Deagal estaba esperando fuera de la enfermería. Generalmente, era una habitación reservada para los casos leves o los más graves, como comandantes lo suficientemente heridos que no podían sanarse a sí mismos y que sobrepasaban las capacidades de los médicos de su batallón. Esperaba impacientemente noticias sobre Emil. Hace menos de una hora que Will y los demás avisaron que el comandante, que su amigo, no estaba en buenas condiciones.
La situación era extraña. Nadie le contaba con exactitud lo que había pasado. No le decían que clase de herida tenía Emil y mucho menos que había pasado con Cassian y el plan en general. Los únicos que parecían estar al tanto de todo era Hawise y los tres, es decir, Marshal, Alfredo y Fernando, los cuales estaban dentro de la sala. Además, Wilkinson que hace poco había entrado.
Todo estaba cargado de misticismo y silencio. Los hombres que habían vuelto de la misión no comentaban ningún detalle y cada vez que Deagal intentó interrogarlos solo obtuvo evasivas. Lo único que sabía con certeza era que el plan había fracasado, Cassian estaba vivo y posiblemente Emil no pasara la noche.
Era irónico que ahora no sintiera tanta desesperación como hace días atrás cuando Emil se aventuró solo a una ciudad fantasma. Se sentía más bien como una pesadilla extraña.
Estaba nervioso y no dejaba de golpear sus dedos contra la pared que estaba apoyado. Al otro lado y con cara de pocos amigos estaba Gerard que también esperaba ansioso cualquier noticia.
En las últimas horas habían trabajado incansablemente para aprender magia elemental y sanadora. Habían ingresado muy pocas veces a la red de consciencias y siempre bajo supervisión de Hawise. La red se sentía corrupta. Había ocasiones donde fallaba las conexiones y el mensaje se perdía entre sus hilos, otras veces los expulsaba violentamente y las raras veces en donde parecía funcionar con normalidad Deagal no podía sacarse de la cabeza la sensación de que lo estaban observando. Hawise también lo sabía y aunque intentaba ocultar sus verdaderas preocupaciones cada vez evitaba usar la red de consciencias. En cuanto a la magia elemental, esta funcionaba perfectamente, aunque Deagal avanzaba lentamente.
—¿Crees que sobrevivirá? —preguntó Gerard después de algunos inquietos minutos donde no dejaba de acercarse a la puerta e intentar escuchar lo que sucedía adentro.
Deagal se había estado preguntando lo mismo. La respuesta lo aterraba porque su corazón quería decir que sí, que Emil era fuerte y milagroso, pero sabía que una respuesta afirmativa era una locura.
No le gustaba tanto silencio, ni esa sensación de nudo en su garganta.
—No lo sé —respondió en voz baja. Gerard le dio una palmadita en la espalda y volvió a alejarse.
Esperaron algunos minutos, Emil dio varias vueltas, cambio de posición entre estar parado y sentado. Gerard volvió a intentar espiar tras la puerta y entonces apareció corriendo Francis.
Detrás venía Will, Leaf y Duncan intentando detenerlo.
—¡No lo hagas! —decía Leaf intentando sujetarlo por el brazo.
—Yo ya lo sé. Se lo prometí. Necesita escucharme —dijo Francis.
—¿Es que te has vuelto loco? —preguntaba Will.
Deagal y Gerard intentaron saber que estaba sucediendo, pero Francis se las arregló para no responder nada y aporrear la puerta.
—¡Déjenme verlo! —gritó mientras sus hermanos intentaban evitar que continuara golpeando.
—¿Qué te pasa? —le regañó Gerard que con poco tacto logró lanzarlo al otro lado.
—¡Yo lo conozco! —gritó desesperado.
—¡Todos lo hacemos! —refunfuñaron los demás.
Deagal no hizo mucho. No podía tratar con eso ahora. Solo sentía que era un espectador en una obra.
La puerta se abrió y apareció Marshal. Apenas lo vio Francis saltó hacia él y se arrodilló con las manos en posición de súplica.
—Yo sé la verdad —dijo —. Lo vi en Kozanga. No me asusta.
Los demás se quedaron quietos, presenciando la extraña situación. Marshal hizo que se pare y susurraron algo. Finalmente, Francis entró.
Antes de que cualquiera de los otros siquiera lo intentara, Marshal les advirtió:
—Solo él —dijo y mirando a Deagal añadió —: Controla a tus hombres.
Todos se miraron entre sí, incapaces de comentar algo con lógica. Poco después se fueron Will, Duncan y Leaf para evitar posibles preguntas y solo se quedaron Gerard y Deagal.
—Los escuchó susurrar —dijo Gerard después de otro largo rato —. Creo que alguien llora.
Deagal no dijo nada. La verdad que era incapaz de reaccionar a nada.
Horas después, volvió a abrirse la puerta. Deagal que se había quedado mirando sin ver a la puerta se puso de pie de inmediato. Gerard tardó un poco más en desperezarse, se había quedado hace poco dormido.
El primero en salir fue Wilkinson que intentaba mantener una cara serena, pero Deagal lo conocía demasiado bien. No se le escapó el frío sudor que le corría por la frente, ni su tono de piel ligeramente más pálido. Francis lo siguió con la mirada gacha y el rostro visiblemente enrojecido, quizá por las lágrimas.
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Editado: 03.10.2026