“CON ÉL NO “
Y si en la casa de calle Las Heras
estaba todo mal ..
En la casa grande no era menos
El ambiente ahí también
era insoportable
Octavio llevaba más de media hora encerrado
en el despacho de su padre, sentado frente
al enorme escritorio de madera oscura, completamente deshecho.
Y Joel ya empezaba a perder la paciencia
Porque al principio
había intentado escucharlo
Intento entender.
Pero después de treinta minutos de ver a su hijo quebrado, hablando entre lágrimas y respiraciones cortadas,
el cansancio terminó mezclándose con fastidio.
—Papá… yo la amo… —repetía Octavio con la voz destruida—. Mirza no hizo nada malo…
Se pasó las manos por la cara, desesperado.
—Me dijo hijo de asesino… ¿por qué?… ¿¡por quéee!?
La última palabra se quebró en un dolor casi infantil.
su padre permaneció en silencio unos segundos, observándolo desde su sillón
Y lo que vio no le gustó
Porque Octavio no estaba actuando
No era un capricho
Ni era una obsesión pasajera
Estaba enamorado de verdad
Y eso complicaba todo mucho más.
—¿Eso fue lo que te dijo Oviedo? —preguntó finalmente,
con una calma demasiado controlada.
Octavio levantó la vista, aún húmeda
—Delante de ella… delante de todos…
El hombre apoyó lentamente el vaso sobre el escritorio.
El sonido del cristal golpeando la madera fue seco.
—Mierda… —murmuró apenas
Octavio respiró hondo, intentando contener otro temblor.
—Papá… yo no entiendo nada…
¿qué hizo usted?
¿Qué pasó entre los Oviedo y nosotros?
La pregunta quedó suspendida en el aire
y como en mucho tiempo no pasaba,
Joel Lineros no tuvo una respuesta inmediata
su cabeza no podía hilvanar nada
Porque algunas historias podían enterrarse durante años.
Pero nunca desaparecen del todo.
Y él acababa de entender que el pasado finalmente
había vuelto a cobrar la deuda
cuando él finalmente habló
, ya no quedaba paciencia
en su voz.
—¿Por qué ahora, Octavio? ¿Por qué ella? —preguntó con evidente molestia—. ¿No se supone que estabas con Minerva?
Octavio negó de inmediato, todavía alterado.
—¡No! Minerva es solo una amiga… la quiero, sí, pero jamás podría quererla como quiero a Mirza… ella… ella lo es todo…
La confesión terminó de colmar la poca calma que quedaba en la habitación.
Joel soltó una risa seca, incrédula
se acercó a el con poca amabilidad
—Eres un imbécil ..
Y esta vez no intentó suavizarlo.
—Tienes tantas chiquillas aquí , en San Martín… incluso la propia Minerva… ¡y tenías que fijarte justamente
en la hija de ese tipo !
Se acercó de golpe
—¡De ese hombre que se cree superior
a todos sólo por ser universitario!
Lo tomó bruscamente de las solapas de la camisa y lo obligó a ponerse de pie
Octavio ni siquiera reaccionó.
Solo lo miró, deshecho.
Porque no sabía qué responder
No podía explicar algo que ni él mismo entendía del todo.
¿Cómo explicaba que Mirza le había cambiado la vida
apenas mirándolo?
¿Cómo decía que con ella todo parecía distinto?
Que no había otra mujer en su cabeza desde hacía casi dos años?
Joel lo soltó con brusquedad
—¿Sabes qué es lo peor? —continuó, furioso—
. ¡Que ahora Antonio Oviedo va a hacer que creas cualquier mierda que diga o inventé de nosotros!
Octavio bajó la vista
Y el silencio del muchacho fue suficiente respuesta
Porque en el fondo, incluso él empezaba a preguntarse cuánto de aquello era verdad
Joel estaba tan furioso que de verdad deseaba golpearlo.
Y por un instante, pareció que iba a hacerlo.
Lo levantó bruscamente del asiento, sujetándolo con fuerza de la camisa, empujándolo contra el borde del escritorio.
—¡¿En qué mierda estabas pensando?! —
rugió Pero antes de que pudiera hacer algo más,
la puerta del despacho se abrió de golpe.
—¡NO SE ATREVA A PONERLE UNA MANO ENCIMA!
La voz de Mercedes atravesó la habitación como un látigo.
Su rostro estaba encendido de furia
Los ojos azules brillándole con una rabia que pocas veces dejaba ver.
Octavio, sorprendido, terminó cayendo otra vez sobre la silla al soltarse el agarre
Y Joel giró lentamente hacia ella.
Demasiado cerca
tenso
Se acercó con peligro contenido, clavándole la mirada.
—Sal ahora, Octavio —escupió, sin dejar de mirar a Mercedes.
él asi lo hizo
Pero ella no se movió
Ni un paso.
Seguía firme en la puerta, respirando agitada , sosteniéndole la mirada como si retroceder
fuera darle la razón.
—¿Qué? —dijo Joel con una calma falsa que resultaba peor que los gritos.
Mercedes apretó la mandíbula.
—No va a tocarlo le dije..
—¿Y tú quién mierda eres para decirme lo que hago o no
en mi casa?
La frase cayó seca
Porque incluso él sintió el golpe de esas palabras.
Pero Mercedes tampoco retrocedió esta vez.
—porque usted y yo sabemos bien que Oviedo
sigue llorando a esa gente y a la niña Leito ..
él no va a permitir que su hija esté con mi niño
¡y si usted es inteligente tampoco lo hará!
Joel dio un paso más hacia ella.
—No te metas en ese tema ¡no te lo permito !
—¡Claro que lo hago ! —estalló por fin—.
Antonio cree que su hijo repetirá la misma historia pero con su hija el ha dicho por años que usted es quien los mató
don joel esta historia nunca va a terminar
¡el odio ya es demasiado!
El despacho quedó en silencio
Porque aunque nadie quisiera admitirlo, había demasiado miedo mezclado con toda esa rabia
lo peor
era que el viudo Oviedo no estaba tan equivocado ,no en todo
pero Octavio …Octavio no era como él