Regreso A Villalebu

CAPÍTULO 16

“FAVOR ENTRE AMIGAS “

Casa de doña Hilda

Toñita y Minerva compartían la habitación.

Una de pie, frente al espejo, cepillando su perfecto cabello con dedicación casi obsesiva.

La otra, recostada, hojeaba revistas de vestidos de novia, pasando las páginas con un interés más bien superficial.

El comentario era inevitable.

—Están bonitos…¡ pero habrá que ver quién se logra casar primero !

Toñita sonrió apenas, sin dejar de mirarse en el espejo.

—Yo no tengo prisa… apenas voy a cumplir dieciocho

en agosto con mi hermano..

Minerva bostezó, aburrida

—Y yo creo que te saldrán raíces. Aquí no hay mucho donde elegir por lo que veo ..

Toñita dejó de cepillarle el pelo por un segundo

Su expresión no cambió demasiado, pero su voz sí tuvo algo más firme.

—No necesito tantos… solo quiero a uno

Pausa.

—Tú sabes bien a quién

Minerva ladeó la cabeza, como si fuera a responder

Pero no alcanzó.

Golpes suaves en la puerta

—¿Toñita… se puede?

ella giró el rostro

—Pasa, Carmelita

Minerva hizo un gesto de molestia por

el grito

La puerta se abrió con cuidado

Carmelita entró apenas lo justo.

Minerva la miró de arriba abajo, con una curiosidad poco disimulada

—¿Te dejó salir Jacinta?

Carmelita asintió

—Sí…bueno solo un rato

Dudó un momento.

Luego juntó un poco las manos, nerviosa.

—Quería pedirte un favor… bueno, dos… si se puede

El ambiente cambió apenas

toñita le ofreció sentarse

la niña intentó no verse más nerviosa de lo

que ya estaba

Luego de casi diez minutos, Carmelita se iba

El nervio… algo más aliviado

Aunque no del todo.

Mentir no iba con ella Nunca le había gustado.

Le dejaba un peso raro en el pecho, como si algo molestara

Pero esta vez…

Esta vez quería hacerlo

De verdad quería ir a San Martín

Aunque fuera por una sola vez

Sentirse bien consigo misma

Sentirse señorita… y no solo la que lava la loza

y acarrea bandejas

No tenía nada de malo

Pero aun así… a ratos le pesaba

en especial por la vida que le esperaba

a futuro

Casa de doña Hilda

—¡Estás loca!

La voz de Minerva rompió el aire sin suavidad

—No puedes hacer eso… Toñita va a salir con

el que te gusta. Ten amor propio, ¿no?

Toñita giró hacia ella

Esta vez no sonrió

Se puso firme

—A ver, señorita perfecta, primero: Ricardo y yo no somos nada… todavía..

Pausa

le sostuvo la mirada.

—Segundo, esta es una salida que le han pedido hace mucho tiempo

Minerva alzó una ceja, poco convencida

Pero Toñita no retrocedió.

—Y además… voy yo porque, de otra manera

Jacinta no la dejaría ir !

y Minerva

_ de verdad no tienes remedio…

ladeo su cara volviendo a las revistas

No era solo una salida

Y, como todas en ese lugar sabian

de sobra tenía consecuencias.

Minerva sólo meneó la cabeza.

—Lo dicho… estás loca !

Toñita no se inmutó.

—No eres el mejor ejemplo… aunque te entiendo. Mucho a ti… y a Mirza

Minerva ladeó la cara.

Luego alzó la ceja, molesta.

—A mí no me compares con la santurrona Oviedo . Yo soy otra cosa muy distinta

Toñita soltó una leve risa, sin alegría.

—Sí… claro.

Se cruzó de brazos.

—Si tu papá no fuera el delegado provincial, estarías en la misma condición que todos acá. Incluso… si no fueran amigos con el padre de Octavio

Pausa.

La miró directo.

—Ah, Minerva, Minerva… deja de hacerte la inalcanzable.

Su voz bajó apenas, pero fue más firme.

—Solo alejas a los que te quieren de ve

minerva no dijo más

Toñita tomó el cepillo nuevamente y, sin pedir permiso, empezó a cepillar el cabello de su amiga

El gesto era suave

Casi contradictorio con la dureza del rostro

de Minerva y toñita

—Yo sé que algún día Ricardo se va a dar cuenta de lo que siento… y sí… va a mirarme como yo lo veo a él

Minerva dejó escapar una pequeña risa, cargada de ironía.

—Eso será solo si dejas esa necedad tuya de no sacarte partido, Toñita

Pausa.

La miró de reojo

—Te lo he dicho tanto eres muy bonita… pero así como vas…

Dejó la frase colgando un segundo.

Luego remató, sin suavizar.

—Ahora hasta Carmelita te ganaria

Toñita no se dejó afectar del todo

Apretó apenas el cepillo entre los dedos y respondió con una calma que no era debilidad.

—Sí… pero yo no quiero cambiar. Quiero que Ricardo me quiera por lo que soy… que aprecie mi manera de ser

Pausab

—Mi naturaleza

Bajó un poco la voz.

—¿De qué me sirve ponerme tan linda si no me va a reconocer?

No sonaba ilógico

Al contrario

Había algo honesto ahí

Algo que no necesitaba adornos

Luego, como si necesitara afirmarse, añadió:

—Todas las personas somos especiales y únicas… tú, Octavio, Ricardo… el odioso de mi hermano… hasta ese muchacho, José María…

Minerva soltó una risa corta

—¿Quién?… ¿el remedo de hombre ese ?

—¡Minerva!

Toñita le dio un golpe suave con el cepillo

ella casi grito

—ya cálmate, loca..

toñita seguía sonriendo.

—Deberías tratarlo… es encantador, es universitario…

y además viene de Europa !

Minerva arqueó una ceja

—¿Europa?

Las muchachas no se percataron de algo.

Doña Hilda estaba al otro lado de la puerta

Con la oreja pegada.

Escuchando todo.

Y al oír a Toñita hablar con tanto entusiasmo…

algo se le encendió.

Fue directo al cuarto de Damián.

—¡Hijo, hijo!

Golpeó la puerta sin mucha paciencia.

Damián abrió, aún medio dormido.

El rostro cargado de sueño.

—¿Qué pasa…?

Doña Hilda bajó la voz, como si compartiera un secreto importante.




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