Regreso A Villalebu

CAPITULO 30

“ RAZONES DEL ODIO “

Jose Maria lo miraba casi con espanto

su última frase lo dejo helado

De verdad no podía entender cómo

don Antonio podía creer que octavio podía llegar

a ser siquiera igual de porqueria que su padre

_ tio ..yo se que puede sonar a nada pero los hijos no son iguales a sus padres veame a mi

¿acaso me parezco en algo a carlos ,su primo ?

Antonio no lo quiso seguir escuchando

se quedó sentado en el sillón

José todavía estaba ahi

aunque ya pensaba en irse

Antonio no podia creerlo

Emiliano… y ahora también José María

parecían señalar exactamente lo mismo.

“Los hijos no son como los padres.”

Aquello le sonaba absurdo

Casi irrisorio

Porque él había vivido demasiado

Había visto demasiadas máscaras bonitas convertirse en monstruos.

¿Cómo podían pedirle que ignorara eso?

Lo observó todavía con seriedad endurecida

—No necesita saber nada. Mirza debe confiar en su padre…

¡ sólo en mi palabra.!

Pero José María no cedió

Ya estaba cansado de su obstinación

se puso otra vez en frente

—Pues menos lo entenderá, don Antonio.

Ella es quien más debe saberlo. No puede seguir ignorando toda esa historia… como tampoco lo que significa en realidad esa Leonor para usted ..

Antonio Oviedo sintió el pecho

tensarse violentamente

Iba a responder un no rotundo.

poner un límite definitivo

Pero entonces una voz los congeló a ambos

—¿De qué hablan…?

ambos se voltearon

—¿Quién es esa mujer papá ?

Mirza estaba de pie frente a ellos

Tenía el cabello desordenado todavía

El rostro pálido.

Y los ojos llenos de confusión

José María sintió que el alma se le iba al piso

Antonio quedó inmóvil.

Porque había algo devastador en la mirada de su hija.

No era enojo

Era peor

Era esa expresión de quien empieza a sospechar

que toda su vida hubo secretos girando alrededor suyo.

Mirza los observó uno por uno

sintió una rara tensión

Antonio estaba peor

Y José María la miró con cariño.

Sabía que ya no podía seguir ahí

—Voy a estar en la cocina…

ustedes deben hablar ..

Y salió sin agregar nada más

Dejándolos solos.

Antonio Oviedo sintió entonces el peso completo

de la realidad sobre sus hombros.

Debía decidir

Confiarle o no a su hija la historia de la única mujer que había amado realmente.

Y lo peor de eso …

era que no se trataba de Milagros, su madre

Suspiró cansadamente

“Tal vez tengan razón…”

Volvió la mirada hacia Mirza.

Y la infinita ternura que sentía por ella le apretó el pecho.

—Ven conmigo, hija…

Mientras caminaban hasta la sala, Antonio no pudo evitar darse cuenta de algo que el tiempo le había ocultado hasta ahora

Mirza ya era una mujer.

Alta.

Hermosa.

Con esa dulzura natural que siempre iluminaba la casa.

Y el parecido con su madre fallecida era cada vez más evidente

La misma mirada noble

esa sonrisa suave

De verdad era una muchacha bonita y graciosa.

Y eso hizo que el miedo volviera a aparecer.

Porque el mundo podía ser cruel con mujeres así.

La vio tomar asiento junto a él.

Antonio estaba nervioso.

Dios…

Jamás creyó tener esta conversación en toda su vida.

Mucho menos con su adorada Mirza.

Se pasó una mano por el rostro antes de empezar.

—Primero que nada… debo pedirte disculpas por haber dejado que me vieras así ayer

Mirza guardó silencio

—Pero no voy a pedir perdón por actuar como un padre aterrado ante un peligro… ¡porque eso es lo que representa

el apellido Lineros para mí !

Su voz se endureció apenas

—Si el resto del pueblo les hace fiesta

donde pasan, allá ellos… yo no olvido, hija..

Mirza lo miró directamente.

Había tristeza en sus ojos

Pero también una necesidad urgente de entender.

—¿Qué te hicieron a ti?

¿Por qué condenas a Octavio de una forma tan injusta, papá?

Antonio bajó apenas la mirada.

Y entonces ella preguntó lo inevitable.

—¿Qué tiene que ver esa Leonor con todo esto?

El hombre sintió que el alma se le estremecía

Le acarició la cara lentamente a su hija.

Como si todavía le costará aceptar que ella ya era

lo suficientemente grande para escuchar

algo así.

Entonces habló.

—Escúchame, Mirza… y hazlo bien

Su voz salió baja.

Cansada.

Profundamente humana.

—Porque por primera vez en mi vida voy a hablar contigo

de una mujer que fue muy importante para mí…

Hizo una pausa.

Y después dijo finalmente el nombre completo.

—Te voy a hablar de mi prometida de entonces…

¡de Leonor Orrego Leiva !

mirza quería entender

porque de verdad deseaba hacerlo

—Mira… antes de conocer a Milagros, tu madre… yo tuve una novia

Mirza permaneció completamente quieta.

Antonio hablaba mirando sus propias manos, como si necesitara hacerlo así para poder soportar los recuerdos.

—Ella era la hija mayor del matrimonio Orrego Una familia muy antigua en el pueblo… prácticamente quinta generación.

Respiró hondo antes de continuar.

—Don Aníbal, el padre, me tenía en muy alta estima. Yo era maestro titulado y él tenía muchas expectativas sobre una futura escuela aquí.

Por primera vez en todo el relato, una pequeña sombra de nostalgia cruzó su rostro.

—Leonor y yo ya estábamos comprometidos. Solo faltaba la postura de anillos y fijar la fecha.

Mirza sintió un pequeño nudo en el pecho.

Era extraño imaginar a su padre joven.

Enamorado.

Ilusionado.

Antonio siguió hablando lentamente.

—Era 1985

por ese entonces tu tio Emiliano estaba en Chile estudiando medicina… y él pretendía a María, la hermana menor.




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