Regreso A Villalebu

CAPITULO 22

“ PASOS A SEGUIR”

Lunes ,en la mañana

_ Entonces ¿ vas a ir siempre al haras ?

jose María dijo que si

_ veré venir antes para ayudar a cuidarlo

mirza le sonrió mientras ya levantaba la mesa

don Antonio andaba en san Martín con Emiliano

al parecer esperaban que pudiera ver un especialista

lo más pronto posible

les inquietó nuevamente verlo despertar

y gritar en la madrugada

en eso José María salía cuando

_ don Baltazar, Huerta…

mirza fue a abrir la puerta

al rato sentados todos en la sala

huerta un tanto tímido

en verdad le parecía estar molestando

José María lo notó

pero no dijo nada

don Baltazar traia un recado de lineros

_ que te tomes la semana ya la contabilidad está al día

pero de seguro eres mas necesario acá

bueno espero don Antonio no le incomode lanuestra presencia !

ella negó

_ mi papá ahora no está pero no se preocupe

y gracias de verdad…

él solo se puso en pie

_ bueno espero el muchacho se reponga y tu Obando

el próximo lunes allá sin falta y cualquier cosa me encuentras en el haras con su permiso señorita Oviedo..

Huerta fue a ponerse en pie

_ con su permiso.._ repitió el

Mirza los fue a dejar afuera

pero José María

_ eh .. Huerta…¡espera!

y ahi iban

caminando en la plaza

charla común entre amigos

pero él

nervioso y preocupado

y huerta

_ si te hace falta ven un día a la taberna

y nos olvidamos de todo ¡ eh !

y José María

_ pero con Pedro en el hospital no tendrá chiste ¿ no crees ?

Huerta solo rodó los ojos

_ ¡adiós Jesucito !

lo vio irse a paso rápido

El regreso a la casa fue en silencio

José María cerró la puerta.

pensando

—Vaya que considerados… —murmuró para sí

ahora veré en qué más puedo avanzar ..

Sin más, fue hacia la habitación de Ricardo.

Mirza, en tanto, estaba en la suya.

La rosa descansaba en un vaso.

Frente a la ventana

La miraba

Como si eso bastara para calmar algo dentro.

llegó hasta su velador

Tomó la carta.

Se dio un momento

sentada en la cama

Le gustaba leerlas

Siempre.

Tenía varias

Guardadas con cuidado

En sus sobres

En una caja que su padre le había traído de una feria en San Roque

Ahí estaban.

Casi quince meses exactos

desde qué se quedaron mirando

más de la cuenta en la iglesia,

De miradas ,de palabras

De silencios largos.

El hijo de Lineros.

La hija del viudo Oviedo

Un pequeño Romeo y Julieta… de pueblo

Abrió la carta

Leyó.

“Mi hermosa Mirza…”

Te escribo preocupado por ti y los tuyos

De verdad desearía poder ir allá… darte un abrazo… ayudar a tu padre y a Ricardo.

Acá estamos todos consternados.

No entendemos bien qué ocurrió… pero agradecemos que todo se haya aclarado a tiempo.

En mi casa valoramos la valentía de él con las niñas…

y quisiera saber en qué podemos ayudar

Pero sobre todo…¿ quiero saber cómo estás tú ?

Si puedes, respóndeme pronto.

O envía algún recado con José.

Recuerda… que eres todo para mí.

Tuyo siempre,

Octavio L.

Mirza bajó lentamente la carta

La sostuvo entre las manos

Sin moverse

intentando retener su cara

imaginando su sonrisa

una Luz que confortaba

su dolido corazón

Mirza suspiró.

Doblemente.

Guardó la carta

No tenía cabeza para escribir ahora

Tal vez después

Quizás le pediría a José María que le llevará algún recado.

Pero lo importante ahora… era Ricardo

Su pequeño Ricardo.

Se quedó un momento más en silencio

Y luego se levantó

En la otra habitación…

José María lo observaba

Demasiado

Como si buscara algo que no lograba ver

con facilidad

Intentaba entender

El porqué

Porque tenía que haberlo

Una razón

No era normal

No podía ser que una simple bravata de una niña

desatará todo eso

Recordó lo que sabía

A Toñita

A Carmelita

No parecían agresivas

Ni siquiera groseras

es qué no tenía sentido.

Frunció el ceño

no lo iba a dejar así

Pero se detuvo.

Respiró hondo

sería inútil

tratar de entender

Su objetivo era otro

Y no podía seguir distrayéndose

ya habría tiempo

para entender y mejor

para saber que hacer

Baltazar llegó al haras temprano

Huerta volvió a sus cosas

Definitivamente…

iba a ser una semana larga.

En verdad, de todo lo que le había dicho a Anselmo días atrás, seguía pensando lo mismo:

los que realmente hacían la diferencia ahí eran dos.

Su jefe, Camacho.

Y…

el citadino.

A ratos todavía le costaba entenderlo.

¿Por qué alguien como José María habría querido meterse

en un lugar así?

Porque ganas no le faltaban para largarse

Eso si se notaba.

Huerta no era hombre de preguntar demasiado.

Pero, al parecer, Baltazar sí tenía deseos de hablar aquella mañana

Y entre el trayecto y las primeras vueltas por el haras…

terminó enterándose de varias cosas interesantes

sobre el muchacho Obando.

Que venía de Europa.

De España, específicamente.

Que había estudiado algo que ahí no servía de mucho.

Al menos no en un lugar como ese

Oviedo —su tío— había querido “ponerlo a prueba”.

Por eso lo llevó al haras.

Por eso el trabajo.

Y quizá lo más raro de todo…

era que Camacho ,parecía sentir que les debía algo

Como si esos días en casa fueran una forma

“ encubierta “ de devolverles un favor




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies.