A Leaf le pareció que revivía una pesadilla. Uno de sus hermanos herido y envuelto en las llamas, quieto como si la muerte ya lo hubiera reclamado. Rodeados de enemigos que buscaban derramar su sangre y en centro el ser que los comandaba a todos. De nuevo, no dudo en correr a proteger a su hermano.
Leaf sacó su escudo y se arrojó hacia su compañero, recibiendo el segundo ataque de Cassian. Su armadura y su espada estaban protegidos con encantamientos contra la magia, cortesía de Hawise. Aun así, el golpe entumeció sus músculos y acalambró aún más su cuerpo. Apretó los dientes e impulsado por su valor se arrojó hacia su enemigo. Apartó el escudo y golpeó al brujo maldito. Cassian perdió el equilibrio, pero no demoró en contratacar. El Inquebrantable para entonces atacaba con su espada y fue esta arma la que recibió de lleno el encantamiento.
El hechizo de protección aguantó lo suficiente, pero en cuanto Leaf intentó mover su espada, esta se partió por la mitad. Cassian sonrió y lanzó otro embrujo. El guerrero vio como su cuerpo era levantado algunos metros y arrojado hacia el cielo. No tenía forma de parar la caída.
Cassian obligó a levantarse a sus guerreros y les ordenó encargarse de los tres restantes Inquebrantables. Mientras él se acercaba a su ansiada presa.
El brujo caminó con presunción hacia el cuerpo caído. Hoy lo odiaba más que nunca. Hoy había estado demasiado cerca de derrotarlo, si no hubiera utilizado la energía del fantasma para romper el amuleto permanecería atrapado.
El Inquebrantable todavía estaba envuelto en sus llamas grises y estaba inmóvil como una estatua. Al parecer su magia Magic no se había activado con la suficiente rapidez y al fin uno de sus hechizos dio en el blanco.
Con un movimiento de su mano apagó las llamas, no era necesario mover su brazo para realizar el encantamiento, pero le gustaba el dramatismo. Con una patada obligó a que el cuerpo se diera la vuelta para ver su rostro.
Hace muchos años que no lo veía, lo apreciaba de vez en cuando, cuando el guerrero estaba demasiado débil para defenderse de sus tormentos. El disfraz había sido tan bueno que Cassian se olvidó del verdadero rostro que ocultaba. La nariz recta y fina, los pómulos marcados, los labios carnosos y rojos, la piel pálida. Era tan triste mirar las profundas grietas que cruzaban su piel formando patrones distintos, pero ella se lo había buscado, había mal utilizado su magia.
El lugar en donde antes lucía sus tatuajes Magics estaba combustionado y unos hoyos negros era lo único que quedaba. Su cabello estaba pegoteado contra su frente por el sudor y la sangre. Negro como el carbón, delgado y quebradizo por el fuego de hace 5 años.
—Podías haber sido mi reina —dijo Cassian casi con tristeza mientras se sacaba la corona de su cabeza—. Ahora solo serás mi mascota.
Utilizó sus poderes para colocar su corona como un collar que apretujaba el cuello de Maude.
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Editado: 03.10.2026