Jardín de tulipanes [bl]

Capítulo 32: Feliz cumpleaños Cedric

Aprovechando la cita que le habían preparado a Cedric, los demás aprovecharon para ir de compras y arreglarse un poco para recibir a su primo con un pastel en el restaurante de siempre. Pasaron el día en el centro comercial probándose ropa y zapatos; ya estaban a punto de regresar, pero en cuanto pasaron frente a una tienda de joyería de la marca "DD" (dragón dorado), a Alea le brillaron los ojos.

—¿Quieres comprar? —intuyó Azariel viendo los ojos ilusionados de su amigo.

—Es que ayer vi que sacaron una nueva colección de esmeraldas y creo que a Cedric le pueden gustar.

—Si es verde esmeralda, mi tía ya debe haberle enviado la colección —razonó Azariel, sobre todo porque esa tienda le pertenecía a su tía y ella era la principal diseñadora de joyas.

Pero... vio la mirada triste del chico rubio y sus hombros caídos, y entendió que la razón por la que quería entrar no era por un regalo para Cedric, sino por el simple hecho de que quería verlas.

—Creo que tu conjunto de aretes ya es viejo —comentó Azariel como excusa—; no estaría mal comprar un par nuevo. Hace poco escuché que lanzaron un conjunto de joyas con piedras ámbar como protagonistas. —Al ver al chico abrir los ojos sorprendido, añadió—: ¿No encajaría bien con tu chaqueta?

—Yo... yo... yo... —tartamudeó Alea con las mejillas coloradas.

Azariel, al ver su apariencia tan adorable, lo cogió de la mano y lo arrastró dentro de la joyería.

—Es hora de buscar un cambio nuevo para mí también —añadió, y Alea no pudo rehusarse.

&

Mientras tanto, Zen y Elyan habían ido por algunas bebidas para los chicos y para ellos mismos. Andar de tienda en tienda no era lo suyo, pero tanto Azariel como Alea se estaban divirtiendo y no quisieron arruinarles la fiesta. Cuando se sintieron abrumados y cansados, salieron a comprar bebidas como excusa para descansar un rato en el pabellón de comida.

—Pensé erróneamente que las chicas eran estresantes cuando iban de compras —comentó Zen—, pero los chicos son peores.

Elyan estaba tirado, casi moribundo, sobre la mesa en la que se habían sentado; los pies le palpitaban de andar por un lado y por otro. Habían entrado en tantas tiendas que había perdido la cuenta.

—Ni que lo digas —murmuró agotado—. No sé cómo pueden memorizar tantos colores; yo solo sé que el rojo es rojo y que el negro es negro, pero ellos mencionan como quince tonos de rojo —mencionó Elyan al recordar la pelea que había tenido con Alea hace un momento.

—Al menos no nos vamos con las manos vacías —comentó Zen al ver más de una centena de bolsas en una mesa cercana, entre ellas un conjunto de ropa para cada uno con sus respectivos zapatos—. No van a regañar a Azariel por gastar tanto dinero, ¿verdad?

Los chicos habían insistido, aun así no dejaba de sentir un poco de culpa; toda la ropa era de marcas de lujo, tanto las prendas como los zapatos. Solo él había visto el precio de una camiseta que a sus ojos parecía común, y la etiqueta ponía 1, 000 dólares. Casi sintió que se le iba el alma, pero los chicos ni siquiera parpadearon a la hora de pagar.

—Ni idea —comentó Elyan, que miró la pila con duda en sus ojos—. Al menos aquí hay alrededor de 40,000 dólares, si no es que más. —Un escalofrío le subió por la columna; sus padres no eran ricos, pero vivían bien. Sin embargo, no se atreverían a gastar una cantidad tan grande de dinero en solo unas horas—. Si fueran mis padres, estarían gritándome por gastar más de 1,000 dólares al mes. —Tragó saliva.

Zen también vio la pila de bolsas con desconfianza y decidió que si el padre de Azariel le llamaba para reclamarle por haber gastado tanto dinero, regresaría inmediatamente esa ropa. Estaban a punto de ir a buscar a los chicos cuando el teléfono de Elyan sonó. Al ver el remitente, frunció el ceño y contestó:

—Hola, mamá.

—Cariño, vine a la ciudad de Dravos por negocios y pensé en pasar a verte —comentó su madre con alegría.

—¿Ahora? —preguntó Elyan desconcertado; su madre no era de las personas que cambiaban sus planes repentinamente.

—Sí —contestó, luego se quedó en silencio—. Bien, el caso tuvo un contratiempo y ahora estoy sin nada que hacer. ¿No puede mi hijo acompañar a su madre y así matar el tiempo hasta mi vuelo de regreso?

Elyan rio al escuchar el tono de resignación de su madre al ser atrapada; la mujer, a pesar de tener su edad, era muy infantil y caprichosa.

—Bien, te acompañaré, pero ahora estoy en el centro comercial. ¿Crees que puedas esperarme?

—No, no —le cortó su madre rápidamente—. Espérame en la entrada principal; estoy a tres minutos.

—De acuerdo. —Y cortó la llamada—. Tengo que irme, mi madre vino a la ciudad y está a punto de pasar a recogerme —le comunicó a Zen.

—No hay problema, le avisaré a los chicos.

Luego ambos vieron el montón de bolsas y las bebidas en las manos. Uno solo no iba a poder con tanto.

—¿Te parece si vamos a dejar esto al auto primero y luego regresas? —se le ocurrió a Elyan.

—No es mala idea —estuvo de acuerdo Zen. Ambos cogieron las bolsas y casi corrieron al estacionamiento subterráneo.




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