Regreso A Villalebu

CAPITULO 5

“ EL NIÑO TRISTE”

Para él…

era lo mejor en su mundo

Porque antes de eso

no había mucho …

Un niño triste

Un hombre que aún con casi 24 años era alguien

que nunca había conseguido dar gusto a su padre.

Ni siquiera llevar su apellido con el orgullo

que se le exigía

No eran ideas suyas

Esas eran sus palabras

Claras , clavadas

su voz dolía todavía

—Eres hijo del hombre más rico de estas tierras…

¡ actúa como tal !

—No sueñes con un pincel…¡ tu vida será manejar todo esto hijo !

—Maldita sea mi suerte… que mi mujer murió sin darme un hijo como yo lo quería…

Frases duras

que dolían más que cien correazos

Octavio no se sentía un hijo amado

Ni alguien capaz de hacer sentir orgullo

Era el peso del apellido y el de ser hijo de él

de don Joel

Pero esta vez…

había algo peor

Había huido

Como un bandido

“¿Qué habrá pensado ella de mí…?”

La puerta se abrió con suavidad

—¿Qué pasó, hijo? No probaste comida… eso no está bien.

A ver, dime… ¿Qué pasó esta vez ?

Era ella

misia Mercedes

Se acercó y se sentó a su lado, con esa calma que no exigía las respuestas rápidas pero si la verdad

una mujer que con 60 años y su gesto cariñoso

seguía siendo maternal

Cercana

Octavio no dudó

Se apoyó en su hombro

—Hoy la vi, mamita Meche… —murmuró

Pude verla otra vez… está tan bonita…

Mercedes bajó la mirada

lo sabía

Esto no era bueno

Ni para él

Ni para esa gente

Suspiró

Y aun así, lo dijo

—Hijo… no te busques problemas. Sabes de sobra que no los necesitas… ni tú… ni esa chiquilla

Una pausa pero luego preguntó

—¿Qué pasó con lo de

la señorita Minerva acaso…?

—Nada ..

La respuesta fue simple

Pero firme

Mercedes lo sintió

Intentó comprender

—Entiendo lo que te pasa… —dijo con suavidad—, pero tienes que ser inteligente

Lo miró

—Que tu padre no se entere ,ni el de ella tampoco

Bajó la voz.

—Sabes muy bien que tu padre y el viudo Oviedo llevan años en paz… no les des motivos para enfrentarse

Una pausa más

—La señorita Minerva Prado no es una mala opción… pero eso depende de ti

Se levantó despacio.

—Ahora ven… baja conmigo a comer

Octavio se puso de pie

Y antes de moverse, besó los cabellos canos

de ella

Con cariño

Con necesidad

Porque dentro de esa casa…

ella era, quizás, su único lugar seguro

lo vio salir

Para Mercedes Armijo —nana, confidente y casi una segunda madre—, la tarea era clara

No solo cuidarlo sino protegerlo

Ser su escudo frente al hombre duro que tenía por padre

Y, en la sombra intentar llenar una ausencia que nunca dejó de doler

En la cocina

Jacinta calentaba comida

A diferencia del resto del pueblo, en la casa de Joel Lineros todo hablaba de poder

Cocina a gas

Estufa a leña

una congeladora

Detalles que marcaban la diferencia

Incluso en lo más cotidiano

—Ten… hoy hice pastel de choclo —

dijo, sirviendo

_ Aunque más rato tengo que dejar carne aliñada…

Mañana viene el tal Prado

Mercedes la corrigió de inmediato

—No digas “el tal”. Esa gente es importante

él es el delegado...

Jacinta no respondió

y sin disculparse siguió en lo suyo

Sabía bien que, a veces…

lo único importante era el apellido o lo bonito de la ropa

pero de ahí a ser buenas personas

Carmelita, mientras tanto, había ido una última vez

al minisúper

Damián estaba cerrando

La vio entrar con sorpresa

—Vaya, Carmelita… ¿Tu mamá te manda

a estas horas?

—Necesito condimentos… de los argentinos —respondió ella, simple

Entonces apareció Toñita

—Hola, amiga… ¿Qué buscas?

—No te preocupes, yo la atiendo —intervino Damián—. Ven por acá Carmelita

Toñita rió, pero su atención no estaba ahí

Se giró

Miró hacia la esquina de la plaza

Hacia esa calle

La de las Heras

La que llevaba a todo lo que le importaba

Y en su mente, sin poder evitarlo

un nombre

Ricardo Arenas

Su Richard

Mientras tanto, en la casa grande

las historias seguían cruzándose

Sin que nadie… aún…

entendiera del todo por qué

Mercedes iba ya a retirarse a su cuarto

cuando lo vio pasar por el pasillo

Casi como una aparición en la penumbra

de la casa

—Buenas noches, don Joel…

La voz de ella fue suave. Correcta. Sin entusiasmo

Él se detuvo apenas

—Mercedes… ¿qué te dije ya de tus actitudes? No me odies solo por corregir errores ajenos

¡tu niño de verdad me tiene agotado !

Hizo una pausa corta, como si el tema le sobrara

—Bueno… no voy a aburrirte. Ve a descansar

¡te veo mañana..

Mercedes lo miró en silencio.

Con ese gesto suyo, sereno… pero ya cargado de años y contrariedades varias

Don Joel no se inmutó

No era nuevo para él

Hacía mucho tiempo que esa era la forma

en que ella lo miraba

Lo único que aún le llamaba la atención

si acaso algo podía hacerlo

era esa necesidad casi obstinada de Mercedes por aferrarse a algo superior

A la fe ,A su Dios

A la vida misma

No lo entendía

Y tampoco parecía dispuesto a querer hacerlo tampoco

Luego se cruzó con Jacinta, que salía de la cocina

Carmelita venía unos pasos detrás

—Don Joel… llegó antes. Bien, venga acá…

de seguro quiere un té de hierbas o…

—No —la interrumpió él, seco—. Por favor, vayan a acostarse. No es bueno desvelarse… luego salen arrugas _

un gesto gracioso en su cara

Miró a Carmelita un instante, con algo más suave en la voz

—¿Cómo estuvo tu día, mi ahijada?




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