Regreso A Villalebu

CAPITULO 18

“ SI SIEMBRAS VIENTOS “

Ese sábado en la tarde

en la taberna se preparaban para una noche fuerte

Las mesas llenas, las voces cruzándose, risas altas, discusiones pequeñas que a veces solian escalar en algo

más grande en cualquier momento

El aire cargado de alcohol, humo y cansancio acumulado

se notaba en las caras

Lourdes iba de mesa en mesa.

Ágil. Atenta.

Tomando pedidos, esquivando manos demasiado confiadas, recibiendo propinas… y también halagos que de caballerosos tenían poco

Pero ella ya sabía moverse en ese mundo

Sabía cuándo sonreír. Cuándo ignorar. Y cuándo cortar de raíz.

En la barra, don Anselmo despachaba botellas con

su habitual rapidez

—¡Otro más de lo mismo! —gritó alguien.

—¡Voy! —respondió él, sin perder el ritmo.

Su producto estrella ,,el ron

La puerta se abrió

Huerta entró

El contraste con el ruido fue inmediato

él traía otro tipo de energía

pesada

Venía del haras

Y venía aburrido

Demasiado y vino solo porque

Habían quedado en hablar.

En terminar lo que había quedado pendiente

Su “bonita” lo vio

Y su expresión cambió apenas

—¿Y tú?… no te esperábamos hoy

El no respondió de inmediato

tomó asiento en la barra

Cansado.

—Estaba harto de estar encerrado… —murmuró—.

¡Además, tuve una semana de mierda !

Pausa

Miró a Anselmo

—Ahora sí… le acepto algo fuerte.

El hombre alzó una ceja, curioso acercando una botella

—¿No supiste?

Huerta giró el rostro

—¿Qué cosa?

Anselmo bajó un poco la voz

—Dicen que esos caballos del demonio otra vez andan sueltos… esta vez por las tierras sin dueño ..

El comentario quedó en el aire

Huerta tomó la botella

Iba a abrirla

pero se detuvo

recordó algo

mientras aparentaba indiferencia absoluta

bebiendo el trago

En toda la semana

no había visto movimiento en el punto norte

Nada

Salvo ese molesto de Pedro, yendo de un lado

a otro sin parar

Su gesto no cambió

pero más atento

más tenso esta vez

De pronto, se levantó

Buscó a Lourdes

ella llegó

La tomó del brazo Y la besó

Sin aviso

Sin suavidad

murmuró algo en medio

Un gesto que no era ternura… sino necesidad

Luego se separó apenas.

—Creo que te esperaré arriba…

Su voz bajó

—De verdad, mi bonita… hoy estoy agotado..

Soltó su mano

—¡Gracias, don Anselmo !

tomó la botella y empezó a avanzar hacia las escaleras

el hombre se enojó

—¡Oye, tú, bribón de quinta…¡ ven acá inmediatamente!

La voz de Anselmo lo detuvo a medio camino

El ambiente, ya era tenso

y Lourdes le dijo

cómo aquietando las aguas

_ no sé preocupe ¡este no tiene remedio !

el hombre le dijo

_ le cobraré la botella

¡ya no quiere contarme nada este pelmazo !

Lourdes solo sonrió

aunque de muy malas ganas

DURANTE ESA NOCHE

ya era pasada la medianoche

En el camino a san Roque con el cruce a la carretera

se podian distinguir

seis caballos , oscuros como la noche misma

corriendo en tropel

a toda velocidad cómo si la tierra misma tuviera que pedirles perdón por no estar a su altura

uno iba liderando

cerca ya

una casa ,no grande pero con establos y construcciónes aledañas quiza habitaciónes

los perros alrededor comenzaron a ladrar presagiando una noche larga

de esas que jamas terminan de pasar

luego

Los gritos llegaron

Desordenados. Cortados

De esos que no piden ayuda

porque ya saben que nadie va a llegar

Después vino el resto

El espanto.

El miedo

La violencia

Y el fuego

Como siempre

Como ya había pasado antes

La sorpresa duró poco

El terror… no ,ese era el convidado principal

Las llamas empezaron a levantarse en los bordes.

Las siluetas corrían

Los caballos relinchaban, desbocados

No importaba el saldo

Nunca importaba

La violencia tenía que ser total

Letal

Pero entonces

Un relincho distinto

fuerte

cerca

Uno de ellos apenas alcanzó a girar la cabeza cuando lo tuvo encima

El impacto fue seco

Cayó de bruces contra el suelo

El caballo pasó sobre él como una sombra viva

Rápido ,Preciso

Sin dudar

El hombre que cayó intentó incorporarse.

No alcanzó

Dos.

Tres golpes secos

entonces “sangre “

apareció sin aviso

Intentando hacer algo

Y entonces lo vio

Alto

Cubierto de oscuridad y sombra

moviendose entre ellos

Sus ojos

No eran normales

Había algo en su cara

cubierta por un paño oscuro

que no dejaban ver nada más

Algo que no pertenecía del todo a este mundo

Como esos relatos de invierno

Esos que se cuentan al calor del fuego

y que nadie quiere aventurarse a confirmar

El hombre retrocedió

Quiso escapar

no pudo.

Un golpe brutal en la espalda le arrancó el aire

Cayó de rodillas

Más allá

Uno de los suyos corría con una antorcha

Directo a los establos

El fuego

Otra vez el fuego

No había tiempo

Desde el muslo, casi por instinto, sacó la cuchilla.

No pensó

apuntó lo suficiente

la lanzó

El impacto fue limpio

El hombre de la antorcha se detuvo en seco.

cayó

La llama rodó por el suelo

Encendida

Peligrosa

Un silbido

Corto.

Los que aún podían moverse reaccionaron

Se levantaron como pudieron

Tambaleantes

Heridos

Asustados

Solo uno no

El de la cuchilla

En segundos, ya estaban sobre los caballos

Y se fueron

Cómo habían llegado




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