Regreso A Villalebu

CAPITULO 43

SEGUNDA PARTE

" EL PASADO DESPIERTA "

“ CONSUELOS “

Mucho rato después, cuando la tensión ya había empezado

a disiparse y las conversaciones se habían vuelto más suaves, Tambien fue qué comenzaron a irse todos

La casa de Antonio volvía lentamente a su calma habitual, aunque nadie realmente era el mismo que antes

de aquel día.

Mirza regresó con el libro en las manos.

Se lo entregó a José María con cuidado.

—Perdón… es que me quedé mostrándoselo a Octavio. De verdad fue muy emotivo… no veía algo relacionado con mi mamá en años..

José María lo tomó despacio

Como si también le costara devolverse a la realidad

Asintió apenas

—Fue un regalo de ella para Huerta en su cumpleaños…

en algún momento de su niñez fue alumno de tus papás

Mirza bajó la vista hacia la portada otra vez, acariciándola

con los dedos.

Había algo en ese objeto que la dejaba vulnerable.

Más de lo que quería admitir

—¿Por qué no habrá querido venir? —preguntó en voz baja.

José María soltó una pequeña risa, cansada pero sincera.

—Deberías alegrarte… todavía estoy aquí. Si no, no la cuento _ intento reir pero no pudo

Mirza lo miró de reojo y terminó riendo también.

Una risa suave, sincera, de esas que aparecen después

del miedo

—Me alegro mucho que volvieras —dijo tomandole la mano finalmente, con honestidad absoluta.

Hizo una pausa breve

Y añadió, casi como si fuera una idea espontánea:

—Y cuando puedas… invítalo ¿ ya ?

José María asintió

Sin prometer demasiado

conociendo a Huerta

sabía bien que no lo haría

En el patio, Antonio finalmente respiraba con calma

Todos los suyos estaban en casa

Y, juntos.

El caos parecía haber quedado atrás, aunque todavía

se sentía la preocupación en cada rincón

Emiliano se ajustó la chaqueta, ya listo para marcharse

—Voy a despedirme de José María y me retiro…¡ vaya día !

Antonio asintió despacio.

—Sí… pero al menos ha valido la pena

gracias de nuevo..

Miró hacia la casa, como si aún no terminara de entender

lo que había ocurrido.

—Mi hija sabes .. hoy la vi como una rosa abriéndose en primavera. Me cuesta aún aceptarlo, Emiliano… pero mi hija ama a… ¡ese !

él médico soltó una leve sonrisa, cansada pero comprensiva

—Octavio, Antonio. Se llama Octavio..

El hombre cerró los ojos un instante, exhalando con peso.

—Lo sé… pero me va a costar mucho..

No era rechazo solamente.

Era miedo

Esa historia

Emiliano le dio un abrazo breve, firme.

—Lo sé. Pero lo vas a hacer bien , Oviedo… y Mirza va a ser una buena mujer. Como lo fue Milagros… ya lo verás, mi amigo

Antonio no respondió de inmediato.

Solo observó cómo él volvía a entrar a la casa.

Y se permitió pensar que tal vez, solo tal vez, sus temores

no eran una sentencia inevitable

solo pudo decir en un rezo profundo

y con una suplica hacia lo alto

_ dios por favor no quiero

equivocarme otra vez …

En la calma de la noche, cuando la casa ya había recuperado su silencio habitual, José María se levantó de la cama cerró

la puerta de su cuarto con seguro y con suavidad

Frente al espejo, se quedó un momento sin hacer nada

Solo mirando

Lento, casi sin darse cuenta, comenzó a desarmarse de todo lo que traía encima de ese día.

Los lentes quedaron sobre el mueble.

La ropa cayó sobre la cama

La maleta quedó abierta, a medio camino entre el orden

y el abandono

el silencio

ese silencio pesado otra vez

la envolvió por completo

Respiró hondo

En horas , sintio que no podía disfrazar sus emociones

Se miró otra vez en el espejo

Y como no tenía los lentes

ya no era José María

Era Támara

El cambio no era externo solamente

Era algo más profundo. ,frágil.

Su rostro estaba apagado

Como si algo se hubiera corrido apenas unos milímetros dentro de ella… pero suficientes para cambiarlo todo

Y entonces llegó el pensamiento inevitable

e Incómodo.

“Esto fue duro…”

Pero enseguida lo corrigió en su propia mente

Porque no podía compararlo.

No con Ricardo.

Lo de Ricardo había sido otra cosa

Terrible

Violento

Lo suyo… había sido distinto

pero aún así temia estar rompiendose por dentro

Facundo no había hecho más que intentar

“ regresarla”

no quería compartirla menos con alguien que no existía

de lo otro prefirió no acordarse

eso ya era suficiente para ensuciar todo

y ponerla peor

y si lo hacia Facundo ganaría

y eso era

algo que ella no quería

que aún estando lejos

tuviera esa victoria

Y luego estaba lo otro

La pregunta que más le pesaba

¿Por qué había seguido el plan absurdo de la “princesa de papi”?

¿Qué estaba pensando acaso?

Lo peor no era el error

Era la conciencia del error

Y más aún…

recordar que había sido Toñita, apenas una niña, quien había señalado el peligro primero.

Eso le dolía

era Humillante, incluso.

Se pasó una mano por el rostro, frustrada.

Y entonces llegó otro pensamiento, más incómodo todavía.

El deseo desesperado, casi infantil, de que Huerta apareciera.

Como si él tuviera alguna respuesta

Como si pudiera ordenar algo

en ese caos en el que se metió

Támara cerró los ojos un instante

preguntadose

“¿Qué tiene que ver Huerta con todo esto…?”

Volvió a mirarse en el espejo

Y esta vez sí apartó la vista

Porque no le gustó lo que veía.

No era solo cansancio

o solo miedo

Era otra cosa

profunda

y difícil de nombrar

Una palabra que evitó durante todo el día y




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