Los llantos rompían la serenidad de la sala. Francis también se veía contagiado por ellos. Estaba de rodillas sujetando entre sus manos la mano de ella.
No la miraba a los ojos, quizá porque no quería ver el dolor que ella enfrentaba, quizá él no quería mostrar que estaba llorando. Los demás se convirtieron en adornos dentro de la habitación.
—Por favor —rogó apretando su mano —. No tienes que irte.
—No —respondió ella entre sollozos —. No puedo soportar la vergüenza.
—No es vergueza. Ellos te conocen, te aceptarán como yo, ¿verdad Wilkin?
El médico guardó silencio y cuando Francis se volteó a verlo, no encontró precisamente lo que quería. Su hermano tenía la vista en el suelo, estaba confundido y movía sus manos de forma errática. Había visto demasiado.
—Es el de siempre, nuestro hermano —dijo Francis regañándole.
Wilkin agachó la cabeza y retrocedió.
—No… —murmuró—… ¿cómo?... necesito…
Francis sacudió la cabeza. La chica había vuelto a deshacerse en lágrimas. Él apoyó su cabeza en su pierna desnuda y Marshal se acercó a él, como intentando proteger a la mujer.
—Nos salvaste la vida —dijo.
—Lo estropee todo —respondió ella y apartó con suavidad su mano —. Déjame, por favor. No quiero.
Francis se quedó de rodillas, viendo como Marshal la envolvía entre sus brazos y desaparecía con ella por una puerta secreta. Hawise y los demás comandantes esperaron su regreso pacientemente.
—Confío en que nadie dirá nada de esto —dijo Hawise y clavó su mirada en él.
Francis asintió y se sentó en el piso. Se secó como pudo las lágrimas y se paró. Quería irse a su pequeña casa y… no estaba seguro, quizá bastaría con estar solo.
#1525 en Fantasía
#294 en Magia
aventura epica, aventura gerra ficcion y accion, venganza dioses
Editado: 03.10.2026