqueda estaba llegando a su fin.

Sin embargo, Clara había dejado de mirar aquellos papeles de la misma manera. Durante los últimos días había buscado respuestas sobre su madre, sobre el hombre cuyo nombre había permanecido oculto durante tantos años y sobre las decisiones que Eleanor había tomado antes de llevarla a Blackwood.

Ahora comprendía que también tendría que buscar dentro de sí misma. Porque había recuerdos que empezaban a regresar.

No eran recuerdos completos. Algunos apenas eran imágenes, una voz, una habitación, una fotografía sostenida entre unas manos que pertenecían a su madre.

Otros eran momentos que durante años había considerado demasiado insignificantes como para conservarlos en la memoria y que, sin embargo, ahora parecían adquirir un significado distinto. Clara tomó la fotografía que habían encontrado y volvió a observarla.

Elías fue el hombre que había amado a Catherine. El hombre que había muerto antes de saber que ella existía… Su padre biológico. La expresión de Clara cambió ligeramente mientras recorría con el pulgar el borde de la fotografía.

—¿Qué estás pensando? —preguntó Sebastián, que permanecía al otro lado de la mesa, mientras apartaba una carpeta para dejarle más espacio.

Clara tardó unos segundos en responder.

—Que llevo toda mi vida teniendo piezas de esta historia delante de mí y nunca supe reconocerlas. —Dejó la fotografía sobre la mesa, aunque mantuvo una mano sobre ella—. Quizá por eso algunos recuerdos me están resultando tan extraños ahora.

Sebastián sostuvo su mirada.

—¿Recuerdos de tu madre?

—De mi infancia. —Clara bajó nuevamente los ojos hacia la fotografía—. De cosas que entonces no entendía.

Rowan, que estaba revisando unos documentos junto a la ventana, se volvió hacia ellos.

—¿Cómo la fotografía que recuerdas? —preguntó Finn, inclinándose ligeramente hacia ella.

—Sí. —Clara asintió, bajando un instante la mirada hacia la imagen.

Finn se acercó a la mesa y tomó una de las hojas que habían apartado.

—Quizá deberíamos dejar de buscar solamente documentos de Eleanor.

—¿Qué propones? —Clara levantó la mirada hacia él.

Finn dejó la hoja sobre la mesa.

—Buscar todo lo que tenga relación contigo.

—Eso podría llevarnos bastante tiempo. —Rowan arqueó ligeramente una ceja.

—Tenemos tiempo. —Finn se encogió de hombros antes de volver a mirar a Clara—. Y, por una vez, creo que deberíamos empezar por lo que ella recuerda, no por lo que Eleanor decidió escribir.

—No recuerdo demasiado. —Clara pasó los dedos por el borde de la fotografía.

—Recuerdas más de lo que crees. —Finn apoyó una mano sobre el respaldo de la silla que tenía junto a él—. Solo tenemos que conseguir que las piezas aparezcan.

Clara dejó escapar una pequeña sonrisa.
—¿Y cómo piensas conseguir eso? —preguntó, inclinando ligeramente la cabeza.

—Todavía no lo sé. —Finn sonrió y se encogió de hombros.

—Un plan impecable. —Rowan soltó una breve risa desde la ventana y cruzó los brazos.

—Estoy trabajando en ello. —Finn giró la cabeza hacia él

Clara negó despacio con la cabeza, aunque la sonrisa permaneció unos segundos más. Aquella pequeña conversación consiguió aliviar algo de la tensión que llevaba acumulando desde que habían comenzado a revisar los documentos.

Finn tenía esa capacidad, no necesitaba hacer demasiado. A veces bastaba con una frase, una mirada o aquella manera suya de conseguir que las cosas parecieran un poco menos pesadas.

Clara bajó la mirada hacia la fotografía y entonces el recuerdo regresó. Esta vez con más claridad.

Una ventana, la luz entrando en la habitación y Catherine sentada cerca del cristal mientras sostenía una fotografía entre las manos. Clara era pequeña, pero recordaba haber caminado hasta ella y haber preguntado quién era el hombre que aparecía en aquella imagen. Pero la respuesta seguía escondida en algún lugar de su memoria. Clara cerró los ojos durante unos segundos.

—Mi madre tenía una fotografía. —Clara bajó la mirada hacia la imagen que seguía sobre la mesa.

Sebastián se acercó ligeramente.
—¿La misma? —preguntó, inclinándose un poco para observarla.

Clara abrió los ojos y negó despacio con la cabeza.
—No lo sé. —Tomó la fotografía que estaba sobre la mesa y volvió a observarla. —No recuerdo si era esta. Recuerdo que había un hombre, pero no recuerdo su cara. —Clara pasó lentamente el pulgar por el borde de la fotografía.

Rowan se acercó desde la ventana.
—¿Y qué recuerdas? —preguntó, deteniéndose junto a la mesa.

Clara frunció ligeramente el ceño.
—Que le pregunté quién era. —Pasó un dedo por la esquina de la fotografía—. Recuerdo perfectamente haber hecho la pregunta.

Finn se inclinó un poco hacia ella.
—¿Pero no recuerdas la respuesta? —murmuró, manteniendo los ojos sobre la fotografía.

—No. —Clara dejó escapar el aire lentamente y bajó la fotografía sobre la mesa.

—Eso es lo que más me desconcierta. Puedo recordar la habitación, la ventana, incluso la forma en que mi madre sujetaba la fotografía, pero cuando intento recordar lo que me dijo, todo desaparece.

Sebastián bajó la mirada hacia los documentos.
—Quizá eras demasiado pequeña. —Pasó los dedos por el borde de una de las hojas antes de apartarla ligeramente.

—Probablemente. —Clara tomó otra hoja y la apartó junto a las anteriores.

—Después de que murieron mis padres, desaparecieron muchas cosas. Fotografías, documentos... incluso algunos objetos que recuerdo haber visto en casa. —Clara dejó la hoja sobre la mesa y buscó entre los documentos que tenía delante.




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