“ COMPAÑEROS”
Al otro día, en el despacho, don Baltazar estaba completamente perplejo mirándolo hablar
—Vaya… esto es serio, entonces… pero claro, no hay problema. Puedes quedarte. Solo que tendrá que ser con Huerta,
ya que el único cuarto vacío es el de Pedro
y Joel no quiere que lo toquen !
El muchacho soltó un suspiro discreto,
intentando no parecer malagradecido
Pero el hombre volvió a hablar antes de que
pudiera responder
—¿No prefieres que hable por ti con tu tío?
Él negó de inmediato
—No… además, él espera que actúe como hombre.
¡Y es lo que pienso hacer !
un atisbo de orgullo en sus palabras
Camacho sonrió apenas.
—Bien. Entonces está acordado. Después hablaré
con Huerta. Por ahora… ven y atiende esto…
Y nuevamente los libros quedaron abiertos sobre la mesa
Jose empezó con su trabajo
Para Baltazar Camacho, cada día ese niño
le sorprendía más sólo concluía evitando la risa
“Quiere hacerse el grande… pero solo es un gato entumido.”
Se rascó la cabeza, todavía sin entender del todo cómo
un chico tan correcto podía verse al mismo tiempo
envuelto en tantos lios
Mientras tanto, Huerta estaba en los establos
haciendo sus cosas
Limpiando. Revisando herramientas.
dando instrucciones cortas a los peones.
Pero, por momentos, pensaba en ello
No le caía mal el muchacho
De hecho, era bastante más ordenado que
él mismo pero…
No era hombre de compartir espacios
Siempre había estado solo. Nunca tuvo hermanos ni amigos que llevaran días enteros metidos en su casa. le gustaba
la paz
El orden a su manera. poder entrar a su pieza sin pensar
en nadie ni nada
Entonces… ¿cómo demonios se suponía que uno se adaptaba a una compañía caída de la nada?
De verdad se lo preguntaba muy en serio
Y, para empeorar las cosas, sospechaba que el muchacho tampoco sabía cómo convivir con alguien como él.
Eso le arrancó una pequeña mueca resignada.
Porque, probablemente, los dos estaban igual de incómodos
En eso apareció don Baltazar desde el corredor.
—¡Huerta… ven acá!
Y el hombre soltó un suspiro cansado apenas lo escuchó.
“¿Ahora qué…?”
Se acercó limpiándose las manos en el pantalón, todavía
con evidente fastidio.
Baltazar rato después terminó de explicarle
la situación completa, Huerta lo miró sin entender.
—¿De verdad le dijo eso?
Ambos quedaron igual de perplejos.
Aunque el capataz y socio de Lineros habló con más cautela después de unos segundos.
—Dale unos días más. Voy a ir personalmente a hablar
a su casa. De seguro don Antonio será compasivo y dejará
el enojo… de verdad me parece impensable que un hombre como él haya echado a ese crío a la calle…
Y Huerta resopló con ironía.
—No…capaz y se aburrió de su risa irritante..
Baltazar soltó una carcajada sincera
—Bien… vuelve a lo tuyo, Huerta..
Lo vio alejarse nuevamente hacia los establos.
Y mientras caminaba, Huerta ya podía imaginar las futuras burlas del resto cuando se enteraran.
“Maldito citadino…”
Pensó con fastidio, pateando distraídamente una piedra
del camino.
Aunque, muy en el fondo, seguía sin entender cómo alguien tan insoportable podía dar tanta lástima al mismo tiempo
De hecho, ya era hora de salida.
A José María no le extrañó no ver a don Joel en el haras
Lo que sí le sorprendió fue encontrarse con doña Mercedes entrando a la oficina principal.
Venía a ver a don Baltazar.
Y apenas lo vio sentado entre libros y papeles, la mujer
no pudo evitar agriar el rostro
José María lo notó de inmediato.
Sin decir absolutamente nada, cerró los libros con cuidado
y salió de la oficina evitando siquiera mirarla
Unos minutos después, Baltazar salió desde el despacho
de Joel con un sobre café y grueso entre las manos.
Por el peso, parecía ser dinero
—Tenga, Mercedes… dígame, ¿cómo están las cosas allá?
Pero la mujer no respondió enseguida.
Tomó asiento lentamente, acomodándose con rigidez antes de levantar la vista hacia él
—Creí que me había hecho caso en sacar a ese niño
de aquí, don Baltazar..
El hombre tomó aire con paciencia
tocándose el puente de la naríz
para decirle
—Yo la respeto mucho, doña Mercedes… pero a Joel mucho más. Y él mismo no quiere sacarlo. No comparto del todo
sus razones, ¡pero él es quien manda !
Guardó silencio unos segundos antes de cambiar deliberadamente el tema.
—Cuénteme mejor… ¿cómo están mi ahijado… y mi niña Carmelita?
La mujer apenas dejó ver una mueca de frustración.
Porque entendió perfectamente que Baltazar no iba
a seguir discutiendo el asunto
Luego de un rato, doña Mercedes salió de la oficina con
el dinero que Lineros había pedido con urgencia.
ella era una mujer de absoluta confianza
para Joel.
Y en ese lugar, al menos, el dinero no corría peligro alguno
Fue entonces cuando lo vio.
José María estaba apoyado sobre la reja exterior, esperando quién sabía qué.
La mujer se detuvo apenas unos segundos.
Y al mirarlo, no pudo ocultar el profundo encono de su voz.
—Estarás contento, ¿no?... Mira lo que has causado..
José María bajó la vista un instante
Miró la tierra. La reja. Y luego volvió a clavar esos ojos oscuros y tranquilos sobre los claros ojos de la mujer.
—Vaya… cualquiera que la escuche diría que soy más poderoso que su patrón… y no un simple don nadie !
Mercedes respondió sin ningún filtro.
—No sé de dónde diablos saliste… ¡pero te juró que a la Casa Grande no vuelves !
Y José María tuvo que hacer un esfuerzo casi heroico
para no reírse en su cara