“ EL NIÑO TRISTE”
Para él…
era lo mejor en su mundo
Porque antes de eso
no había mucho …
Un niño triste
Un hombre que aún con casi 24 años era alguien
que nunca había conseguido dar gusto a su padre.
Ni siquiera llevar su apellido con el orgullo
que se le exigía
No eran ideas suyas
Esas eran sus palabras
Claras , clavadas
su voz dolía todavía
—Eres hijo del hombre más rico de estas tierras…
¡ actúa como tal !
—No sueñes con un pincel…¡ tu vida será manejar todo esto hijo !
—Maldita sea mi suerte… que mi mujer murió sin darme un hijo como yo lo quería…
Frases duras
que dolían más que cien correazos
Octavio no se sentía un hijo amado
Ni alguien capaz de hacer sentir orgullo
Era el peso del apellido y el de ser hijo de él
de don Joel
Pero esta vez…
había algo peor
Había huido
Como un bandido
“¿Qué habrá pensado ella de mí…?”
La puerta se abrió con suavidad
—¿Qué pasó, hijo? No probaste comida… eso no está bien.
A ver, dime… ¿Qué pasó esta vez ?
Era ella
misia Mercedes
Se acercó y se sentó a su lado, con esa calma que no exigía las respuestas rápidas pero si la verdad
una mujer que con 60 años y su gesto cariñoso
seguía siendo maternal
Cercana
Octavio no dudó
Se apoyó en su hombro
—Hoy la vi, mamita Meche… —murmuró
Pude verla otra vez… está tan bonita…
Mercedes bajó la mirada
lo sabía
Esto no era bueno
Ni para él
Ni para esa gente
Suspiró
Y aun así, lo dijo
—Hijo… no te busques problemas. Sabes de sobra que no los necesitas… ni tú… ni esa chiquilla
Una pausa pero luego preguntó
—¿Qué pasó con lo de
la señorita Minerva acaso…?
—Nada ..
La respuesta fue simple
Pero firme
Mercedes lo sintió
Intentó comprender
—Entiendo lo que te pasa… —dijo con suavidad—, pero tienes que ser inteligente
Lo miró
—Que tu padre no se entere ,ni el de ella tampoco
Bajó la voz.
—Sabes muy bien que tu padre y el viudo Oviedo llevan años en paz… no les des motivos para enfrentarse
Una pausa más
—La señorita Minerva Prado no es una mala opción… pero eso depende de ti
Se levantó despacio.
—Ahora ven… baja conmigo a comer
Octavio se puso de pie
Y antes de moverse, besó los cabellos canos
de ella
Con cariño
Con necesidad
Porque dentro de esa casa…
ella era, quizás, su único lugar seguro
lo vio salir
Para Mercedes Armijo —nana, confidente y casi una segunda madre—, la tarea era clara
No solo cuidarlo sino protegerlo
Ser su escudo frente al hombre duro que tenía por padre
Y, en la sombra intentar llenar una ausencia que nunca dejó de doler
En la cocina
Jacinta calentaba comida
A diferencia del resto del pueblo, en la casa de Joel Lineros todo hablaba de poder
Cocina a gas
Estufa a leña
una congeladora
Detalles que marcaban la diferencia
Incluso en lo más cotidiano
—Ten… hoy hice pastel de choclo —
dijo, sirviendo
_ Aunque más rato tengo que dejar carne aliñada…
Mañana viene el tal Prado
Mercedes la corrigió de inmediato
—No digas “el tal”. Esa gente es importante
él es el delegado...
Jacinta no respondió
y sin disculparse siguió en lo suyo
Sabía bien que, a veces…
lo único importante era el apellido o lo bonito de la ropa
pero de ahí a ser buenas personas
Carmelita, mientras tanto, había ido una última vez
al minisúper
Damián estaba cerrando
La vio entrar con sorpresa
—Vaya, Carmelita… ¿Tu mamá te manda
a estas horas?
—Necesito condimentos… de los argentinos —respondió ella, simple
Entonces apareció Toñita
—Hola, amiga… ¿Qué buscas?
—No te preocupes, yo la atiendo —intervino Damián—. Ven por acá Carmelita
Toñita rió, pero su atención no estaba ahí
Se giró
Miró hacia la esquina de la plaza
Hacia esa calle
La de las Heras
La que llevaba a todo lo que le importaba
Y en su mente, sin poder evitarlo
un nombre
Ricardo Arenas
Su Richard
Mientras tanto, en la casa grande
las historias seguían cruzándose
Sin que nadie… aún…
entendiera del todo por qué
Mercedes iba ya a retirarse a su cuarto
cuando lo vio pasar por el pasillo
Casi como una aparición en la penumbra
de la casa
—Buenas noches, don Joel…
La voz de ella fue suave. Correcta. Sin entusiasmo
Él se detuvo apenas
—Mercedes… ¿qué te dije ya de tus actitudes? No me odies solo por corregir errores ajenos
¡tu niño de verdad me tiene agotado !
Hizo una pausa corta, como si el tema le sobrara
—Bueno… no voy a aburrirte. Ve a descansar
¡te veo mañana..
Mercedes lo miró en silencio.
Con ese gesto suyo, sereno… pero ya cargado de años y contrariedades varias
Don Joel no se inmutó
No era nuevo para él
Hacía mucho tiempo que esa era la forma
en que ella lo miraba
Lo único que aún le llamaba la atención
si acaso algo podía hacerlo
era esa necesidad casi obstinada de Mercedes por aferrarse a algo superior
A la fe ,A su Dios
A la vida misma
No lo entendía
Y tampoco parecía dispuesto a querer hacerlo tampoco
Luego se cruzó con Jacinta, que salía de la cocina
Carmelita venía unos pasos detrás
—Don Joel… llegó antes. Bien, venga acá…
de seguro quiere un té de hierbas o…
—No —la interrumpió él, seco—. Por favor, vayan a acostarse. No es bueno desvelarse… luego salen arrugas _
un gesto gracioso en su cara
Miró a Carmelita un instante, con algo más suave en la voz
—¿Cómo estuvo tu día, mi ahijada?