Jardín de tulipanes [bl]

Capítulo 33: Secreto

Hace unas horas...

Elyan, que había recibido una llamada de parte de su madre, la cual siempre se encontraba ocupada, había ido a la ciudad debido a un caso. Livia Backer era una abogada muy reconocida en el área de divorcios; muchos en la alta sociedad la conocían y había sido llamada para seguir un caso de infidelidad en la familia Green, una familia que recientemente había ganado popularidad gracias a sus negocios textiles.

Elyan sabía del caso, lo había seguido por curiosidad cuando su madre se lo comentó por teléfono: el hijo mayor de los Green había encontrado a su mujer siéndole infiel y hasta quería adjudicar un hijo no biológico. Después de que él volviera del extranjero, donde había estado por tres años, el niño —que no se parecía en nada a él ni a su esposa— sólo tenía dos años y medio. Elyan no pudo evitar reírse por lo absurdo del caso.

A su madre no le iba a ser difícil el tema de firmar el divorcio, porque había pruebas equivalentes que comprobaban la infidelidad; el verdadero problema eran los bienes y ese sí le iba a llevar tiempo, pues la mujer no estaba dispuesta a irse sin nada. Pero... ¿Quién es tan bueno como para ganarle a su madre? Livia era conocida por ser una "hiena"; no importaba qué tan difícil fuera un caso, siempre encontraba lagunas legales para dejar a la otra parte sin nada.

El de ojos grises corrió hacia la entrada del centro comercial después de ayudar a Zen a llevar las compras al auto. Por un momento pensó que su madre estaría esperándolo, pero al ver que aún no había rastros de algún taxi, aprovechó para coger aire y calmarse un poco. Tres minutos más tarde, un coche se detuvo frente a él; una mujer de cabello castaño rojizo ondulado y ojos gris claros bajó la ventanilla trasera del coche.

—Sube.

Demandó con rostro serio. Elyan se apresuró a subir al auto y se sentó junto a su madre. ¿Quién creería que una mujer tan menuda y pequeña fuera tan aterradora para los divorciados? Iba vestida con un traje blanco que favorecía su figura, ni siquiera aparentaba los años que tenía, y su hijo —que era la viva imagen de su padre, sin contar los ojos y el cabello ondulado— le sobrepasaba por mucho en altura.

—Al hotel Diamante —indicó al chofer del taxi.

—¿Aún no te has registrado en el hotel?

La mujer lo miró con sus ojos medio dormidos que daban una sensación de desinterés, levantó su mano y acarició la mejilla de su hijo.

—Tienes ojeras —notó, viendo un poco de marcas oscuras bajo los ojos de Elyan—. No te esfuerces demasiado.

A pesar de su apariencia, Livia era muy cariñosa con Elyan. Aunque se casó muy joven, le costó quedar embarazada y, cuando tuvo la oportunidad de ser madre, cuidaba a su hijo como un tesoro. Se sentía triste por no poder ver a su bebé demasiado seguido, ya sea por trabajo o la distancia de su colegio, pero siempre que tenía oportunidad iba a visitarlo.

—No lo he hecho —aseguró Elyan—; solo estuve enfermo y luego tuve período de exámenes.

—¿El polen? —Las noticias de la crisis del polen habían llegado a todo el país; no era extraño que su madre o su padre se hubieran enterado—. ¿Por qué no llamaste a mamá?

Livia acariciaba las manos de su hijo con preocupación y arrepentimiento por haberlo dejado solo durante gran parte de su adolescencia.

—No fue para tanto, solo tuve fiebre por un día y el padre de uno de mis compañeros de habitación nos cuidó muy bien, también nos alimentó bien. Tú y papá están ocupados, no quise que se preocuparan sin motivo.

—¿Amigo de Lucas?

Elyan recordó que no le había contado a sus padres que ya no compartía habitación con Lucas; seguramente ni se habían enterado de que se había metido en problemas, si no, su padre ya habría cortado todo contacto con él y le habría dicho a Elyan que ni se le acercara.

—Me cambiaron de dormitorio —comentó; por un momento dudó en contarle o no, pero viendo la mirada de su madre no pudo negarse—. Lucas se metió en problemas hace un mes, fue castigado y ahora es vigilado constantemente por los maestros. Como no fui uno de los involucrados, me cambiaron a otro dormitorio.

Livia frunció el ceño con disgusto. Ciertamente su sobrino era un completo alborotador; Elyan siempre se metía en problemas por su culpa, pero debido a la petición de su hermano antes de morir, había tratado de siempre mantener lazos con él y su sobrino. Sin embargo, ¿tenía que sacrificar a su amado hijo por eso?

Desde hace un tiempo había estado meditando sobre la relación familiar entre Elyan y su sobrino; si fuera por ella, preferiría que Elyan ni se le acercara. Su hijo era inteligente y respetuoso, ¿por qué debía de desechar su futuro por un familiar que había demostrado con creces no valer la pena?

—Ya no te juntes con él —aconsejó—; si tu tío reclama, yo lo regañaré.

—De acuerdo —aceptó el menor.

Al poco tiempo llegaron al hotel. Elyan ayudó a su madre a llevar la maleta dentro del edificio; mientras estaban en recepción, se dio cuenta de que había muchas personas que los miraban de forma extraña.

El chico, confundido, siguió las miradas de la gente que susurraba y se dio cuenta de que lo que estaban criticando en ese momento era que su madre aún lo sostenía de la mano. ¿Qué cosas descabelladas se estaban imaginando? La mujer, que apenas le llegaba al hombro, ni se inmutó; cogió la llave de su habitación y arrastró a su pequeño hasta el elevador.




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