Regreso A Villalebu

CAPITULO 13

“MI LUNITA “

Baltazar iba de salida del haras

Tomó su sombrero del perchero cuando una voz lo detuvo.

—¡Eh… Baltazar!

Él negó levemente con la cabeza, como resignado, y volvió hacia la puerta

—Dime, Joel .

Un rato después, caminaba junto a José María

—Recuerda decirle a Octavio el encargo de su padre… y yo te espero afuera, ¿sí?

José María asintió, aunque algo le resultaba extraño

Siguieron el camino un momento más

Pasaron cerca de la iglesia

José María pensó, mirando de reojo

“Idea mia o como que se

está escondiendo ¿o no ?

A esa misma hora…

Jacinta miraba el reloj de la pared con evidente nerviosismo

—¿A qué horas baja esta niñita?

Sin esperar respuesta, la vio aparecer desde la parte alta de la casa, con las bandejas en las manos.

—Ya terminé, mamá…

Jacinta casi respondió a los gritos

—Bueno, yo voy donde doña Hilda. Por favor, quédate pendiente de la olla ..

Salió rápido con una bolsa de mallas azules

en la mano.

La chica se quedó sola en la cocina

El silencio le dio espacio

Miró hacia la puerta

Nadie cerca

Con cuidado, sacó el papel que le había entregado Ricardo hace días atrás

Lo abrió.

“Mi preciosa Lunita…”

Leyó en silencio

con cierta dificultad

“Te escribo porque de verdad no has querido responder

¿Vas conmigo a San Martín un día de estos?

Por favor, puedo pedirle a mi padrino que hable con tu mamá, pero no tardes tanto, mi Lunita.”

Tuyo,

Ricardo Arenas S.

Iba por la mitad cuando

—¡Alooooo…!

La voz vino desde afuera

La muchacha levantó la vista de golpe y salió

a mirar

Era el forastero

Ella salió a la reja con ese candor tan suyo.

—Ah… usted es el sobrino de don Antonio, ¿verdad?

El muchacho sonrió con naturalidad.

—Sí… Carmela, ¿cierto?

Vengo a dejarle un recado a Octavio.

¿Podrías llamarlo, por favor?

Carmela dudó apenas un segundo…

pero, pensando todavía en la carta, lo dejó pasar.

—Pase por acá… ya lo llamó

avanzaron hasta el interior

En ese momento, una de las puertas de la parte alta se abrió

—¿Qué son esos gritos, niña? No estás en los potreros…

Mercedes salió con el ceño fruncido

Desde arriba, lo vio.

Sus ojos se fijaron de inmediato.

No le mentían

Era él.

El de la plaza

Llamó a Carmela.

—Dime… ¿qué hace ese aquí?

Carmela respondió sin darle demasiada importancia

—Vino del haras a hablar con Octavio…

y… —agregó, como recordando— también es sobrino del viudo Oviedo

Mercedes se tensó

El gesto le cambió por completo

“Pero si él no tenía más familia…

salvo esa que nunca más volvió a escribirle ? ”

Ella no lo pensó dos veces. Bajó.

Él, mientras tanto, observaba los retratos en la pared pasando la vista distraído, inocente

Había uno que le llamó inmediatamente

la atención

una fotografía de cuatro personas

Dos mayores, dos más jóvenes.

Quiso acercarse para verla mejor… pero no alcanzó a dar ni un paso

—Disculpe… ¿quién lo envía?

Se giró.

Respondió con calma, con ese encanto educado que usaba cuando necesitaba parecer inofensivo.

—Buenos días, mi señora… me envían del haras. Traigo un recado para Octavio Lineros

La mujer lo observó en silencio.

bajo de porte

unos lentes

una mirada “ de bien portado “

raro

Demasiado elegante para ser un simple peón

del haras a juzgar por la ropa

se limitó a decir

—Ya viene mi niño —dijo al fin luego agregó

¡ no recordaba que los familiares de Antonio decidieran venir a hablarle después de tanto tiempo !

La frase cayó con peso

José María se tensó apenas.

Fue mínimo, casi invisible… pero real

En ese momento se escucharon pasos en la escalera

—Ya, mamá Meche… deja el interrogatorio

—dijo Octavio al aparecer y mirándolo a. él—. ¡No te preocupes, le gusta poner nerviosa a la gente !

Bajó las escaleras con naturalidad.

Y entonces José lo vio más cerca

al “ niño triste”

Alto

De rostro tranquilo , Castaño su cabello,pardos sus ojos

Aparentemente amable

José María dio un paso adelante.

—Mucho gusto. José María Obando…

¡soy sobrino de Antonio Oviedo !

Octavio no mostró sorpresa

Eso le bastó para entender algo

“Mirza…”

Pensó apenas

Pero no lo dijo

—¿Cuál era el recado? —preguntóel en cambio

Jose Maria dijo en tono calmo

—Su padre quiere que vaya al harás mañana Necesita que veas algo

Creo que hoy llegará muy tarde

por eso me envió ..

Octavio bajó la mirada un segundo

Fue breve… pero notorio

Luego asintió.

Jose señaló

—Bien. Los dejó entonces

Que tengan buena tarde ..

Se dio media vuelta

Mercedes, desde un rincón, observaba en silencio

Frunció apenas el ceño

Repasó nombres en su mente.

“Antonio Oviedo… José Obando…”

Demasiadas coincidencias últimamente alrededor de ese hombre

Demasiadas.

José María ya se retiraba

Carmela le abrió la reja

Él ayudó a cerrarla

—Gracias, Carmela… que tengas buena tarde..

Iba a seguir su camino cuando

—Espere… espere… ¿Puedo pedirle un favor?

Se detuvo

Y volvió a girarse

A unos pasos, Baltazar observaba la escena

más bien a la joven que entraba a la casa

En el movimiento normal del día

en esa casa

Pero en su rostro no había calma

Solo algo más pesado.

Remordimiento quizás

“Esto no debió hacerse…

nunca voy a tener vida suficiente para pagar

lo que les hice ! “

En eso, cruzando la calle




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