Regreso A Villalebu

CAPITULO 29

“CON ÉL NO “

Y si en la casa de calle Las Heras

estaba todo mal ..

En la casa grande no era menos

El ambiente ahí también

era insoportable

Octavio llevaba más de media hora encerrado

en el despacho de su padre, sentado frente

al enorme escritorio de madera oscura, completamente deshecho.

Y Joel ya empezaba a perder la paciencia

Porque al principio

había intentado escucharlo

Intento entender.

Pero después de treinta minutos de ver a su hijo quebrado, hablando entre lágrimas y respiraciones cortadas,

el cansancio terminó mezclándose con fastidio.

—Papá… yo la amo… —repetía Octavio con la voz destruida—. Mirza no hizo nada malo…

Se pasó las manos por la cara, desesperado.

—Me dijo hijo de asesino… ¿por qué?… ¿¡por quéee!?

La última palabra se quebró en un dolor casi infantil.

su padre permaneció en silencio unos segundos, observándolo desde su sillón

Y lo que vio no le gustó

Porque Octavio no estaba actuando

No era un capricho

Ni era una obsesión pasajera

Estaba enamorado de verdad

Y eso complicaba todo mucho más.

—¿Eso fue lo que te dijo Oviedo? —preguntó finalmente,

con una calma demasiado controlada.

Octavio levantó la vista, aún húmeda

—Delante de ella… delante de todos…

El hombre apoyó lentamente el vaso sobre el escritorio.

El sonido del cristal golpeando la madera fue seco.

—Mierda… —murmuró apenas

Octavio respiró hondo, intentando contener otro temblor.

—Papá… yo no entiendo nada…

¿qué hizo usted?

¿Qué pasó entre los Oviedo y nosotros?

La pregunta quedó suspendida en el aire

y como en mucho tiempo no pasaba,

Joel Lineros no tuvo una respuesta inmediata

su cabeza no podía hilvanar nada

Porque algunas historias podían enterrarse durante años.

Pero nunca desaparecen del todo.

Y él acababa de entender que el pasado finalmente

había vuelto a cobrar la deuda

cuando él finalmente habló

, ya no quedaba paciencia

en su voz.

—¿Por qué ahora, Octavio? ¿Por qué ella? —preguntó con evidente molestia—. ¿No se supone que estabas con Minerva?

Octavio negó de inmediato, todavía alterado.

—¡No! Minerva es solo una amiga… la quiero, sí, pero jamás podría quererla como quiero a Mirza… ella… ella lo es todo…

La confesión terminó de colmar la poca calma que quedaba en la habitación.

Joel soltó una risa seca, incrédula

se acercó a el con poca amabilidad

—Eres un imbécil ..

Y esta vez no intentó suavizarlo.

—Tienes tantas chiquillas aquí , en San Martín… incluso la propia Minerva… ¡y tenías que fijarte justamente

en la hija de ese tipo !

Se acercó de golpe

—¡De ese hombre que se cree superior

a todos sólo por ser universitario!

Lo tomó bruscamente de las solapas de la camisa y lo obligó a ponerse de pie

Octavio ni siquiera reaccionó.

Solo lo miró, deshecho.

Porque no sabía qué responder

No podía explicar algo que ni él mismo entendía del todo.

¿Cómo explicaba que Mirza le había cambiado la vida

apenas mirándolo?

¿Cómo decía que con ella todo parecía distinto?

Que no había otra mujer en su cabeza desde hacía casi dos años?

Joel lo soltó con brusquedad

—¿Sabes qué es lo peor? —continuó, furioso—

. ¡Que ahora Antonio Oviedo va a hacer que creas cualquier mierda que diga o inventé de nosotros!

Octavio bajó la vista

Y el silencio del muchacho fue suficiente respuesta

Porque en el fondo, incluso él empezaba a preguntarse cuánto de aquello era verdad

Joel estaba tan furioso que de verdad deseaba golpearlo.

Y por un instante, pareció que iba a hacerlo.

Lo levantó bruscamente del asiento, sujetándolo con fuerza de la camisa, empujándolo contra el borde del escritorio.

—¡¿En qué mierda estabas pensando?! —

rugió Pero antes de que pudiera hacer algo más,

la puerta del despacho se abrió de golpe.

—¡NO SE ATREVA A PONERLE UNA MANO ENCIMA!

La voz de Mercedes atravesó la habitación como un látigo.

Su rostro estaba encendido de furia

Los ojos azules brillándole con una rabia que pocas veces dejaba ver.

Octavio, sorprendido, terminó cayendo otra vez sobre la silla al soltarse el agarre

Y Joel giró lentamente hacia ella.

Demasiado cerca

tenso

Se acercó con peligro contenido, clavándole la mirada.

—Sal ahora, Octavio —escupió, sin dejar de mirar a Mercedes.

él asi lo hizo

Pero ella no se movió

Ni un paso.

Seguía firme en la puerta, respirando agitada , sosteniéndole la mirada como si retroceder

fuera darle la razón.

—¿Qué? —dijo Joel con una calma falsa que resultaba peor que los gritos.

Mercedes apretó la mandíbula.

—No va a tocarlo le dije..

—¿Y tú quién mierda eres para decirme lo que hago o no

en mi casa?

La frase cayó seca

Porque incluso él sintió el golpe de esas palabras.

Pero Mercedes tampoco retrocedió esta vez.

—porque usted y yo sabemos bien que Oviedo

sigue llorando a esa gente y a la niña Leito ..

él no va a permitir que su hija esté con mi niño

¡y si usted es inteligente tampoco lo hará!

Joel dio un paso más hacia ella.

—No te metas en ese tema ¡no te lo permito !

—¡Claro que lo hago ! —estalló por fin—.

Antonio cree que su hijo repetirá la misma historia pero con su hija el ha dicho por años que usted es quien los mató

don joel esta historia nunca va a terminar

¡el odio ya es demasiado!

El despacho quedó en silencio

Porque aunque nadie quisiera admitirlo, había demasiado miedo mezclado con toda esa rabia

lo peor

era que el viudo Oviedo no estaba tan equivocado ,no en todo

pero Octavio …Octavio no era como él




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