El reservado VIP Sweet era el más costoso por una razón, y es que el lugar era tres veces más grande que un reservado común; tenía su propio baño y un chef que preparaba aperitivos y comidas delante de los clientes, además de contar con una terraza y una piscina interna.
Usualmente la sala se reservaba para reuniones de altos ejecutivos o gente rica que quería relajarse un rato, pero en realidad fue construida para ellos: la madre de Cedric le había regalado el club a su hijo y, por lo tanto, deseaba que tuviera un lugar para él y sus amigos para que no fueran molestados. Sin embargo, desde que se inauguró el lugar, jamás lo habían utilizado.
Un empleado ya los estaba esperando en la puerta y le entregó una tarjeta llave a Azariel, entonces entraron a la sala. Cedric se dejó caer sobre el enorme sofá de terciopelo negro con completo agotamiento; esa riña había sido un poco fastidiosa para todos.
—¿Había una cosa así en este club? —comentó Zen, admirando el lugar.
—Ah, sí, pero muy pocos saben de ella —explicó Azariel—. Solo cuando alguien pide un reservado lo suficientemente privado, entonces se hace conocer su existencia.
—Por lo general son altos ejecutivos o celebridades extranjeras —continuó Alea—. Una vez vino Celina Binoche, la famosa cantante de pop, cuando estaba en su gira mundial.
Esa vez Alea casi se les escapa para poder unirse a la fiesta privada de Celina; estuvieron tentados a amarrarlo y se pasaron la mayor parte del tiempo vigilando para no perderlo de vista.
—¿No se supone que es un club para adolescentes? —cuestionó Elyan.
—Sí, pero en el VIP Sweet puedes beber alcohol si eres mayor de edad —explicó Cedric, acomodando su cabeza en el regazo de Johan—. Las celebridades buscan "Luna Plateada" no por el ambiente, sino por la reputación de cero alcohol, al ser un club para menores. Además, los empleados firman un documento de no divulgación; cualquier cosa que vean es secreto. Incluso las celebridades y los ejecutivos de alto estatus no entran por la puerta principal, sino por un pasaje secreto para no ser vistos.
—Incluso si alguien los ve, no hay mucho problema porque es un club para diversión sana —alegó Alea, que había cogido un cóctel de mango—. Siempre y cuando todo vaya acorde a la ley y en la fiesta solo se encuentren mayores de edad, entonces se sirve alcohol. Además, siempre son monitoreados por cualquier conflicto o violación a las normas, las cuales son: no drogas, no bebidas a menores, o violencia física o sexual —informó Azariel.
—¿Y eso no viola el código de confiabilidad? —preguntó Johan.
—No, porque la cámara solo es para la seguridad de los clientes y el club. Mientras el cliente no rompa las normas, el video es borrado en cuanto la velada termina, ante los ojos de quien solicitó el reservado.
Su madre no era una persona que dejaba cabos sueltos; era una mujer realmente estricta en cuanto a la seguridad de su hijo y su sobrino se refiere. Por lo tanto, había predispuesto todo para la comodidad de sus bebés, junto con la ayuda de Declan, claro está.
Los chicos comenzaban a relajarse cuando de pronto se escucharon unos pequeños golpes en la puerta. Todos fruncieron el ceño extrañados, entonces Azariel recordó a su hermano mayor.
—Debe ser Declan —mencionó mientras iba a abrir la puerta—; dijo que vendría en cuanto se desocupara y estoy seguro de que ya todos los empleados saben dónde estamos.
Pero al abrir la puerta se quedó totalmente sorprendido. Esperaba ver a su hermano mayor de pie frente a la entrada, pero en su lugar estaban cuatro chicas: Nina, Britany, Lara y Mila lo saludaron con timidez al ver su estado de perplejidad.
—Pensamos que tal vez nos dejarían unirnos a su fiesta —soltó Britany sonrojada.
—Los chicos no fueron nada amables, me disculpo por el mal rato —comentó Mila.
—Y aún es demasiado temprano para volver a casa —continuó Lara—; preferimos pasarla bien con ustedes que con ese montón de tontos.
Azariel sonrió y no pudo decirles que no a esas caritas tiernas y dulces que le pedían continuar con la fiesta; se apartó de la puerta para dejarlas pasar.
—Chicos, tenemos visitas —avisó a los otros cinco, que también se sorprendieron con la presencia de las chicas.
Su presencia allí significaba que no tenían prejuicios contra ellos y que aún querían seguir siendo amigos. Lo que no estaba mal, en realidad.
—Pónganse cómodas —invitó Alea con una sonrisa—. Si tienen ganas de un chapuzón pueden cambiarse de ropa en ese armario; está nuevo, así que no habrá problema.
—Esto es de no creer —admiró Nina, viendo para todas partes—. Miren, también hay una terraza.
—Creo que no escuché nada sobre esto cuando reservé la sala —reprochó Mila con el ceño fruncido.
—Es que no dijiste las palabras adecuadas —contestó Cedric riendo—; debes pedir una sala privada para una fiesta "exclusiva", entonces eres guiado aquí.
—Eso es trampa —soltó la chica, tomando asiento en el mullido sofá.
—Íbamos a pedir que prepararan algo para picar —mencionó Johan—, ¿les apetece algo?
—Yo estoy a dieta —reveló Mila—; tengo una pasarela la semana siguiente y luego la filmación de un comercial para trajes de baño.
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Editado: 29.09.2026