—Cassian no va a dejar de atacar y nosotros no podemos escondernos para siempre —dijo Hawise a la mesa llena de comandantes.
Algunos estaban asustados, otros molestos y otros visiblemente inquietos. Era normal considerando que la misión había sido un fracaso y que las ciudades e inocentes eran los que pagaron las consecuencias. De las ciudades asediadas solo Magicae se mantenía en pie y otras tantas estaban siendo atacadas mientras hablaban. Las cartas de pedido de auxilio no dejaban de llegar y ellos, los Inquebrantables, estaban escondidos en su fortaleza.
—Sin embargo, la red de consciencias ha sido comprometida —dijo Hawise —. No podemos usar nuestra fuente de poder sin arriesgar a todos los miembros de esta sala. Si salimos a batalla le daremos a Cassian más armas de las que tiene.
La sala permanecía en silencio, los comandantes más enfadados hacían esfuerzos por callarse, mientras que los más temerosos intentaban controlar sus emociones. Deagal permanecía como un guerrero de madera, viendo sin ver y escuchando sin oír. Marshal recordaba bien la vez que perdió a su comandante y él tomó su puesto. Era como si estuviera suplantándolo y olvidándolo para siempre. Le tomó algunos meses despertar y comenzar a ser un buen comandante. Lástima que el pobre hombre no tuviera ese tiempo.
—Por ese motivo, les propongo que me den tiempo— dijo Hawise con una voz afectada —. Cassian actualizó la fuente de su magia hace cinco años, lo mismo tenemos que hacer nosotros.
—¿Qué haremos mientras tanto? —preguntó Godofredo que estaba sentado desafiante ante la mesa —. ¿Nos quedaremos sentados a ignorar a aquellos que mueren en cada día?
Marshal estaba esperando esa intervención, Godofredo no podía olvidar su rabia, no descansaría hasta que él mismo muriera o Cassian desapareciera de ese mundo. Hawise cruzó miradas con Marshal y suspiró.
—No puedo obligarlos a quedarse —admitió cerrando los puños —. Los que quieran pueden marcharse a defender las ciudades que quieran, pero les bloquearé el acceso a la red de consciencias.
La sala volvió al silencio. Una cosa era buscar la guerra utilizando la red de consciencias, otra, era buscar el suicidio. Solo tendrían la magia elemental a su favor y solo el comandante.
—¿Cuánto tiempo tomará reorganizar la red de consciencias? —preguntó el mismo Godofredo después de reconsiderarlo. Al parecer no estaba tan loco por morir
—Estamos hablando de la reconfiguración de toda una fuente de magia, no será fácil… —respondió Hawise.
— Entiendo —replicó Godofredo cortando el discurso y poniéndose de pie —. Hawise te lo debemos todo. Yo seguiría siendo un hombre mediocre si no hubiera sido por ti, pero también gracias a ti, aprendí lo que era verdaderamente valioso. Yo no puedo quedarme sentado
Hawise aceptó las palabras. Marshal sabía que su madre no se ofendería por eso, el código de los Inquebrantables había cambiado muchas veces. Habían pasado de ser mercenarios a guerreros de honor y ahora a mártires. Era una evolución lógica.
—Hermanos, mis hombres y yo no podemos quedarnos sin hacer nada. ¿Ustedes sí? —preguntó Godofredo dirigiéndose a los demás de la sala.
Alrededor de la mitad de la sala se puso de pie, pensaban igual que Godofredo y para ser sincero, los que se quedaban no era porque no sintieran la misma impotencia.
Los Inquebrantables que siguieron a Godofredo, se marcharon al día siguiente. Simples hombres en busca de ayudar al desprotegido. Marshal quiso irse con ellos, pero la lealtad a su madre se lo impedía y quizá, y solo quizá también el deseo de vivir un día más.
#1525 en Fantasía
#294 en Magia
aventura epica, aventura gerra ficcion y accion, venganza dioses
Editado: 03.10.2026