SEGUNDA PARTE
" EL PASADO DESPIERTA "
“ CONSUELOS “
Mucho rato después, cuando la tensión ya había empezado
a disiparse y las conversaciones se habían vuelto más suaves, Tambien fue qué comenzaron a irse todos
La casa de Antonio volvía lentamente a su calma habitual, aunque nadie realmente era el mismo que antes
de aquel día.
Mirza regresó con el libro en las manos.
Se lo entregó a José María con cuidado.
—Perdón… es que me quedé mostrándoselo a Octavio. De verdad fue muy emotivo… no veía algo relacionado con mi mamá en años..
José María lo tomó despacio
Como si también le costara devolverse a la realidad
Asintió apenas
—Fue un regalo de ella para Huerta en su cumpleaños…
en algún momento de su niñez fue alumno de tus papás
Mirza bajó la vista hacia la portada otra vez, acariciándola
con los dedos.
Había algo en ese objeto que la dejaba vulnerable.
Más de lo que quería admitir
—¿Por qué no habrá querido venir? —preguntó en voz baja.
José María soltó una pequeña risa, cansada pero sincera.
—Deberías alegrarte… todavía estoy aquí. Si no, no la cuento _ intento reir pero no pudo
Mirza lo miró de reojo y terminó riendo también.
Una risa suave, sincera, de esas que aparecen después
del miedo
—Me alegro mucho que volvieras —dijo tomandole la mano finalmente, con honestidad absoluta.
Hizo una pausa breve
Y añadió, casi como si fuera una idea espontánea:
—Y cuando puedas… invítalo ¿ ya ?
José María asintió
Sin prometer demasiado
conociendo a Huerta
sabía bien que no lo haría
En el patio, Antonio finalmente respiraba con calma
Todos los suyos estaban en casa
Y, juntos.
El caos parecía haber quedado atrás, aunque todavía
se sentía la preocupación en cada rincón
Emiliano se ajustó la chaqueta, ya listo para marcharse
—Voy a despedirme de José María y me retiro…¡ vaya día !
Antonio asintió despacio.
—Sí… pero al menos ha valido la pena
gracias de nuevo..
Miró hacia la casa, como si aún no terminara de entender
lo que había ocurrido.
—Mi hija sabes .. hoy la vi como una rosa abriéndose en primavera. Me cuesta aún aceptarlo, Emiliano… pero mi hija ama a… ¡ese !
él médico soltó una leve sonrisa, cansada pero comprensiva
—Octavio, Antonio. Se llama Octavio..
El hombre cerró los ojos un instante, exhalando con peso.
—Lo sé… pero me va a costar mucho..
No era rechazo solamente.
Era miedo
Esa historia
Emiliano le dio un abrazo breve, firme.
—Lo sé. Pero lo vas a hacer bien , Oviedo… y Mirza va a ser una buena mujer. Como lo fue Milagros… ya lo verás, mi amigo
Antonio no respondió de inmediato.
Solo observó cómo él volvía a entrar a la casa.
Y se permitió pensar que tal vez, solo tal vez, sus temores
no eran una sentencia inevitable
solo pudo decir en un rezo profundo
y con una suplica hacia lo alto
_ dios por favor no quiero
equivocarme otra vez …
En la calma de la noche, cuando la casa ya había recuperado su silencio habitual, José María se levantó de la cama cerró
la puerta de su cuarto con seguro y con suavidad
Frente al espejo, se quedó un momento sin hacer nada
Solo mirando
Lento, casi sin darse cuenta, comenzó a desarmarse de todo lo que traía encima de ese día.
Los lentes quedaron sobre el mueble.
La ropa cayó sobre la cama
La maleta quedó abierta, a medio camino entre el orden
y el abandono
el silencio
ese silencio pesado otra vez
la envolvió por completo
Respiró hondo
En horas , sintio que no podía disfrazar sus emociones
Se miró otra vez en el espejo
Y como no tenía los lentes
ya no era José María
Era Támara
El cambio no era externo solamente
Era algo más profundo. ,frágil.
Su rostro estaba apagado
Como si algo se hubiera corrido apenas unos milímetros dentro de ella… pero suficientes para cambiarlo todo
Y entonces llegó el pensamiento inevitable
e Incómodo.
“Esto fue duro…”
Pero enseguida lo corrigió en su propia mente
Porque no podía compararlo.
No con Ricardo.
Lo de Ricardo había sido otra cosa
Terrible
Violento
Lo suyo… había sido distinto
pero aún así temia estar rompiendose por dentro
Facundo no había hecho más que intentar
“ regresarla”
no quería compartirla menos con alguien que no existía
de lo otro prefirió no acordarse
eso ya era suficiente para ensuciar todo
y ponerla peor
y si lo hacia Facundo ganaría
y eso era
algo que ella no quería
que aún estando lejos
tuviera esa victoria
Y luego estaba lo otro
La pregunta que más le pesaba
¿Por qué había seguido el plan absurdo de la “princesa de papi”?
¿Qué estaba pensando acaso?
Lo peor no era el error
Era la conciencia del error
Y más aún…
recordar que había sido Toñita, apenas una niña, quien había señalado el peligro primero.
Eso le dolía
era Humillante, incluso.
Se pasó una mano por el rostro, frustrada.
Y entonces llegó otro pensamiento, más incómodo todavía.
El deseo desesperado, casi infantil, de que Huerta apareciera.
Como si él tuviera alguna respuesta
Como si pudiera ordenar algo
en ese caos en el que se metió
Támara cerró los ojos un instante
preguntadose
“¿Qué tiene que ver Huerta con todo esto…?”
Volvió a mirarse en el espejo
Y esta vez sí apartó la vista
Porque no le gustó lo que veía.
No era solo cansancio
o solo miedo
Era otra cosa
profunda
y difícil de nombrar
Una palabra que evitó durante todo el día y