Regreso A Villalebu

CAPITULO 17

“MEMORIAS VIEJAS “

Su hija le hablaba con toda precision

de aquel pueblo

de todos

de verdad fue mucho el impacto de saber

que Antonio todavía estaba vivo

cómo tampoco la sorprendió mucho saber de su viudez

de y su hija

bajó la vista

“ era normal, él también debía seguir”

lo demás fue a grandes rasgos

maria ,su paradero inexacto

sin mucho donde buscar

tal vez un detalle

uno solo

Mercedes Armijo

un nombre que no le resultaba indiferente

Tras casi media hora, Leonor colgó el teléfono.

El silencio que siguió no fue común.

Fue el mismo tipo de silencio que precede a algo que

ya ocurrió

Su respiración estaba alterada.

Demasiadas piezas.

Como brasas removidas en un lugar que nunca se apagó

del todo

Su rostro perdió el control lentamente. La expresión se endureció, no por enojo inmediato

las respuestas habían sido incompletas

Como si del otro lado también hubiera cosas que

no se podían decir completas.

Pero hubo un nombre que sí apareció.

Lineros

Se presentaba como un

“viudo doliente”.

Una figura construida para ser creída

Para no ser cuestionada

Pero Leonor ya no escuchaba solo lo que se decía.

Ahora escuchaba lo que faltaba.

Tres nombres volvieron en la conversación, como si hubieran sido arrastrados desde otro tiempo:

Antonio. Emiliano. Mercedes.

Leonor cerró los ojos.

Y ahí ocurrió el quiebre

FLASHBACK

1985 ,15 julio

El aire era distinto esa noche.

No solo pesado.

Sino de terror vivo

El fuego no era todavía visible… pero ya estaba tomando fuerza ,una qué le hizo temblar

Gritos ,

Desorden.

Y una casa que ya no era casa.

Leonor recordaba fragmentos

Solo instantes sueltos.

—¡Por favor… ayúdenme!

Su propia voz.

Más joven.desesperada

Buscando una respuesta que nunca llegó.

Frente a ella, una mujer.

Mercedes.

Quieta,observando.

Y luego…

la decisión que no entendió

Darse vuelta.

Irse.

Sin mirar atrás

Y una pregunta qué se

volvió eterna

¿por qué no regresó

a ayudarla?

volvió luego al presente

Leonor abrió los ojos.

El recuerdo no había cambiado.

Pero ahora sí tenía nombre completo.

Mercedes estuvo esa noche y

No como espectadora cualquiera

Y ahora…

trabajaba en la casa de Lineros.

El hilo dejó de ser casual

Se volvió real

Leonor apretó los labios

Era una historia que seguía viva.

Porque el incendio no había terminado esa noche.

Leonor quedó inmóvil.

Con el teléfono aún cerca

Pero ya no estaba pensando en la llamada.

Estaba pensando en lo que la llamada había reabierto.

Porque hay hechos que no se recuerdan.

solo se reactivan

al otro lado de la línea…

quedó el silencio En San Martín, la cabina se volvió demasiado estrecha.

El aire parecía no circular.

tamara no se movió de inmediato

Sus ojos se quedaron fijos en el tablero,

aunque ya no estaba mirando nada.

No pudo decírselo.

Ni cómo había llegado hasta donde Antonio

Ni todo lo que sospechaba en su cabeza.

María.

El hijo.

Lineros.

Era demasiado .

Tragó saliva.

El pecho le pesaba

Apretó los dedos contra el borde de la mesa, como si necesitara afirmarse en algo concreto.

Soltó el aire lentamente

y bajó la mirada hacia su bolso.

Lo abrió con cierta torpeza.

Buscó.

Hasta encontrarla.

Una tarjeta.

Clara.

De tonos suaves.

Letras moradas, cuidadas.

María Isabel Logroña

Maquillista teatral.

La sostuvo un segundo más de la cuenta.

Como si ese pequeño rectángulo fuera un puente…

hacia algo más seguro.

Marcó.

Esperó.

Uno… dos… tres tonos.

Y entonces—

—¿Bueno?

Esa voz.

Tan particular.

Tan viva.

tamara cerró los ojos apenas.

Y sonrió.

Una sonrisa pequeña, pero real.

De verdad… la extrañaba

María Isabel se acomodó en su sillón apenas escuchó la voz al otro lado

—¿Tamara… sos vos?

No esperó demasiado.

—¡Por Dios! No sabés la angustia que he sentido… ¿dónde estás ahora?

Escuchó.

Asintió en silencio, como si pudiera verla.

—Sí… me imaginé.

Se acomodó mejor.

—Bueno… contame. ¿Cómo va todo? ¿Qué pasa con tu asunto?

Pausa breve.

—¿Y qué tal está mi Josecito?

Su voz cambió ahí.

Más cercana.

Para ella, José María nunca había sido solo un personaje más.

Era… algo parecido a un hijo prestado

Desde que Tamara se había ido, no había dejado de preocuparse.

Había intentado ayudar

Hablar con Leonor. Inventar una excusa.

Una pasantía.

Un envío desde la compañía teatral.

Cualquier cosa que protegiera a la muchacha.

No fue fácil.

Pero al menos la mujer había aceptado guardar su número

Eso… ya era algo

Del otro lado, Tamara soltó el aire.

Y empezó a hablar.

No todo.

Pero sí lo suficiente.

De Facundo.

Del viaje.

Del lugar.

Del haras.

—Hubo un accidente…

Se detuvo ahí.

No quiso entrar en detalles.

También mencionó el cementerio.

Y esa sensación constante que la invadia por momentos

la de tomar un bus e irse de ahí lo más pronto posible…

María Isabel la escuchó sin interrumpir.

Y luego, como si necesitara bajarle el peso a todo aquello, soltó una risa suave.

—Nena… me estás contando casi una telenovela de la tarde…

No era burla

Era cariño

Tamara sonrió.

Le hizo bien.

El tiempo pasó sin que se dieran cuenta.

Hasta que el cuerpo habló primero.

Hambre.




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