“ BÚSQUEDAS “
En la casa de Antonio
El volvió a tomar aire unos segundos más
Apagó el motor antes de bajar lentamente
del automóvil con esa resignación de quien
ya conoce de memoria la reacción que provoca
su sola presencia.
La primera en abrir la puerta fue Mirza
Y su primera reacción fue inmediata
_ ¿Estás loco? ¿Por qué viniste?”
Pero Octavio habló antes de que ella pudiera decir más
Y lo hizo con un tono extrañamente sincero.
—Hola, mi hermosa… vine por Toñita. Su hermano me dijo
que estaba acá.
Luego agregó más bajo:
—Por favor… no quiero causarte problemas
ve y llámala ¿si ?
Mirza lo quedó mirando unos segundos
Porque había algo distinto en él.
Menos arrogancia y más cansancio.
Y entonces apareció Emiliano detrás de ella
—¿Octavio?… ¿Qué pasó?
Antes de que alcanzara a responder,
Antonio salió también hasta la entrada
Su sola presencia bastó para tensar el ambiente otra vez.
Miró directamente a su hija
Y Mirza, casi en un susurro, le aclaró enseguida
—No vino por mí… está preocupado por José.
Como todos aquí..
Antonio sostuvo la mirada unos segundos
Y algo en la cara de Octavio … o quizás en el tono de la voz
de su hija
terminó moviendo algo dentro de aquel hombre
Muy a su pesar
Finalmente habló con brusquedad
—En mi casa no discutimos en la calle.que Pase..
Mirza sencillamente no podía creerlo
Porque Octavio Lineros estaba entrando
a la casa Oviedo por primera vez
Y mientras cruzaba la puerta, él solo esperaba con toda
el alma una cosa
¡Que no fuera también la última !
Emiliano prefirió quedarse afuera
Encendió un cigarrillo mientras observaba la calle silenciosa para ser tan temprano y estar cerca
de la hora de misa
Y honestamente, toda aquella calma comenzaba a inquietarlo demasiado.
Porque ya conocía esa sensación
Ese silencio raro antes de que llegaran
las malas noticias.
Apretó la mandíbula mirando hacia el horizonte.
No podía ser que la tragedia volviera otra vez
a tocar la puerta de su amigo de toda la vida
Toñita estaba sentada junto a Ricardo
Y aunque intentaba mantenerse tranquila, seguía hablándole de aquella sensación horrible que había sentido la noche anterior
Ese miedo repentino
Ese frío extraño.
Ricardo la escuchó en silencio antes
de acercarse un poco más para acariciarle el cabello con suavidad.
—No pienses así —murmuró intentando tranquilizarla—. Seguramente el muy bruto se quedó sin dinero y se vino caminando. Sabes que a los futres no les gusta caminar por eso en las ciudades hay tantos autos.
Ella soltó una pequeña risa involuntaria
—¿o no has escuchado nunca al tío
Emiliano alguna vez ? —añadió él con una sonrisa torcida
Y aquella risa fue fresca
Ligera
Como un pequeño descanso en medio de toda
la angustia que llevaba acumulando desde la mañana.
Porque saber que José María no había aparecido la tenía realmente asustada.
Más de lo que quería admitir
En ese instante, Mirza entró apresurada al cuarto.
—¡Amiga, no sabes lo que acaba de pasar…!
Toñita se sobresaltó de inmediato
—¡No me digas que…!
—¡No, tonta! —la interrumpió Mirza enseguida—. No es algo malo.
Y entonces soltó la noticia todavía impresionada
—¡Octavio vino… y mi papá lo dejó entrar!
Eso, inesperadamente, pareció asustar todavía más a Toñita
_ ay dios eso si no es bueno..
Ricardo soltó un resoplido desde la cama
—¿Pueden irse a regar su chisme a otro lado? Estoy descansando !
Las dos muchachas lo miraron inmediatamente .
Y la expresión seria que intentaba mantener apenas duró unos segundos
—¿Qué… qué me ven? —protestó incómodo
Toñita terminó saliendo junto a Mirza entre risas pequeñas y nerviosas.
Y Ricardo volvió a quedarse solo
Observando la puerta cerrarse
Sintiendo otra vez esa tristeza silenciosa cada vez que la veía alejarse así.
Mientras tanto, en la sala, Octavio conversaba con Emiliano.
Antonio, en cambio, apenas lo observaba sin dirigirle palabra.
Porque en realidad estaba intentando entender otra cosa.
¿Qué había llevado a su hija a cometer semejante locura?
¿Por qué arriesgarse así por alguien como el hijo de Lineros?
Y entonces recordó aquellas palabras de su sobrino.
“No hay garantía alguna, don Antonio… pero tampoco las hay de que sea igual que él.”
Antonio bajó lentamente la vista
Y no pudo evitar sentir miedo.
Porque José María no sabía defenderse.
No realmente.
Su única arma siempre habían sido los libros.
Las ideas.
La educación.
Y en cierta forma…
Eso le recordaba demasiado a sí mismo antes de decidir estudiar pedagogía
eso sinceramente no lo dejaba en paz
LÍMITE NORTE
CERCA DE MEDIODÍA
Anselmo ya estaba despierto
en realidad desde hacía un buen rato
Los parroquianos que se habían quedado hasta tarde finalmente habían abandonado el local hacía rato, dejando detrás el olor mezclado de cigarro, alcohol y también de su resaca
Ahora el lugar estaba extrañamente tranquilo.
Anselmo bebía café apoyado contra la barra mientras una vieja radio sonaba de fondo
A veces le tentaba la idea de poner un televisor en el negocio
Pero siempre terminaba descartándola
“Eso echaría a perder todo… estarían pegados mirando la pantalla y no tomarían”, pensaba cada vez
En eso escuchó un automóvil detenerse afuera
Y la sorpresa fue evidente al ver bajar a Baltazar Camacho
el que golpeó el vidrio al llegar a la entrada
Anselmo fue a abrir y le dijo volviendo al mostrador
—¿Qué lo echó tan temprano de la cama un domingo, Camacho?