La cafetería de Elena

Capítulo 58 — Bienvenidos, JASMIN Y BRAIAN

Los meses habían pasado más rápido de lo que Elena podía imaginar.

La casa ya no parecía la misma.

La habitación de los bebés estaba terminada.

Los dos pequeños roperos estaban llenos de ropa.

Había una cuna preparada para cada uno, pequeños juguetes sobre los estantes y una pared decorada con estrellas y flores.

Marcos había pasado muchas noches entrando en aquella habitación solamente para mirar todo.

A veces se quedaba parado junto a las cunas imaginando a sus hijos allí.

Elena, en cambio, había comenzado a hablarles aunque todavía estuvieran dentro de su vientre.

—Buenos días, mis pequeños —decía cada mañana.

Marcos se acercaba y colocaba una mano sobre su vientre.

—Buenos días, hijos.

Elena sonreía.

—Todavía no sabemos quién de los dos está despierto.

—Los dos deben estar escuchándonos.

—¿Tú crees?

—Claro.

—Entonces diles que se porten bien.

Marcos se reía.

—Todavía no nacieron y ya quieres darles órdenes.

—Soy su madre.

—Y yo soy su padre.

—Entonces los dos estamos perdidos.

Ambos terminaban riendo.

Pero aquella mañana todo sería diferente.

Elena se había despertado muy temprano.

Había sentido algo extraño.

Se sentó lentamente en la cama.

Marcos todavía dormía.

—Marcos...

Él abrió los ojos.

—¿Qué pasa?

Elena respiró profundamente.

—Creo que llegó el momento.

Marcos se incorporó inmediatamente.

—¿Qué momento?

Ella lo miró.

—Los bebés.

Marcos quedó completamente despierto.

—¿Ya?

Elena asintió.

—Creo que sí.

Marcos se levantó rápidamente.

—¡Voy a buscar las cosas!

Elena comenzó a reír.

—¡Marcos!

—¿Qué?

—Primero ponte los pantalones.

Marcos miró hacia abajo.

Se quedó en silencio.

—Cierto.

Elena comenzó a reír.

—Estás nervioso.

—Muchísimo.

En pocos minutos ya estaban preparados.

La bolsa de los bebés estaba lista desde hacía semanas.

Marcos la tomó.

—¿Tenemos todo?

—Sí.

—¿Seguro?

—Sí.

—¿Los documentos?

—Sí.

—¿La ropa?

—Sí.

—¿Los pañales?

—Sí.

Marcos respiró.

—Entonces vamos.

En el camino al hospital, Marcos no soltaba la mano de Elena.

—Todo va a salir bien —repetía.

Elena lo miró.

—Lo sé.

—Voy a estar contigo.

—Lo sé.

—Y cuando nazcan...

Marcos se quedó callado.

Elena sonrió.

—¿Qué?

—No sé qué voy a sentir.

Ella apretó su mano.

—Yo tampoco.

Pero ambos sabían que aquel momento cambiaría sus vidas para siempre.

Cuando llegaron al hospital, el personal comenzó a atender a Elena.

Marcos permaneció junto a ella.

Pasaron las horas.

Cada minuto parecía eterno.

Marcos caminaba de un lado a otro.

Finalmente, Tomás llegó acompañado de Victoria.

—¿Cómo está? —preguntó Victoria.

—Todavía está con los médicos —respondió Marcos.

Victoria tomó su mano.

—Tranquilo.

Tomás lo miró.

—¿Estás más nervioso que cuando te casaste?

Marcos lo miró.

—Mucho más.

—Eso sí me sorprende.

Victoria sonrió.

—Es normal.

Tomás se sentó.

—Yo ya estoy nervioso y ni siquiera soy el padre.

Marcos soltó una pequeña risa.

—Gracias por venir.

—No podía faltar.

Victoria miró hacia la puerta.

—Pronto conoceremos a nuestros pequeños.

Después de un tiempo, se escuchó un llanto.

Todos se quedaron en silencio.

Marcos levantó la mirada.

—¿Ese fue...?

Victoria sonrió.

—Sí.

Elena acababa de convertirse en madre.

Poco después se escuchó otro llanto.

Tomás abrió los ojos.

—¡Otro!

Marcos sintió que las lágrimas comenzaban a caer.

—Mis hijos...

Un médico salió unos minutos después.

—Felicitaciones.

Marcos se acercó.

—¿Están bien?

—Los dos están perfectamente.

Marcos cerró los ojos con alivio.

—¿Puedo verlos?

—En unos minutos.

Victoria abrazó a Marcos.

—Felicidades, hijo.

Él lloró.

—Mamá...

Tomás también tenía los ojos llenos de lágrimas.

—Ya nacieron.

Cuando finalmente dejaron entrar a Marcos, caminó lentamente hasta donde estaba Elena.

Ella estaba cansada, pero tenía una sonrisa enorme.

Marcos se acercó.

—Amor...

Elena lo miró.

—Ya están aquí.

Marcos tomó su mano.

—Lo hiciste increíble.

Ella comenzó a llorar.

—Son hermosos.

Marcos besó su frente.

—Gracias por darme esta familia.

—Nuestra familia.

Él asintió.

—Nuestra familia.

Entonces una enfermera acercó al primer bebé.

Una pequeña niña.

Elena la miró emocionada.

—Ella es Jasmin.

Marcos se quedó sin palabras.

—Jasmin...

La pequeña abrió ligeramente los ojos.

Marcos extendió los brazos.

Cuando la sostuvo por primera vez, todo pareció detenerse.

Era tan pequeña.

Tan delicada.

Marcos la miró como si estuviera contemplando el milagro más grande de su vida.

—Hola, mi princesa.

Elena sonrió.

—Es nuestra hija.

Marcos acercó suavemente su rostro.

—Hola, Jasmin. Soy papá.

Una lágrima cayó sobre su mejilla.

—Te estaba esperando.

Después llegó el pequeño Braian.

Marcos lo recibió en sus brazos.

—Y él es Braian.

Elena lo miró.

—Nuestro niño.

Marcos sonrió.

—Hola, campeón.

Braian movió sus pequeñas manos.

Marcos soltó una risa emocionada.

—Mira eso.

Elena comenzó a reír.

—Ya está moviendo las manos.

—Tiene carácter.

—¿Ya lo sabes?

—Es mi hijo.

Elena lo miró divertida.

—Claro.

Marcos acercó a Braian junto a Jasmin.

Los dos pequeños estaban juntos.




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