Desde que Elena y Marcos habían descubierto que iban a ser padres, la casa había cambiado por completo.
Ya no hablaban solamente de trabajo, de la cafetería o de los viajes.
Ahora cada conversación terminaba de la misma manera.
—¿Cómo crees que será nuestro bebé?
Y cada vez que Marcos decía "nuestro bebé", Elena sonreía.
Una mañana, Marcos entró al dormitorio con una expresión misteriosa.
—Hoy tenemos trabajo.
Elena levantó la mirada.
—¿Trabajo?
—Sí.
—¿Qué trabajo?
Marcos señaló una habitación que hasta ese momento había estado vacía.
—El cuarto del bebé.
Los ojos de Elena se iluminaron.
—¿Ya?
—No quiero esperar.
—Pero todavía falta bastante.
—Precisamente por eso.
En ese momento apareció Tomás por la puerta.
—¡Yo escuché "trabajo" y vine!
Marcos lo miró.
—¿Quién te invitó?
—Nadie. Pero soy indispensable.
Elena comenzó a reír.
—Déjalo, Marcos.
Tomás entró.
—¿Qué vamos a hacer?
Marcos señaló las cajas que había comprado.
—Vamos a armar los muebles.
Tomás miró las cajas.
—¿Y sabes armarlos?
—Por supuesto.
Tomás abrió una caja.
—Entonces explícame por qué compraste un manual de instrucciones.
Marcos se quedó callado.
Elena comenzó a reír.
—¡Te dije que no sabía!
—Sé perfectamente lo que hago —respondió Marcos.
Tomás sacó una pieza.
—¿Y esto?
—Eso va ahí.
—¿Dónde?
Marcos miró el manual.
—Espera...
Tomás soltó una carcajada.
—¡Estamos perdidos!
Durante las siguientes horas, los dos comenzaron a trabajar.
Primero armaron una pequeña cuna.
Después un mueble para guardar ropa.
Luego comenzaron con los roperos.
Elena los observaba desde una silla.
—¿Necesitan ayuda?
—No —dijo Marcos.
—Sí —dijo Tomás al mismo tiempo.
Elena se rio.
—¿En qué quedamos?
Tomás levantó una pieza.
—Tu esposo no quiere admitir que necesita ayuda.
Marcos lo miró.
—Tú tampoco sabes qué estás haciendo.
—Pero yo lo admito.
Elena no podía parar de reír.
Después de varios intentos, finalmente consiguieron armar la cuna.
Marcos la miró orgulloso.
—Listo.
Tomás la observó.
—Está torcida.
Marcos frunció el ceño.
—No está torcida.
Tomás sacó su teléfono y tomó una fotografía.
—Mírala.
Marcos observó la pantalla.
—Está un poquito inclinada.
—¡Un poquito! —exclamó Tomás—. ¡El bebé va a dormir como si estuviera en una montaña!
Elena se tapó la boca para no reír.
—Tomás...
Marcos negó con la cabeza.
—Ayúdame a arreglarla.
—Eso estaba esperando escuchar.
Los dos volvieron a trabajar.
Mientras ellos continuaban con el cuarto, Elena tenía otro pensamiento.
Quería saber si era niño o niña.
Victoria, por supuesto, estaba todavía más ansiosa.
Ese mismo día llamó a Elena.
—¿Cuándo tienes la ecografía?
—Pronto.
—¿Y no puedes hacerla antes?
Elena se rio.
—Victoria, no depende de mí.
—Quiero saber qué voy a comprar.
—Todavía no sabemos si es niño o niña.
—Entonces compraré de los dos colores.
Elena sonrió.
—No compres todavía.
—No prometo nada.
Y no lo prometió.
Porque cuando Victoria llegó a la casa esa tarde, llevaba varias bolsas.
Elena la miró sorprendida.
—¿Qué compraste?
Victoria intentó esconderlas.
—Nada.
Tomás apareció detrás.
—¡Yo sé lo que hay ahí!
Victoria lo miró.
—No digas nada.
Tomás sonrió.
—¿Compraste ropa?
Victoria suspiró.
—Tal vez.
Elena comenzó a reír.
—Victoria...
—Solo unas cositas.
Tomás miró las bolsas.
—¿Cuántas son "unas cositas"?
Victoria no respondió.
Tomás abrió una bolsa.
—¡Hay como veinte prendas!
—¡No las toques!
Todos comenzaron a reír.
Unos días después llegó finalmente el momento de la ecografía.
Elena estaba nerviosa.
Marcos la acompañó.
Victoria también quería ir, pero Elena le había dicho que después le mostraría las imágenes.
Cuando comenzó la ecografía, Elena miró la pantalla.
Marcos tomó su mano.
—¿Se ve?
—Sí.
El médico observó la pantalla durante unos segundos.
Su expresión cambió.
Elena lo miró.
—¿Está todo bien?
El médico sonrió.
—Sí. Está todo muy bien.
Marcos respiró aliviado.
Pero entonces el médico continuó mirando.
—Aunque hay algo que deben saber.
Elena y Marcos se miraron.
—¿Qué pasa? —preguntó Marcos.
El médico sonrió.
—No están esperando un bebé.
Elena abrió los ojos.
—¿Cómo?
Marcos también se quedó sorprendido.
—¿Qué quiere decir?
El médico señaló la pantalla.
—Están esperando dos.
Hubo silencio.
Elena parpadeó varias veces.
—¿Dos?
—Sí.
Marcos miró la pantalla.
—¿Mellizos?
—Exactamente.
Elena se llevó una mano a la boca.
Marcos parecía no poder reaccionar.
—Vamos a tener dos bebés...
El médico continuó observando.
—Y además ya podemos ver algo más.
Elena miró al médico.
—¿Qué?
—Uno es una niña.
Elena comenzó a llorar.
Marcos sonrió emocionado.
—¿Una niña?
El médico asintió.
—Y el otro es un niño.
Elena cerró los ojos mientras las lágrimas caían por sus mejillas.
—Una niña y un niño...
Marcos tomó su mano y la besó.
—Vamos a tener una hija y un hijo.
Elena lo miró.
—Dos.
Marcos se rio emocionado.
—Dos.
Cuando salieron del consultorio, Elena llamó inmediatamente a Victoria.
—¿Y? —preguntó Victoria nerviosa—. ¡Dime!
Elena sonrió.
—Victoria...
—¿Qué?
Editado: 11.09.2026