Regreso A Villalebu

CAPITULO 34

“ COMPAÑEROS”

Al otro día, en el despacho, don Baltazar estaba completamente perplejo mirándolo hablar

—Vaya… esto es serio, entonces… pero claro, no hay problema. Puedes quedarte. Solo que tendrá que ser con Huerta,

ya que el único cuarto vacío es el de Pedro

y Joel no quiere que lo toquen !

El muchacho soltó un suspiro discreto,

intentando no parecer malagradecido

Pero el hombre volvió a hablar antes de que

pudiera responder

—¿No prefieres que hable por ti con tu tío?

Él negó de inmediato

—No… además, él espera que actúe como hombre.

¡Y es lo que pienso hacer !

un atisbo de orgullo en sus palabras

Camacho sonrió apenas.

—Bien. Entonces está acordado. Después hablaré

con Huerta. Por ahora… ven y atiende esto…

Y nuevamente los libros quedaron abiertos sobre la mesa

Jose empezó con su trabajo

Para Baltazar Camacho, cada día ese niño

le sorprendía más sólo concluía evitando la risa

“Quiere hacerse el grande… pero solo es un gato entumido.”

Se rascó la cabeza, todavía sin entender del todo cómo

un chico tan correcto podía verse al mismo tiempo

envuelto en tantos lios

Mientras tanto, Huerta estaba en los establos

haciendo sus cosas

Limpiando. Revisando herramientas.

dando instrucciones cortas a los peones.

Pero, por momentos, pensaba en ello

No le caía mal el muchacho

De hecho, era bastante más ordenado que

él mismo pero…

No era hombre de compartir espacios

Siempre había estado solo. Nunca tuvo hermanos ni amigos que llevaran días enteros metidos en su casa. le gustaba

la paz

El orden a su manera. poder entrar a su pieza sin pensar

en nadie ni nada

Entonces… ¿cómo demonios se suponía que uno se adaptaba a una compañía caída de la nada?

De verdad se lo preguntaba muy en serio

Y, para empeorar las cosas, sospechaba que el muchacho tampoco sabía cómo convivir con alguien como él.

Eso le arrancó una pequeña mueca resignada.

Porque, probablemente, los dos estaban igual de incómodos

En eso apareció don Baltazar desde el corredor.

—¡Huerta… ven acá!

Y el hombre soltó un suspiro cansado apenas lo escuchó.

“¿Ahora qué…?”

Se acercó limpiándose las manos en el pantalón, todavía

con evidente fastidio.

Baltazar rato después terminó de explicarle

la situación completa, Huerta lo miró sin entender.

—¿De verdad le dijo eso?

Ambos quedaron igual de perplejos.

Aunque el capataz y socio de Lineros habló con más cautela después de unos segundos.

—Dale unos días más. Voy a ir personalmente a hablar

a su casa. De seguro don Antonio será compasivo y dejará

el enojo… de verdad me parece impensable que un hombre como él haya echado a ese crío a la calle…

Y Huerta resopló con ironía.

—No…capaz y se aburrió de su risa irritante..

Baltazar soltó una carcajada sincera

—Bien… vuelve a lo tuyo, Huerta..

Lo vio alejarse nuevamente hacia los establos.

Y mientras caminaba, Huerta ya podía imaginar las futuras burlas del resto cuando se enteraran.

“Maldito citadino…”

Pensó con fastidio, pateando distraídamente una piedra

del camino.

Aunque, muy en el fondo, seguía sin entender cómo alguien tan insoportable podía dar tanta lástima al mismo tiempo

De hecho, ya era hora de salida.

A José María no le extrañó no ver a don Joel en el haras

Lo que sí le sorprendió fue encontrarse con doña Mercedes entrando a la oficina principal.

Venía a ver a don Baltazar.

Y apenas lo vio sentado entre libros y papeles, la mujer

no pudo evitar agriar el rostro

José María lo notó de inmediato.

Sin decir absolutamente nada, cerró los libros con cuidado

y salió de la oficina evitando siquiera mirarla

Unos minutos después, Baltazar salió desde el despacho

de Joel con un sobre café y grueso entre las manos.

Por el peso, parecía ser dinero

—Tenga, Mercedes… dígame, ¿cómo están las cosas allá?

Pero la mujer no respondió enseguida.

Tomó asiento lentamente, acomodándose con rigidez antes de levantar la vista hacia él

—Creí que me había hecho caso en sacar a ese niño

de aquí, don Baltazar..

El hombre tomó aire con paciencia

tocándose el puente de la naríz

para decirle

—Yo la respeto mucho, doña Mercedes… pero a Joel mucho más. Y él mismo no quiere sacarlo. No comparto del todo

sus razones, ¡pero él es quien manda !

Guardó silencio unos segundos antes de cambiar deliberadamente el tema.

—Cuénteme mejor… ¿cómo están mi ahijado… y mi niña Carmelita?

La mujer apenas dejó ver una mueca de frustración.

Porque entendió perfectamente que Baltazar no iba

a seguir discutiendo el asunto

Luego de un rato, doña Mercedes salió de la oficina con

el dinero que Lineros había pedido con urgencia.

ella era una mujer de absoluta confianza

para Joel.

Y en ese lugar, al menos, el dinero no corría peligro alguno

Fue entonces cuando lo vio.

José María estaba apoyado sobre la reja exterior, esperando quién sabía qué.

La mujer se detuvo apenas unos segundos.

Y al mirarlo, no pudo ocultar el profundo encono de su voz.

—Estarás contento, ¿no?... Mira lo que has causado..

José María bajó la vista un instante

Miró la tierra. La reja. Y luego volvió a clavar esos ojos oscuros y tranquilos sobre los claros ojos de la mujer.

—Vaya… cualquiera que la escuche diría que soy más poderoso que su patrón… y no un simple don nadie !

Mercedes respondió sin ningún filtro.

—No sé de dónde diablos saliste… ¡pero te juró que a la Casa Grande no vuelves !

Y José María tuvo que hacer un esfuerzo casi heroico

para no reírse en su cara




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