Regreso A Villalebu

CAPITULO 32

“REFUGIO “

Huerta resopló con evidente fastidio

—Bueno, tú duermes ahí, ¡total he dormido en peores lados !

José María abrió los ojos sorprendido.

—¿En serio?

—Sí.

Hizo una pausa breve antes de agregar:

—Una vez me quedé dormido arriba de unos sacos de avena y desperté con una gallina encima fue gracioso porque tenía 10 y fue donde mis abuelos ..

José María soltó una risa inevitable ,torpe e irritante

Y tras un instante, la tensión en el ambiente se alivió apenas

Aunque sinceramente…

seguía sin saber qué era más aterrador

El odio de Antonio Oviedo…

o la posibilidad de despertar abrazado accidentalmente

a Huerta en medio de la noche

Entonces lo vio comenzar a buscar ropa limpia dentro del ropero

Sacó una camisa algo gastada, unos jeans y después tomó las botas del suelo.

José María seguía sentado en la cama observándolo en silencio.

Todavía intentando acostumbrarse a la idea de que efectivamente pasaría la noche ahí.

Huerta se acomodó la ropa bajo el brazo antes de hablar.

—Me voy a duchar. Luego iré al límite norte

José María levantó apenas una ceja.

—¿A esta hora?

—Sí.

Como siempre, ni una explicación más de la necesaria.

Después señaló el cuarto con el mentón

—Por hoy tendrás todo el espacio para ti, jesusito.

Y cuando ya iba saliendo, agregó con absoluta seriedad:

—Y si te aburres… ahí tengo unos libros. Deberías leerlos.

lo dijo con una risilla que ocultó muy bien

José María lo quedó mirando completamente incrédulo.

—¿Tú lees?

Huerta se giró apenas desde la puerta.

—No. Los tengo de adorno..

Y salió antes de que José María pudiera responder.

El muchacho soltó una pequeña risa nasal.

Pero apenas la puerta se cerró… el silencio volvió a caer encima suyo

Y recién ahí tomó verdadera conciencia de dónde estaba

Solo

En medio del haras

En el cuarto de Huerta

José María miró lentamente alrededor

un quinque ..una lampara sencilla

Las botas embarradas junto a la pared

El olor a tierra y a madera

Todo tenía demasiado de Huerta

Y sinceramente…

eso resultaba un poco aterrador.

Porque el hombre parecía perfectamente capaz de esconder un cadáver bajo la cama… y seguir desayunando tranquilo

al día siguiente

José María tragó saliva

“ si Facundo me viera metida aqui

ahi si que adios relación”

Después miró hacia el pequeño montón de libros que Huerta había señalado

Y entonces vio los libros

O mejor dicho…

“los libros”.

Tomó primero un par de revistas de dudoso contenido educativo a juzgar por las portadas

José María levantó lentamente una ceja

riéndose entre dientes

Las volvió a dejar rápidamente antes de que Huerta apareciera y lo asesinara

sin mediar palabras

Después encontró una revista sobre caballos

Y finalmente un libro bastante más gastado.

Mitología griega

Eso sí logró sorprenderlo

José María se sentó nuevamente en la cama mientras lo abría con curiosidad

El libro tenía marcas, hojas dobladas y anotaciones pequeñas en los bordes.

Claramente había sido leído muchas veces.

Y entonces vio la dedicatoria en la primera página.

“Felicidades por tu cumpleaños, Cristian.

Me gusta ver cómo te esfuerzas día con día.

Esto es para ti. Guárdalo con el mismo cariño que te tenemos aquí.”

José María parpadeó apenas.

Más abajo estaba la firma.

“La señorita Milagros Rios …”

Se quedó inmóvil unos segundos.

Sorprendido de verdad.

—¿Él estudió con la mamá de Mirza…?

Aquello le pareció increíble.

una grata coincidencia.

otro de esos raros cruces extraños entre personas

que aparentemente no tenían relación alguna.

Pero por primera vez en muchos días…

aquella coincidencia no dolía

Al contrario

Le sacó una pequeña sonrisa

Porque entre tantos secretos horribles y recuerdos tristes…

descubrir algo bueno se sentía casi como respirar aliviado otra vez

José María al final

terminó quedándose dormido ahí mismo.

rato después despertó por el frio entonces vio en la mesita una botella de agua y un sándwich en su empaque junto a una nota

“ ven cuando puedas en serio

lo siento tanto ‘

firmada por toñita

sinceramente lo agradeció

comio con calma y

luego se tapó nuevamente

y se volvió a dormir

Estirado sobre la cama lo mejor que podía

todavía vestido y con el libro de mitología griega apoyado sobre el pecho

pero en algún momento de la noche

despertó

El cuarto estaba oscuro

Por reflejo buscó los lentes sobre el velador para ponerselos cuando distinguió una figura en el suelo

Y entonces lo vio

Huerta

Dormido

Completamente rendido sobre unas mantas improvisadas junto a la puerta

Y roncando además

José María se quedó inmóvil unos segundos.

Porque sinceramente… la escena se le hizo hasta tierna.

El hombre parecía demasiado grande para estar tirado así

en el piso.

Con una mano bajo la cabeza y el ceño fruncido incluso dormido.

José María se levantó despacio intentando no hacer ruido.

Buscó alrededor algo con qué taparlo porque la noche estaba helada.

Y terminó encontrando un chal de lana muy colorido

doblado sobre el ropero

Lo tomó apenas entre las manos.

“Seguro es de su abuela…”

Volvió hacia Huerta lentamente.

Y con cuidado terminó cubriéndolo.

Por un instante se quedó observándolo.

El rostro tostado por el sol.

La barba apenas marcada.

Ese gesto huraño que ni dormido desaparecía del todo.

Y sin darse cuenta permaneció ahí más tiempo del necesario.

Mirándolo

Entonces reaccionó de golpe




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