Regreso A Villalebu

CAPITULO 10

“NUEVE BALAS “

Antes de salir del recinto se detuvo a hablar con alguien

que salia de un pasillo camino al ascensor

Estaba agotado

Tuvo que ver el cuerpo, firmar papeles

poner cara de despreocupado frente a todos

y tolerar a prado y su “ labia de mierda “

Lo peor de todo era la sensación interna

Veía a Prado tan calmo, solo preocupado de que el gobernador “no hiciera mayor escándalo”

Pero al llegar a su auto, su óptica era más simple.

Dos balas…en un mes pero esta vez no para vecinos inocentes

Su pensamiento fue uno solo

“ alguna vez les iba a pasar”

Subió a su vehículo y se fue

No tenia caso esperar

Un poco de sentido común en ese hombre

Eso era algo que, sencillamente, jamás iba a pasar

y menos en ese lugar

Arrancó el auto

En la oficina

Prado y Lineros frente a frente

—Che… ¿y ahora qué harás?

Ya pude echarle tierra al asunto y el doctor se fue sin decir nada pero ..

Lineros lo interrumpió, molesto, en buen chileno

cabreado

se levantó del asiento

—Esto no era el plan. Alguien debió equivocarse… no siguieron las órdenes

“sangre “ me va a tener que escuchar!

Se acomodó apenas frente a prado

para casi escupir

—Tú sigue manteniendo a tu gobierno y tus banderas políticas lejos de mi metro cuadrado. ¡Yo veo el resto !

Hizo una pausa breve para luego decir

-Esto debe tener una razón.

¿Al menos sabes la identidad de la basura?

Reynaldo fue a un cajón y le pasó un papel

Lineros lo tomó

Lo leyó con rapidez y enojo

Chasqueó la lengua al hacerlo

Justino Carranza…

—Mierda..

Se quedó un segundo en silencio.

Luego tomó la hoja y se dio media vuelta

—Mantén lo de la riña. Y ve que Urzúa tenga la boca cerrada

al menos por ahora !

Lo miró de reojo

antes de salir

—Adiós, Reynaldo

Prado miró otra vez la tela

El “9” dibujado le resultó, por decir lo menos, tétrico.

Sin darle demasiada importancia

lo arrojó a la basura…

Lineros siguió camino en su camioneta, pero no iba al pueblo.

Tomó un sendero poco conocido: tierra, empedrado suelto y pocos árboles

Cerca de la carretera por donde transitaban los buses que venían de Nueva Patagonia

Su rostro era tosco.

El gesto, molesto a rabiar

No podía creer que “Sangre" pudiera repetir errores

de novatos

La bronca era saber que ya tenía a dos menos de entre

su gente.

Vio unas casas viejas a lo lejos

Entonces se dijo:

“Ahora me va a escuchar.”

Pero rato después…

No daba crédito a lo que veía

aquel apdado “Sangre “ llevaba una venda en el brazo

y un moretón en la cara

Si eso no fuera suficiente, vinieron luego sus palabras

—Patron estábamos llegando… no nos faltaba mucho, pero… solo escuchamos un relincho Después… no supimos cuántos eran, pero al menos uno nos hizo pelea .

Hizo una pausa

—A Carranza no le dio tiempo. Simplemente le disparó. Lo vimos caer todos

Bajó la mirada un segundo.

—Recuerdo bien lo que dijo “nueve perros nueve balas”

Nada más…

Lineros no mostró mayor emoción

Solo dijo en tono que no parecía nervioso

—Busca reemplazos. Después veremos qué pensar de esto. Tal vez alguien quiere quitarme mi negocio… o quizá que sea..

Lo miró de arriba abajo

—Cuídate. Veré que Reynaldo te envíe un médico

no aparezcas por el haras

Se acercó un paso, serio.

—Y ni una palabra de esto, Sangre.¡ A nadie !

Lineros salió de esa casa, ya en la zona límite con el camino

al distrito provincial, con un mal sabor de boca y en la mente una nebulosa.

“Esto no está pasando…”

De verdad no podía asimilarlo

Frustrado, golpeó el capó de la camioneta

Luego tomó el volante y regresó al pueblo

A Villalebu…

En el pueblo

Revuelo y rumores.

El minisúper, el epicentro

Según la única radioemisora que llegaba con información,

lo ocurrido era una “riña entre ebrios”.

Muchos se quedaron con esa versión

Pero otros no quedaron tranquilos

Después de desayunar y hacer las paces con Mirza, Antonio tomó rumbo al único lugar donde podría obtener información de primera mano

a casa de su amigo Emiliano

En tanto, en el haras, todo seguía normal…

salvo que Lineros no estaba

Baltazar se encontró a primera hora

con que Huerta había llegado casi con el alba, con una resaca de aquellas…

Tuvo que pedirle a un ayudante que apoyara a José María

con el trabajo.

Uno pecoso fue asignado.

Al menos sirvió para no tener que hacer fuerza con los barriles.

En eso, José María preguntó:

—¿No he visto a Huerta por acá?

El chico respondió:

—Y no lo verás. Está durmiendo a pata suelta

Llegó "curado " en la madrugada

Eso le extrañó a José María.

—Qué raro… no se le ve cara de farra.

El otro rió

—Dicen que tiene una mujer en la zona límite…

¡ un mujerón, hermano !

a José María empezaron a incomodar esas palabras, aunque no lo dijo abiertamente

Solo le pareció extraño

“Vaya… al final si eras humano, Huerta “

Luego del almuerzo fue al mini súper.

Toñita y Damián estaban en el mesón, y doña Hilda conversaba con unas vecinas afuera del local.

—Hola, quisiera un agua mineral, por favor ..

dijo José María.

—¿Todavía no se acostumbra al agua de acá, José María? —preguntó Toñita, con amabilidad

Él asintió y pidió también un par de analgésicos

Pagó, saludó y salió en dirección al haras

—Buenas tardes, joven Obando —dijo doña Hilda—. ¡Dele mis saludos a su tío Antonio!

José María asintió nuevamente y siguió su camino.

Doña Hilda comentó mientras lo veía alejarse:

—Ese niño viene de Europa, del primer mundo… ya me contaron que es titulado. Y desde que llegó que le anda haciendo ojitos a mi Toñita… jajaja




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