“ REEMPLAZOS “
Rato después
en la oficina
Baltazar con Joel frente al escritorio
rascándose su cabeza
_ fue un incendio en la pesebreras fuera de servicio…y ademas encontramos un caballo merodeando de seguro estaba en su celo
—¿Y… eso fue todo?
Joel entre unos papeles de venta y la atención
a Camacho
Baltazar asintió.
—Sí…¿no es raro que un caballo así entre
al haras ?
Bueno… habrá que preguntar después por
los alrededores.
iba a salir pero Joel lo detuvo.
—¿Y no te parece más raro que esos dos estén en tantos líos últimamente?
Baltazar lo miró
chasqueo la cara
—Lo único que me extraña… es que le dejes pasar tanto
a Pedro
Se acercó un poco
—Ese te lame las botas…¡ y ya ni lo disimula siquiera!
Pausa.
—Solo te aviso
Se giró hacia la puerta pero antes de irse
—Y espero que ahora sí estés satisfecho…
¡ y pares esta guerra absurda con Huerta !
Salió
Joel no respondió de inmediato
Sacó un cigarrillo de su cajonera
Lo acomodó con cuidado entre los dedos
sacó el encendedor
Metálico
Brillante
La bandera argentina grabada junto
Al escudo de la provincia de Nueva Patagonia
acercó la llama
Aspiró lento
Exhaló el humo con la misma calma
Una leve satisfacción en el gesto
—Ahora sí…
Murmuró
—Eres el reemplazo que necesito…
Hizo una pausa
Los ojos oscuros, fijos en la nada
—…aunque lamentablemente no pasaste por el bautizo
de fuego…Pedro ..
Sonrió
_ ¡pero me serás igual de útil !
Una risa baja
Fría ,peligrosa
Ese brillo en sus ojos
no tenía nada de humano
En la casa de Antonio
más tarde
En el patio de la casa, Mirza revisaba la ropa
del muchacho. Una a una
Camisa ,Chaquetilla y el Pantalón
Todo aún impregnado con ese olor persistente
a humo
—Esto no sale fácil… —murmuró, más para sí que para nadie.
Había decidido lavarla de inmediato
Dentro, Antonio escuchaba a Ricardo, que relataba lo ocurrido con una precisión casi inquietante. Detalles ,Tiempos ,Reacciones
Como si hubiera estado ahí
Antonio fruncía el ceño, en silencio
totalmente intrigado
Mientras tanto…
Mirza, aún con la ropa en las manos, se detuvo de pronto.
habia un detalle
Pequeño pero importante
—No me dio su ropa interior…
Alzó la vista hacia la casa
Dudó un segundo
Luego caminó hacia la puerta
En la habitación…
José María estaba tendido en la cama
Inmóvil
Con el cuerpo aún resentido, la piel marcada por el humo y el esfuerzo
Había dejado el buzo a un lado
El aire le rozaba las piernas
Cerró los ojos un instante
Respiró hondo
Ese momento… era peligroso
No por el dolor
Sino por lo expuesta
que estaba
Pudiendo haber un descuido y
Por todo lo que podía salir mal
Entonces
El leve sonido de pasos
Afuera en el pasillo
La mano en la perilla
José María abrió los ojos de golpe
El corazón, otra vez, desbocado
—¡Espera!… —alcanzó a decir, incorporándose
—Estoy… cambiándome ..
Silencio al otro lado
El movimiento fue rápido
Demasiado.
José María apenas tuvo tiempo
Al otro lado, Mirza habló
—Solo quería preguntarte por tu ropa interior…
¡no me la diste puedo lavarla también !
Silencio
miro donde estaba la maleta pensando
—No… no te preocupes… eh…
Demasiado rápido
Fue a la maleta
La abrió con torpeza , buscando entre las cosas
Encontró un slip
Lo sostuvo un instante
Luego, con cuidado, retiró el relleno improvisado
El corazón le golpeaba en el pecho.
Se acercó a la puerta.
La entreabrió apenas, lo justo
—No deberías molestarte… podía hacerlo yo ..
Extendió la prenda sin mirarla directamente.
Mirza la tomó con naturalidad
Sonriendo
—No es molestia ..
Se quedó un segundo más ahí
No la prenda.
Sino a él
Ese nerviosismo
Ese gesto apurado
Pequeño casi
Fuera de lugar.
Pero no dijo nada.
Solo soltó una risa suave.
—Descansa mejor ..
Y se fue.
La puerta se cerró.entonces
José María no se movió de inmediato.
Se quedó ahí
Escuchando cómo los pasos se alejaban
Entonces sí soltó el aire
Profundo
Se apoyó contra la madera
Cerró los ojos
—Esto se va a caer… —murmuró.
No va a ser hoy pero pronto ..
eso le inquietó
mucho más
Tras esto vino una relativa paz
Huerta y José María volvieron a verse con normalidad.
Se saludaban apenas se veían
charlas breves que resultaban ser buenas
Sin más
Uno en los establos El otro entre los libros
calma la mañana que se respiraba con agrado
Baltazar, al ver que nadie reclamó al caballo, lo dejó a cargo de Huerta
Pedro, por su parte, casi no se veía
José María no volvió a tocar el tema del incendio.
ni en el haras como tampoco lo mencionó en casa de Antonio
Supuso que eso solo traería problemas innecesarios
Mientras ese “delincuente” estuviera lejos
de ellos …
todo estaría bien
O al menos eso creía
Pero en la casa del camino a San Martín…
Aquel apodado Sangre observaba en silencio
Pedro estaba frente a él
El brazo aún herido. Mal vendado Pero igual
estaba en operaciones
pedro montaba uno de los cuatro caballos del lugar
Probaba movimientos. Ajustaba la postura Repetía otra vez
Aprendía rápido
Demasiado rápido
—Eso es, mocoso… —dijo Sangre, sin levantar demasiado la voz—. ¡Al patrón le vas a servir mucho !