Capítulo 36 — Edmund y Eleanor
Durante unos segundos nadie se movió.
La última frase de Clara permaneció suspendida en la habitación, mezclándose con el sonido de la lluvia que continuaba golpeando los cristales y con aquel silencio extraño que parecía haberse instalado entre los cuatro desde que habían descubierto la verdad sobre Elías.
Había estado dentro de ella desde el principio. Clara seguía mirando a los tres hermanos, esperando quizá que alguno de ellos dijera algo que pudiera ayudarla a ordenar todo lo que acababa de descubrir, pero ninguno parecía encontrar las palabras adecuadas.
Sebastián fue el primero en apartar la mirada. Bajó lentamente los ojos hacia los documentos que todavía permanecían extendidos sobre la mesa y pasó una mano por encima de ellos, ordenando unas hojas que ya estaban perfectamente colocadas, como si necesitara hacer algo con las manos antes de enfrentarse a lo que acababan de descubrir.
—Hay algo que no encaja. —Su voz sonó baja y contenida mientras volvía a detener los dedos sobre la carta de Catherine.
Clara frunció ligeramente el ceño y se inclinó hacia él.
—¿Qué?
Sebastián levantó la carta y recorrió una vez más algunas de sus líneas antes de mirarla.
—Eleanor sabía que estabas por nacer. Sabía quién era tu padre y sabía lo que había ocurrido con él. —Hizo una pequeña pausa, dejando que la mirada de Clara se encontrara con la suya—. Pero si todo esto ocurrió antes de que tú nacieras, entonces tenemos que averiguar qué hizo Eleanor después.
Clara sintió un pequeño escalofrío.
—¿Qué quieres decir?
—Quiero decir que alguien tuvo que decidir qué iba a pasar contigo. —Sebastián dejó lentamente la carta sobre la mesa—. Y por lo que hemos encontrado hasta ahora, esa decisión no parece haber sido tomada únicamente por tu madre.
Rowan se acercó a la mesa y tomó nuevamente la fotografía de Elías. La sostuvo entre los dedos durante unos segundos, observando el rostro del hombre que hasta hacía poco solo había sido un nombre para ellos.
—Y tampoco parece que Eleanor estuviera actuando sola. —Su voz sonó más seria de lo habitual mientras giraba ligeramente la fotografía.
Clara volvió los ojos hacia él.
—¿Por qué dices eso?
Rowan bajó la fotografía y señaló con el pulgar los nombres escritos en el reverso.
—Porque hay demasiadas cosas que empiezan a aparecer alrededor de Eleanor y ninguna parece casual. —La dejó nuevamente sobre la mesa, aunque esta vez no apartó la mano de ella—. Y cuanto más buscamos, más parece que todos los caminos terminan llevando al mismo sitio.
Finn había permanecido en silencio desde que habían leído la última carta de Catherine. Estaba apoyado contra el respaldo de una silla, con los brazos cruzados, pero su expresión había perdido por completo aquella ligereza que tantas veces utilizaba para esconder lo que realmente pensaba.
Finalmente descruzó los brazos y dejó caer lentamente las manos a los lados, como si hubiera tomado una decisión que llevaba demasiado tiempo evitando.
—Hay algo que no hemos querido mirar.
Clara volvió la cabeza hacia él.
—¿Qué?
Finn sostuvo su mirada durante unos segundos antes de responder. Su expresión se volvió más seria y bajó ligeramente la voz.
—A nuestro padre. —El silencio que siguió fue diferente.
Clara lo notó inmediatamente; Sebastián se quedó quieto y Rowan dejó de tocar la fotografía.
—¿Qué tiene que ver vuestro padre con todo esto? —preguntó Clara, recorriendo con la mirada los rostros de los tres, mientras una pequeña inquietud comenzaba a instalarse en su pecho.
Sebastián tardó unos segundos en contestar.
—Quizá más de lo que pensamos. —Se pasó lentamente una mano por la mandíbula y volvió a mirar los documentos—. Y quizá deberíamos haber empezado a buscar por ahí mucho antes.
Finn se apartó de la silla y comenzó a recoger algunos de los papeles que estaban sobre la mesa.
—Eleanor pasó años en esta casa después de la muerte de nuestra madre. —Su voz había cambiado; ya no había rastro de la ironía que normalmente acompañaba sus palabras—. Se ocupó de nosotros, estuvo aquí cuando éramos niños y siguió aquí después de que nuestro padre muriera.
Clara asintió despacio.
—Eso ya lo sabía.
—Sí. —Finn dejó una carpeta sobre la mesa y apoyó una mano encima—. Pero hay algo que no sabíamos.
Rowan abrió la carpeta y comenzó a revisar su contenido. Dentro había varias hojas antiguas, algunas notas y un pequeño sobre amarillento que parecía haber sido abierto y cerrado demasiadas veces.
Clara se acercó un poco más.
—¿Qué es?
Rowan sacó una de las hojas y la sostuvo frente a él.
—La encontramos hace años. —Su mirada permaneció unos instantes sobre el papel antes de levantarla hacia Clara—. Nunca supimos qué hacer con ella.
Sebastián se inclinó ligeramente sobre la mesa.
—¿Por qué no recuerdo esto?
Rowan le entregó el documento.
—Porque nunca llegamos a entender qué significaba. Eleanor había escrito una fecha, pero no explicó nada más.
Clara miró el papel cuando Sebastián lo colocó sobre la mesa; reconoció inmediatamente aquella letra. La había visto tantas veces durante los últimos días que ya podría haberla reconocido entre cientos de documentos... Era la letra de Eleanor y había una fecha y, debajo, una sola frase.
Edmund no puede saberlo todavía.
Clara levantó lentamente la mirada.
—¿No puede saber qué? —preguntó, dejando un dedo sobre la última palabra como si pudiera encontrar allí una respuesta que el documento no le daba.
Ninguno respondió; Rowan tomó otra hoja de la carpeta y la dejó junto a la primera.
—Eso es lo que nunca conseguimos averiguar. —Se encogió ligeramente de hombros, aunque la expresión de su rostro dejaba claro que aquella incertidumbre llevaba años molestándolo.
Clara volvió a mirar la primera anotación.