“ SI SIEMBRAS VIENTOS “
Ese sábado en la tarde
en la taberna se preparaban para una noche fuerte
Las mesas llenas, las voces cruzándose, risas altas, discusiones pequeñas que a veces solian escalar en algo
más grande en cualquier momento
El aire cargado de alcohol, humo y cansancio acumulado
se notaba en las caras
Lourdes iba de mesa en mesa.
Ágil. Atenta.
Tomando pedidos, esquivando manos demasiado confiadas, recibiendo propinas… y también halagos que de caballerosos tenían poco
Pero ella ya sabía moverse en ese mundo
Sabía cuándo sonreír. Cuándo ignorar. Y cuándo cortar de raíz.
En la barra, don Anselmo despachaba botellas con
su habitual rapidez
—¡Otro más de lo mismo! —gritó alguien.
—¡Voy! —respondió él, sin perder el ritmo.
Su producto estrella ,,el ron
La puerta se abrió
Huerta entró
El contraste con el ruido fue inmediato
él traía otro tipo de energía
pesada
Venía del haras
Y venía aburrido
Demasiado y vino solo porque
Habían quedado en hablar.
En terminar lo que había quedado pendiente
Su “bonita” lo vio
Y su expresión cambió apenas
—¿Y tú?… no te esperábamos hoy
El no respondió de inmediato
tomó asiento en la barra
Cansado.
—Estaba harto de estar encerrado… —murmuró—.
¡Además, tuve una semana de mierda !
Pausa
Miró a Anselmo
—Ahora sí… le acepto algo fuerte.
El hombre alzó una ceja, curioso acercando una botella
—¿No supiste?
Huerta giró el rostro
—¿Qué cosa?
Anselmo bajó un poco la voz
—Dicen que esos caballos del demonio otra vez andan sueltos… esta vez por las tierras sin dueño ..
El comentario quedó en el aire
Huerta tomó la botella
Iba a abrirla
pero se detuvo
recordó algo
mientras aparentaba indiferencia absoluta
bebiendo el trago
En toda la semana
no había visto movimiento en el punto norte
Nada
Salvo ese molesto de Pedro, yendo de un lado
a otro sin parar
Su gesto no cambió
pero más atento
más tenso esta vez
De pronto, se levantó
Buscó a Lourdes
ella llegó
La tomó del brazo Y la besó
Sin aviso
Sin suavidad
murmuró algo en medio
Un gesto que no era ternura… sino necesidad
Luego se separó apenas.
—Creo que te esperaré arriba…
Su voz bajó
—De verdad, mi bonita… hoy estoy agotado..
Soltó su mano
—¡Gracias, don Anselmo !
tomó la botella y empezó a avanzar hacia las escaleras
el hombre se enojó
—¡Oye, tú, bribón de quinta…¡ ven acá inmediatamente!
La voz de Anselmo lo detuvo a medio camino
El ambiente, ya era tenso
y Lourdes le dijo
cómo aquietando las aguas
_ no sé preocupe ¡este no tiene remedio !
el hombre le dijo
_ le cobraré la botella
¡ya no quiere contarme nada este pelmazo !
Lourdes solo sonrió
aunque de muy malas ganas
DURANTE ESA NOCHE
ya era pasada la medianoche
En el camino a san Roque con el cruce a la carretera
se podian distinguir
seis caballos , oscuros como la noche misma
corriendo en tropel
a toda velocidad cómo si la tierra misma tuviera que pedirles perdón por no estar a su altura
uno iba liderando
cerca ya
una casa ,no grande pero con establos y construcciónes aledañas quiza habitaciónes
los perros alrededor comenzaron a ladrar presagiando una noche larga
de esas que jamas terminan de pasar
luego
Los gritos llegaron
Desordenados. Cortados
De esos que no piden ayuda
porque ya saben que nadie va a llegar
Después vino el resto
El espanto.
El miedo
La violencia
Y el fuego
Como siempre
Como ya había pasado antes
La sorpresa duró poco
El terror… no ,ese era el convidado principal
Las llamas empezaron a levantarse en los bordes.
Las siluetas corrían
Los caballos relinchaban, desbocados
No importaba el saldo
Nunca importaba
La violencia tenía que ser total
Letal
Pero entonces
Un relincho distinto
fuerte
cerca
Uno de ellos apenas alcanzó a girar la cabeza cuando lo tuvo encima
El impacto fue seco
Cayó de bruces contra el suelo
El caballo pasó sobre él como una sombra viva
Rápido ,Preciso
Sin dudar
El hombre que cayó intentó incorporarse.
No alcanzó
Dos.
Tres golpes secos
entonces “sangre “
apareció sin aviso
Intentando hacer algo
Y entonces lo vio
Alto
Cubierto de oscuridad y sombra
moviendose entre ellos
Sus ojos
No eran normales
Había algo en su cara
cubierta por un paño oscuro
que no dejaban ver nada más
Algo que no pertenecía del todo a este mundo
Como esos relatos de invierno
Esos que se cuentan al calor del fuego
y que nadie quiere aventurarse a confirmar
El hombre retrocedió
Quiso escapar
no pudo.
Un golpe brutal en la espalda le arrancó el aire
Cayó de rodillas
Más allá
Uno de los suyos corría con una antorcha
Directo a los establos
El fuego
Otra vez el fuego
No había tiempo
Desde el muslo, casi por instinto, sacó la cuchilla.
No pensó
apuntó lo suficiente
la lanzó
El impacto fue limpio
El hombre de la antorcha se detuvo en seco.
cayó
La llama rodó por el suelo
Encendida
Peligrosa
Un silbido
Corto.
Los que aún podían moverse reaccionaron
Se levantaron como pudieron
Tambaleantes
Heridos
Asustados
Solo uno no
El de la cuchilla
En segundos, ya estaban sobre los caballos
Y se fueron
Cómo habían llegado