La bruja de porcelana 02: Inquebrantables

XXXVIII. Tiempo prestado

Emil ya había acabado con algunos de los guardias. La tierra parecía tan deseosa de sacarse a los Magics tanto como los Inquebrantables. Así que no era ningún problema convencerla de generar deslaves o proyectiles que terminaban clavándose en el cerebro de algún brujo.

Hasta el momento ningún guardia había sospechado siquiera lo que lo había matado. Emil confiaba en que Cassian se mantuviera lo suficiente ocupando como para obviar el hecho de que sus guardias iban cayendo uno a uno.

Por otra parte, era curioso observar los movimientos erráticos de algunos de los guardias. Continuaban siendo ellos mismos porque charlaban y contaban chistes, pero no dejaban de mirar hacia el techo de la caverna como esperando alguna conexión. Se ponían nerviosos, caminaban con más prisa y se irritaban unos con otros. Entonces sentían alguna clase de conexión y sus ojos perdían el brillo de la inteligencia, sus cuerpos se ponían rígidos y miraban sin ver.

Eran como unos soldaditos de juguete, vivían solo para cumplir una misión. Ese estado solo se mantenía unos diez minutos y después volvían a ser ellos mismos. La conexión volvía dentro de una media hora.

Cada vez que Emil lo veía le recorría un escalofrío y hasta sentía los pelos de su nuca erizados. Este control mental era demasiado parecido a los esclavos mágicos que los antiguos Magics utilizaban. Personas que estaban atrapadas en sus propios cuerpos sin poder pensar, moverse o hablar. Solo mirando como su cuerpo ese doblegaba ante alguien más. La diferencia era que los esclavos mágicos buscaban escapar, mientras que esos brujos parecían buscar la esclavitud.

Emil estaba esperando a que los guerreros se desconectaran de Cassian para atacar.

—Deberías reconsiderar tu estrategia —dijo el espíritu dentro de su medallón.

Era su única compañía y de alguna forma, la voz de su razón.

—No me distraigas —susurró Emil, reprendiéndolo. Aunque sabía que eso no lo callaría. No cuando el fantasma tenía algo que decir.

—Tendrías que haberme mandado con ellos.

—No saben usar magia, no sabrían cómo usar el amuleto cuando llegue el momento —respondió Emil virando los ojos y mirando hacia el techo. Odiaba que su amigo lo reprendiera

—No me refiero a eso y lo sabes —replicó el espíritu—. Sería más útil con ellos que contigo. Tú tienes el control elemental, más las habilidades Magics…

—Bueno, eso no pasó —dijo Emil cortando el apasionado discurso de su amigo y volviendo la mirada hacia los guardias. Los movimientos demasiado precisos y robóticos habían cesado. Era momento de atacar.

Pretendía deshacerse de seis guardias distribuidos en una especie de caverna que terminaba con un cuerpo de agua salada. Probablemente le tocaría bucear un poco para llegar a las afueras del castillo.

Los brujos se habían adueñado del lugar y construido plataformas de madera y otros medios defensivos. Emil veía a dos guardias en cada una de las plataformas, otros dos rondando el lago y dos más que se mantenían en el centro del camino.

Los de arriba llevaban arcos y los demás se valían de su propia magia, aunque lo más probable era que los arcos solo fueran para despistar y hacer creer que no eran usuarios mágicos. De hecho, probablemente los supuestos arqueros eran los Magics más poderosos.

Consideró sus opciones. Podría intentar usar el viento, pero eso alertaría a los guardias. El agua estaba demasiado alejada y la tierra ocasionaría un derrumbe completo de la caverna que terminaría bloqueando el camino. Entonces miró al medallón.

—Te demostraré que si eres útil para mí —susurró.

Sin esperar respuesta, ordenó al espíritu que saliera del medallón y provocara un pequeño disturbio en el agua. Mientras tanto, pidió al viento que lo elevara hacia las plataformas de madera y utilizó su espada.

El filo de la espada de Mosika brilló un par de segundo antes de clavarse en las entrañas del primer guardia. Emil había pedido a Hawise que encantara todas las armas de su equipo para que sean capaces de penetrar el escudo de los Magics. Al igual que Cassian la mayor parte de Magics era reconvertidos, por lo tanto, sus hechizos defensivos serían los más de mil veces utilizados. Cualquier aprendiz de Magic conocía los escudos que recubrían su piel y también cómo romperlo utilizando medidas creativas.

El primer guardia murió en silencio, pero el segundo, no. En cuanto Emil intentó atacarlo, el brujo se defendió y lo atacó. Alertando a todos los demás.

Emil se defendió como pudo, al mismo tiempo que, manipulaba el agua para que lo ayudara a ahogar a los dos guerreros. El primer conjuro que golpeó convirtió la plataforma de madera en cenizas. Emil alcanzó a convencer al viento de que lo sostuviera, aunque el brujo con el que peleaba no tuvo tanta suerte. Sin embargo, clavada en su pecho se llevó su espada.

Apenas intentaba recuperar el equilibrio cuando observó como miles de dagas se dirigían hacia él. Manipuló al viento para que las desviara, aunque varias llegaron a cortarle la piel. Contratacó moviendo el suelo de la caverna produciendo que sus enemigos perdieran el equilibrio. Aprovechó el momento de despiste y se zambulló en el agua. Podría intentar escapar, pero tardé o temprano Cassian volvería a compartir esa extraña conexión y se delataría demasiado pronto.




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