La bruja de porcelana 02: Inquebrantables

XXXVI. No volveré

Emil estaba tranquilo y cómodo, escuchando como Hawise terminaba de reprender a los otros comandantes. Su cuerpo había dejado de sentirse cansado y volvía de alguna forma a sentirse vivo.

Hace unas horas había despertado y se encontró sobre la mesa de Hawise como si fuera un objeto de estudio. La bruja había logrado encontrar la forma de regresarle su fuerza compartiendo su propia energía. La magia de Hawise se originaba del conocimiento, así que no era un verdadero desgaste para su cuerpo. Después de todo, había tardado años en dominar hasta el más sencillo de los hechizos.

Mientras el cuerpo de Emil se iba recuperando, Hawise se encargaba de darle el mejor de sus sermones. Le recalcó lo tonto, infantil, inmaduro y egoísta que había sido. Todos objetivos muy correctos, pero Emil no iba a admitirlo.

De hecho, una parte de él no podía creer que continuara vivo. Había estado demasiado cerca de su fin. Recordaba ese camino luminoso y tan atrayente que lo llamaba y como su cuerpo se relajara hasta liberar su alma.

En el fondo estaba arrepentido. Había cargado con demasiado solo, puesto en peligro a los demás y todo… todo por no permitirse confiar en sus propios amigos. Sin embargo, entre tanto error había aprendido algo importante.

Ahora permanecía dándole vueltas a esa idea, jalando una y otra vez la cadena de su medallón. Hawise, en cambio, volvía a repetir su sermón favorito, ese donde calificaba a todos de ineptos.

Sea como fuera Emil encontraba algo divertido en mirar el rostro avergonzado de Deagal, que no podía mirarle a los ojos. Estaba de pie detrás de un molesto Godofredo que no dejaba de lanzarle miradas asesinas. Marshal, por otra parte, intentaba mostrarse lo más indiferente posible, pero el movimiento de sus dedos sobre la mesa lo delataban. Estaba igual de avergonzado que Deagal, o incluso más. Después de todo si Robert hubiera estado en la sala, eso jamás hubiera pasado.

Después de lo que parecieron horas de reprimendas, Hawise se calmó y la sala se llenó de silencio.

Deagal permaneció en su puesto, funcionando como traductor para Emil, porque no podían utilizar la red de consciencias.

Marshal se puso en pie y con un suspiro desganado volvió a explicar el plan que habían estado discutiendo antes de su llegada. Emil intentaba mantenerse positivo, pero lo cierto era que no le gustaba.

—Es demasiado arriesgado —dijo Hawise como si estuviera leyendo sus pensamientos. Agitó su cabeza de un lado al otro—. Un solo fallo y estaremos a merced de Cassian.

—Pues a mí me gusta —respondió Godofredo tronándose los dedos—. Prefiero morir luchando que seguir sentado aquí.

—Estábamos en una votación —añadió Marshal con poca confianza.

Hawise ignoró el comentario de Marshal y se dirigió a Godofredo

—Sé muy bien que preferirías morir —dijo Hawise—. También sé muy bien la razón y créeme, no es muy buena.

Godofredo apretó la mandíbula y abrió la boca para rebatir a la bruja, pero lo pensó mejor y se calló.

—Bueno, ¿qué plan propones? —pregunto Marshal cruzándose de brazos.

Hawise le devolvió una mirada a Emil y asintió. Probablemente ya conocía su idea y le gustaba.

Emil respiró profundo, recordaba muy bien como le habían salido su propuesta la primera vez. Pocos oyentes y demasiada humillación. Podía gozar de la confianza de Hawise, pero eso no determinaba que los demás confiaran en su plan.

Se puso en pie y sintió todas las miradas sobre él.

—Mi nombre es Emil —dijo por si alguien necesitaba recordar—. Soy el comandante del batallón 19 y la última vez que hablé, me humillé un poco.

Godofredo bufó y algunos comandantes asintieron. Otros le sonrieron amistosos.

—Bueno, yo… creo que tengo un arma secreta.

Al decirlo mostró su medallón que entre sus manos brilló con un leve fulgor verde.

Todos permanecieron escuchando mientras Emil detallaba el plan. Utilizarían el punto ciego de la vez anterior y arriesgarían a pocos Inquebrantables de su batallón, lo que interesaba a Hawise y exponía poco a la red de consciencias.

Además, Emil se comprometía a que si fracasaban no iba a dejar que nadie continuara con vida.

—Además, tiene una conexión especial con Cassian —dijo Hawise cuando terminó de hablar.

Emil se vio sorprendido, no esperaba que la bruja revelara esa información y menos de forma tan imprudente.

—¿Una conexión? —preguntó Vernal confundido. Godofredo en cambio levantó las cejas y cierta ira bailó en sus ojos.

—Sí —admitió Emil—, un vínculo que yo no quise, pero que a Cassian le interesa.

—¿Por qué? —cuestionó Godofredo con cierta curiosidad.

—Porque no le gusta que se escapen sus presas —dijo Emil mirando hacia el suelo y sintiéndose muy incómodo.

Algunos comandantes murmuraron entre sí.

—Entonces, Cassian te buscará.

—Sí —dijo Emil levantando la barbilla—. Cuando sienta mi energía en su isla, hará hasta lo imposible para encontrarme. Ahí… aprovecharé.




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