La cafetería de Elena

Capítulo 56 — Una noticia que cambiaria sus vidas

Habían pasado varias semanas desde la boda.

La luna de miel había terminado y Elena y Marcos habían regresado a la ciudad con una felicidad diferente.

Ya no eran novios.

Ya no eran prometidos.

Ahora eran marido y mujer.

Y Marcos había cumplido una de las promesas que le había hecho a Elena.

Una tarde, después de regresar de la luna de miel, la llevó a conocer su nueva casa.

—Cierra los ojos —le dijo mientras caminaban.

Elena comenzó a reír.

—Otra sorpresa no.

—Confía en mí.

—Siempre dices eso.

—Porque siempre tengo razón.

—Eso es discutible.

Marcos abrió una puerta.

—Ahora puedes mirar.

Elena abrió los ojos.

Se quedó completamente quieta.

Frente a ella había una hermosa casa, mucho más tranquila que el apartamento donde habían vivido antes.

Pero lo que más llamó su atención fue el enorme jardín.

Había árboles, flores, un camino de piedra y un espacio donde podrían sentarse por las tardes.

Elena caminó lentamente hacia el jardín.

—Marcos...

—¿Te gusta?

—Es preciosa.

—La compré pensando en ti.

Elena se giró.

—¿En mí?

—Dijiste que querías un jardín.

Ella sonrió emocionada.

—No puedo creer que te acordaras.

Marcos se acercó.

—Me acuerdo de todo lo que dices.

Elena lo abrazó.

—Te amo.

—Yo también.

Desde aquel día, aquella casa se convirtió en su nuevo hogar.

Marcos tenía su trabajo y Elena continuaba con su cafetería.

Ella nunca había querido dejarla.

Era parte de su vida.

Era el lugar donde había trabajado, donde había conocido a tantas personas y donde había vivido algunos de los momentos más importantes de su historia.

Y Victoria también había cambiado.

Después de todo lo que había sucedido, decidió estar cerca de Elena.

Todas las mañanas aparecía en la cafetería.

—Buenos días —decía mientras entraba.

Tomás levantaba la mirada.

—Buenos días, señora Victoria.

—¿Dónde está Elena?

—En la cocina.

Victoria se acercaba.

—¿Necesita ayuda?

Tomás sonreía.

—Todavía me cuesta creer que usted pregunte eso.

Victoria se reía.

—Yo también estoy sorprendida de mí misma.

Elena salía de la cocina.

—Victoria, llegaste temprano.

—Quiero ayudarte.

—No tienes que hacerlo todos los días.

—Quiero.

Tomás se acercaba.

—Ya somos un equipo.

Victoria lo miraba.

—No exageres.

—Yo soy fundamental.

—Tú eres ruidoso.

—También.

Los tres terminaban riendo.

Así pasaron los días.

Victoria iba a la cafetería.

Ayudaba a Elena.

Tomás hacía sus bromas.

Y Marcos, cuando podía, pasaba a ver a su esposa.

Todo parecía perfecto.

Hasta aquella mañana.

Elena estaba preparando unos cafés cuando de repente se quedó quieta.

Tomás la observó.

—¿Qué pasa?

—Nada.

Elena respiró profundamente.

—Creo que me mareé un poquito.

Victoria, que estaba acomodando unas cajas, levantó la mirada.

—¿Estás bien?

—Sí.

Elena intentó continuar trabajando.

Pero unos minutos después volvió a sentir náuseas.

Dejó la taza sobre la mesa.

—No...

Tomás se acercó rápidamente.

—Elena.

—Estoy bien.

—No estás bien.

Victoria tomó su brazo.

—Siéntate.

Elena obedeció.

—Tal vez no desayuné bien.

Tomás la miró preocupado.

—Últimamente estás cansada.

Victoria asintió.

—Y has estado con náuseas varios días.

Elena bajó la mirada.

—Sí.

Tomás se quedó pensando.

Luego abrió mucho los ojos.

—Espera...

Elena lo miró.

—¿Qué?

Tomás miró a Victoria.

Victoria también pareció entender lo que estaba pensando.

—No puede ser —dijo Elena.

Tomás habló lentamente.

—Tal vez deberíamos ir al médico.

Elena sintió un pequeño nudo en el estómago.

—¿Crees que...?

Victoria tomó su mano.

—No vamos a pensar nada hasta saberlo.

Tomás ya estaba tomando las llaves.

—Vamos.

—Pero la cafetería...

—La cafetería puede esperar.

Victoria asintió.

—Yo me encargo.

Elena se levantó.

—Está bien.

El trayecto hasta el centro médico fue silencioso.

Elena miraba por la ventana.

Tenía muchas preguntas en la cabeza.

¿Y si estaba embarazada?

¿Y si realmente había un bebé?

Ella y Marcos acababan de casarse.

Acababan de empezar una nueva vida.

Y ahora podía estar llegando una nueva personita a sus vidas.

Cuando llegaron, el médico la atendió y comenzó a hacerle algunas preguntas.

Después de los estudios necesarios, Elena esperó unos minutos.

Tomás caminaba de un lado a otro de la sala.

Victoria estaba sentada junto a Elena.

—¿Estás nerviosa? —preguntó Victoria.

Elena asintió.

—Mucho.

—Pase lo que pase, no estás sola.

Elena la miró.

—Gracias.

Tomás se acercó.

—Y yo tampoco.

Elena sonrió.

—Ya lo sé.

Finalmente, el médico entró.

Tenía una sonrisa.

—Elena, tengo una noticia para ti.

Ella sintió que el corazón comenzaba a latir más rápido.

—¿Qué pasa?

El médico sonrió.

—Estás embarazada.

Elena se quedó completamente inmóvil.

No dijo nada.

No podía.

Victoria se llevó una mano a la boca.

Tomás abrió los ojos.

—¿Embarazada?

El médico asintió.

—Sí.

Elena bajó lentamente la mirada.

Sus ojos comenzaron a llenarse de lágrimas.

—Voy a tener un bebé...

Victoria tomó su mano.

—Sí.

Elena comenzó a llorar.

Pero esta vez eran lágrimas de emoción.

Tomás sonrió.

—¡Voy a ser tío!

Elena soltó una pequeña risa entre lágrimas.

—Tú no eres el tío.




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