La bruja de porcelana 02: Inquebrantables

XXXIX. Frente al Caos

En cuanto Leaf tocó el suelo todo pareció quedarse en silencio. Will olvidó la lluvia, las olas, el viento. Solo existía su compañero caído, un hermano que ya no respiraba.

Duncan reaccionó más rápido, llegó primero a Leaf y comenzó a examinarlo. ¡Debían haber traído a Alan, a Wilkinson, a Emil! A cualquier maldito que pudiera curarlo. Durante casi seis años se había olvidado de que eran humanos y, por lo tanto, vulnerables.

Mientras iba hacia Leaf, alguno de sus hermanos, lo adelantó, no sabía de quien se trataba, pero pronto frente a él apareció una especie de forma humanoide que se movía con el viento y parecía desdibujarse en una bruma color verde.

Will se detuvo, preguntándose si se trataba de un truco de Cassian. Si era así, la misión y Leaf estaban en riesgo. Se apresuró más, pero mientras más se acercaba más se sorprendía.

El humanoide había perdido su forma y flotaba a escasos centímetros de Leaf. De vez en cuando, una mano se materializaba y parecía penetrar el cuerpo. Leaf se quejaba con cada respiración. Era un espectáculo espeluznante pues tenía el cuerpo en un ángulo extraño. Su cadera estaba la vuelta y su pierna seguía una dirección opuesta. Sus labios estaban manchados de sangre y sus ojos miraban al cielo, aunque con cada segundo se apagaban un poco más.

Will miró a Duncan que permanecía arrodillado junto a su amigo. Estaba completamente inmóvil como hipnotizado por los movimientos del espectro. A Will le recordó lo sucedido con la estatua. Colocó su mano en la empuñadura, sin embargo, no dejaba de acosarle la sensación de que el espectro era un aliado.

La bruma de color verde le recordaba a Emil. Y, por otra parte, ¿cómo se suponía que iba a asesinar a un fantasma?

La flecha de Federico comprobó su punto. No atravesó nada. Simplemente fue a clavarse en la pared del acantilado. Will le hizo una señal de que esperara cuando Federico intentó volver a cargar su arco.

—Duncan —llamó Will casi en un susurro. El guerrero no pareció escucharlo. Will repitió la llamada utilizando el otro lenguaje. El movimiento de sus manos captó la atención de su hermano.

—Lo está curando —respondió sorprendido.

Will asintió confiando que sus instintos fueran correctos.

El espíritu arregló cada hueso roto de Leaf. Tardó apenas unos minutos, pero al grupo le pareció años. Estaban nerviosos y muy asustados. Escuchar al pobre Leaf respirar era una tortura. Estaba sufriendo dolores que ellos no habrían deseado ni a su peor enemigo, bueno tal vez a Cassian.

Cuando escucharon una respiración muchos más calmada, ellos también se permitieron tranquilizarse.

—¿Puedes entenderme? —preguntó Will al espectro.

El fantasma había tomado forma humana y era idéntico a Emil. Su misma estatura, su rostro, su complexión corporal. Salvo su sonrisa. El espectro lucía una sonrisa contagiosa y amigable.

—Sí, pero temo no poder contestar de forma convencional —respondió comunicándose telepáticamente.

—¿Cómo has podido curarlo? —preguntó Duncan que se había puesto de pie y no dejaba de mirar al fantasma como si fuera un Dios encarnado

—Su comandante y yo hemos aprendido un par de truquitos en Kozanga.

No dio más explicaciones y nadie preguntó tampoco. Will se acercó a Leaf que respiraba ya con tranquilidad y parecía dormir tranquilo.

—Leaf… —llamó con suavidad sacudiéndolo del hombro —. ¿Estás bien? ¿puedes continuar?

Leaf tardó algo de tiempo en abrir sus ojos y necesitó de ayuda para sentarse. Movió con prudencia sus piernas, brazos y manos. Comprobando que no sintiera dolor. Al principio lo hizo con temor, esperando sentir el dolor sordo de alguna fractura, pero pronto se dio cuenta que estaba bien.

—Eso estuvo cerca —dijo intentando esbozar una sonrisa.

Trataba de relajar el ambiente y tranquilizar a sus compañeros, pero Will sabía que su hermano no estaba bien. Aunque todavía su mente no lo entendiera.

—Bien, hay que subir un risco —dijo Will.

Leaf había dejado la cuerda bien asegurada hasta el final. Así que no se les dificultó subir.

Cuando llegaron a la cima, se pusieron a cubierto, Will extrajo su mapa y lo examinó.

De acuerdo con Hawise, el castillo contaba con una estructura movible. Variaba cada hora. El número de torres, puertas y patios cambiaban de lugar, forma y extensión. Lo único que se mantenía idéntico era la capilla con su estatua del Caos y la torre de Cassian.

Will supuso que debía existir una conexión entre Emil y el fantasma, así que era lógico pensar que el espectro sabría a dónde ir.

—Les advertiré si las cosas salen mal —informó el espectro antes de que Will preguntara.

Will asintió y decidió enviar al fantasma al castillo, así podrían crear una ruta antes de que cambiara o al menos anticiparse a los cambios.

Emil, por su parte, ya había perdido la cuenta de cuantos guardias había eliminado. Al salir del lago subterráneo se encontró con unos tres más a los que acabó sin mayor dificultad. Llegó hasta detrás de la muralla interior. Un ligero trecho lo separaba de Cassian.




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