“MI LUNITA “
Baltazar iba de salida del haras
Tomó su sombrero del perchero cuando una voz lo detuvo.
—¡Eh… Baltazar!
Él negó levemente con la cabeza, como resignado, y volvió hacia la puerta
—Dime, Joel .
Un rato después, caminaba junto a José María
—Recuerda decirle a Octavio el encargo de su padre… y yo te espero afuera, ¿sí?
José María asintió, aunque algo le resultaba extraño
Siguieron el camino un momento más
Pasaron cerca de la iglesia
José María pensó, mirando de reojo
“Idea mia o como que se
está escondiendo ¿o no ?
A esa misma hora…
Jacinta miraba el reloj de la pared con evidente nerviosismo
—¿A qué horas baja esta niñita?
Sin esperar respuesta, la vio aparecer desde la parte alta de la casa, con las bandejas en las manos.
—Ya terminé, mamá…
Jacinta casi respondió a los gritos
—Bueno, yo voy donde doña Hilda. Por favor, quédate pendiente de la olla ..
Salió rápido con una bolsa de mallas azules
en la mano.
La chica se quedó sola en la cocina
El silencio le dio espacio
Miró hacia la puerta
Nadie cerca
Con cuidado, sacó el papel que le había entregado Ricardo hace días atrás
Lo abrió.
“Mi preciosa Lunita…”
Leyó en silencio
con cierta dificultad
“Te escribo porque de verdad no has querido responder
¿Vas conmigo a San Martín un día de estos?
Por favor, puedo pedirle a mi padrino que hable con tu mamá, pero no tardes tanto, mi Lunita.”
Tuyo,
Ricardo Arenas S.
Iba por la mitad cuando
—¡Alooooo…!
La voz vino desde afuera
La muchacha levantó la vista de golpe y salió
a mirar
Era el forastero
Ella salió a la reja con ese candor tan suyo.
—Ah… usted es el sobrino de don Antonio, ¿verdad?
El muchacho sonrió con naturalidad.
—Sí… Carmela, ¿cierto?
Vengo a dejarle un recado a Octavio.
¿Podrías llamarlo, por favor?
Carmela dudó apenas un segundo…
pero, pensando todavía en la carta, lo dejó pasar.
—Pase por acá… ya lo llamó
avanzaron hasta el interior
En ese momento, una de las puertas de la parte alta se abrió
—¿Qué son esos gritos, niña? No estás en los potreros…
Mercedes salió con el ceño fruncido
Desde arriba, lo vio.
Sus ojos se fijaron de inmediato.
No le mentían
Era él.
El de la plaza
Llamó a Carmela.
—Dime… ¿qué hace ese aquí?
Carmela respondió sin darle demasiada importancia
—Vino del haras a hablar con Octavio…
y… —agregó, como recordando— también es sobrino del viudo Oviedo
Mercedes se tensó
El gesto le cambió por completo
“Pero si él no tenía más familia…
salvo esa que nunca más volvió a escribirle ? ”
Ella no lo pensó dos veces. Bajó.
Él, mientras tanto, observaba los retratos en la pared pasando la vista distraído, inocente
Había uno que le llamó inmediatamente
la atención
una fotografía de cuatro personas
Dos mayores, dos más jóvenes.
Quiso acercarse para verla mejor… pero no alcanzó a dar ni un paso
—Disculpe… ¿quién lo envía?
Se giró.
Respondió con calma, con ese encanto educado que usaba cuando necesitaba parecer inofensivo.
—Buenos días, mi señora… me envían del haras. Traigo un recado para Octavio Lineros
La mujer lo observó en silencio.
bajo de porte
unos lentes
una mirada “ de bien portado “
raro
Demasiado elegante para ser un simple peón
del haras a juzgar por la ropa
se limitó a decir
—Ya viene mi niño —dijo al fin luego agregó
¡ no recordaba que los familiares de Antonio decidieran venir a hablarle después de tanto tiempo !
La frase cayó con peso
José María se tensó apenas.
Fue mínimo, casi invisible… pero real
En ese momento se escucharon pasos en la escalera
—Ya, mamá Meche… deja el interrogatorio
—dijo Octavio al aparecer y mirándolo a. él—. ¡No te preocupes, le gusta poner nerviosa a la gente !
Bajó las escaleras con naturalidad.
Y entonces José lo vio más cerca
al “ niño triste”
Alto
De rostro tranquilo , Castaño su cabello,pardos sus ojos
Aparentemente amable
José María dio un paso adelante.
—Mucho gusto. José María Obando…
¡soy sobrino de Antonio Oviedo !
Octavio no mostró sorpresa
Eso le bastó para entender algo
“Mirza…”
Pensó apenas
Pero no lo dijo
—¿Cuál era el recado? —preguntóel en cambio
Jose Maria dijo en tono calmo
—Su padre quiere que vaya al harás mañana Necesita que veas algo
Creo que hoy llegará muy tarde
por eso me envió ..
Octavio bajó la mirada un segundo
Fue breve… pero notorio
Luego asintió.
Jose señaló
—Bien. Los dejó entonces
Que tengan buena tarde ..
Se dio media vuelta
Mercedes, desde un rincón, observaba en silencio
Frunció apenas el ceño
Repasó nombres en su mente.
“Antonio Oviedo… José Obando…”
Demasiadas coincidencias últimamente alrededor de ese hombre
Demasiadas.
José María ya se retiraba
Carmela le abrió la reja
Él ayudó a cerrarla
—Gracias, Carmela… que tengas buena tarde..
Iba a seguir su camino cuando
—Espere… espere… ¿Puedo pedirle un favor?
Se detuvo
Y volvió a girarse
A unos pasos, Baltazar observaba la escena
más bien a la joven que entraba a la casa
En el movimiento normal del día
en esa casa
Pero en su rostro no había calma
Solo algo más pesado.
Remordimiento quizás
“Esto no debió hacerse…
nunca voy a tener vida suficiente para pagar
lo que les hice ! “
En eso, cruzando la calle