“FAVOR ENTRE AMIGAS “
Casa de doña Hilda
Toñita y Minerva compartían la habitación.
Una de pie, frente al espejo, cepillando su perfecto cabello con dedicación casi obsesiva.
La otra, recostada, hojeaba revistas de vestidos de novia, pasando las páginas con un interés más bien superficial.
El comentario era inevitable.
—Están bonitos…¡ pero habrá que ver quién se logra casar primero !
Toñita sonrió apenas, sin dejar de mirarse en el espejo.
—Yo no tengo prisa… apenas voy a cumplir dieciocho
en agosto con mi hermano..
Minerva bostezó, aburrida
—Y yo creo que te saldrán raíces. Aquí no hay mucho donde elegir por lo que veo ..
Toñita dejó de cepillarle el pelo por un segundo
Su expresión no cambió demasiado, pero su voz sí tuvo algo más firme.
—No necesito tantos… solo quiero a uno
Pausa.
—Tú sabes bien a quién
Minerva ladeó la cabeza, como si fuera a responder
Pero no alcanzó.
Golpes suaves en la puerta
—¿Toñita… se puede?
ella giró el rostro
—Pasa, Carmelita
Minerva hizo un gesto de molestia por
el grito
La puerta se abrió con cuidado
Carmelita entró apenas lo justo.
Minerva la miró de arriba abajo, con una curiosidad poco disimulada
—¿Te dejó salir Jacinta?
Carmelita asintió
—Sí…bueno solo un rato
Dudó un momento.
Luego juntó un poco las manos, nerviosa.
—Quería pedirte un favor… bueno, dos… si se puede
El ambiente cambió apenas
toñita le ofreció sentarse
la niña intentó no verse más nerviosa de lo
que ya estaba
Luego de casi diez minutos, Carmelita se iba
El nervio… algo más aliviado
Aunque no del todo.
Mentir no iba con ella Nunca le había gustado.
Le dejaba un peso raro en el pecho, como si algo molestara
Pero esta vez…
Esta vez quería hacerlo
De verdad quería ir a San Martín
Aunque fuera por una sola vez
Sentirse bien consigo misma
Sentirse señorita… y no solo la que lava la loza
y acarrea bandejas
No tenía nada de malo
Pero aun así… a ratos le pesaba
en especial por la vida que le esperaba
a futuro
Casa de doña Hilda
—¡Estás loca!
La voz de Minerva rompió el aire sin suavidad
—No puedes hacer eso… Toñita va a salir con
el que te gusta. Ten amor propio, ¿no?
Toñita giró hacia ella
Esta vez no sonrió
Se puso firme
—A ver, señorita perfecta, primero: Ricardo y yo no somos nada… todavía..
Pausa
le sostuvo la mirada.
—Segundo, esta es una salida que le han pedido hace mucho tiempo
Minerva alzó una ceja, poco convencida
Pero Toñita no retrocedió.
—Y además… voy yo porque, de otra manera
Jacinta no la dejaría ir !
y Minerva
_ de verdad no tienes remedio…
ladeo su cara volviendo a las revistas
No era solo una salida
Y, como todas en ese lugar sabian
de sobra tenía consecuencias.
Minerva sólo meneó la cabeza.
—Lo dicho… estás loca !
Toñita no se inmutó.
—No eres el mejor ejemplo… aunque te entiendo. Mucho a ti… y a Mirza
Minerva ladeó la cara.
Luego alzó la ceja, molesta.
—A mí no me compares con la santurrona Oviedo . Yo soy otra cosa muy distinta
Toñita soltó una leve risa, sin alegría.
—Sí… claro.
Se cruzó de brazos.
—Si tu papá no fuera el delegado provincial, estarías en la misma condición que todos acá. Incluso… si no fueran amigos con el padre de Octavio
Pausa.
La miró directo.
—Ah, Minerva, Minerva… deja de hacerte la inalcanzable.
Su voz bajó apenas, pero fue más firme.
—Solo alejas a los que te quieren de ve
minerva no dijo más
Toñita tomó el cepillo nuevamente y, sin pedir permiso, empezó a cepillar el cabello de su amiga
El gesto era suave
Casi contradictorio con la dureza del rostro
de Minerva y toñita
—Yo sé que algún día Ricardo se va a dar cuenta de lo que siento… y sí… va a mirarme como yo lo veo a él
Minerva dejó escapar una pequeña risa, cargada de ironía.
—Eso será solo si dejas esa necedad tuya de no sacarte partido, Toñita
Pausa.
La miró de reojo
—Te lo he dicho tanto eres muy bonita… pero así como vas…
Dejó la frase colgando un segundo.
Luego remató, sin suavizar.
—Ahora hasta Carmelita te ganaria
Toñita no se dejó afectar del todo
Apretó apenas el cepillo entre los dedos y respondió con una calma que no era debilidad.
—Sí… pero yo no quiero cambiar. Quiero que Ricardo me quiera por lo que soy… que aprecie mi manera de ser
Pausab
—Mi naturaleza
Bajó un poco la voz.
—¿De qué me sirve ponerme tan linda si no me va a reconocer?
No sonaba ilógico
Al contrario
Había algo honesto ahí
Algo que no necesitaba adornos
Luego, como si necesitara afirmarse, añadió:
—Todas las personas somos especiales y únicas… tú, Octavio, Ricardo… el odioso de mi hermano… hasta ese muchacho, José María…
Minerva soltó una risa corta
—¿Quién?… ¿el remedo de hombre ese ?
—¡Minerva!
Toñita le dio un golpe suave con el cepillo
ella casi grito
—ya cálmate, loca..
toñita seguía sonriendo.
—Deberías tratarlo… es encantador, es universitario…
y además viene de Europa !
Minerva arqueó una ceja
—¿Europa?
Las muchachas no se percataron de algo.
Doña Hilda estaba al otro lado de la puerta
Con la oreja pegada.
Escuchando todo.
Y al oír a Toñita hablar con tanto entusiasmo…
algo se le encendió.
Fue directo al cuarto de Damián.
—¡Hijo, hijo!
Golpeó la puerta sin mucha paciencia.
Damián abrió, aún medio dormido.
El rostro cargado de sueño.
—¿Qué pasa…?
Doña Hilda bajó la voz, como si compartiera un secreto importante.