“MEMORIAS VIEJAS “
Su hija le hablaba con toda precision
de aquel pueblo
de todos
de verdad fue mucho el impacto de saber
que Antonio todavía estaba vivo
cómo tampoco la sorprendió mucho saber de su viudez
de y su hija
bajó la vista
“ era normal, él también debía seguir”
lo demás fue a grandes rasgos
maria ,su paradero inexacto
sin mucho donde buscar
tal vez un detalle
uno solo
Mercedes Armijo
un nombre que no le resultaba indiferente
Tras casi media hora, Leonor colgó el teléfono.
El silencio que siguió no fue común.
Fue el mismo tipo de silencio que precede a algo que
ya ocurrió
Su respiración estaba alterada.
Demasiadas piezas.
Como brasas removidas en un lugar que nunca se apagó
del todo
Su rostro perdió el control lentamente. La expresión se endureció, no por enojo inmediato
las respuestas habían sido incompletas
Como si del otro lado también hubiera cosas que
no se podían decir completas.
Pero hubo un nombre que sí apareció.
Lineros
Se presentaba como un
“viudo doliente”.
Una figura construida para ser creída
Para no ser cuestionada
Pero Leonor ya no escuchaba solo lo que se decía.
Ahora escuchaba lo que faltaba.
Tres nombres volvieron en la conversación, como si hubieran sido arrastrados desde otro tiempo:
Antonio. Emiliano. Mercedes.
Leonor cerró los ojos.
Y ahí ocurrió el quiebre
FLASHBACK
1985 ,15 julio
El aire era distinto esa noche.
No solo pesado.
Sino de terror vivo
El fuego no era todavía visible… pero ya estaba tomando fuerza ,una qué le hizo temblar
Gritos ,
Desorden.
Y una casa que ya no era casa.
Leonor recordaba fragmentos
Solo instantes sueltos.
—¡Por favor… ayúdenme!
Su propia voz.
Más joven.desesperada
Buscando una respuesta que nunca llegó.
Frente a ella, una mujer.
Mercedes.
Quieta,observando.
Y luego…
la decisión que no entendió
Darse vuelta.
Irse.
Sin mirar atrás
Y una pregunta qué se
volvió eterna
¿por qué no regresó
a ayudarla?
volvió luego al presente
Leonor abrió los ojos.
El recuerdo no había cambiado.
Pero ahora sí tenía nombre completo.
Mercedes estuvo esa noche y
No como espectadora cualquiera
Y ahora…
trabajaba en la casa de Lineros.
El hilo dejó de ser casual
Se volvió real
Leonor apretó los labios
Era una historia que seguía viva.
Porque el incendio no había terminado esa noche.
Leonor quedó inmóvil.
Con el teléfono aún cerca
Pero ya no estaba pensando en la llamada.
Estaba pensando en lo que la llamada había reabierto.
Porque hay hechos que no se recuerdan.
solo se reactivan
al otro lado de la línea…
quedó el silencio En San Martín, la cabina se volvió demasiado estrecha.
El aire parecía no circular.
tamara no se movió de inmediato
Sus ojos se quedaron fijos en el tablero,
aunque ya no estaba mirando nada.
No pudo decírselo.
Ni cómo había llegado hasta donde Antonio
Ni todo lo que sospechaba en su cabeza.
María.
El hijo.
Lineros.
Era demasiado .
Tragó saliva.
El pecho le pesaba
Apretó los dedos contra el borde de la mesa, como si necesitara afirmarse en algo concreto.
Soltó el aire lentamente
y bajó la mirada hacia su bolso.
Lo abrió con cierta torpeza.
Buscó.
Hasta encontrarla.
Una tarjeta.
Clara.
De tonos suaves.
Letras moradas, cuidadas.
María Isabel Logroña
Maquillista teatral.
La sostuvo un segundo más de la cuenta.
Como si ese pequeño rectángulo fuera un puente…
hacia algo más seguro.
Marcó.
Esperó.
Uno… dos… tres tonos.
Y entonces—
—¿Bueno?
Esa voz.
Tan particular.
Tan viva.
tamara cerró los ojos apenas.
Y sonrió.
Una sonrisa pequeña, pero real.
De verdad… la extrañaba
María Isabel se acomodó en su sillón apenas escuchó la voz al otro lado
—¿Tamara… sos vos?
No esperó demasiado.
—¡Por Dios! No sabés la angustia que he sentido… ¿dónde estás ahora?
Escuchó.
Asintió en silencio, como si pudiera verla.
—Sí… me imaginé.
Se acomodó mejor.
—Bueno… contame. ¿Cómo va todo? ¿Qué pasa con tu asunto?
Pausa breve.
—¿Y qué tal está mi Josecito?
Su voz cambió ahí.
Más cercana.
Para ella, José María nunca había sido solo un personaje más.
Era… algo parecido a un hijo prestado
Desde que Tamara se había ido, no había dejado de preocuparse.
Había intentado ayudar
Hablar con Leonor. Inventar una excusa.
Una pasantía.
Un envío desde la compañía teatral.
Cualquier cosa que protegiera a la muchacha.
No fue fácil.
Pero al menos la mujer había aceptado guardar su número
Eso… ya era algo
Del otro lado, Tamara soltó el aire.
Y empezó a hablar.
No todo.
Pero sí lo suficiente.
De Facundo.
Del viaje.
Del lugar.
Del haras.
—Hubo un accidente…
Se detuvo ahí.
No quiso entrar en detalles.
También mencionó el cementerio.
Y esa sensación constante que la invadia por momentos
la de tomar un bus e irse de ahí lo más pronto posible…
María Isabel la escuchó sin interrumpir.
Y luego, como si necesitara bajarle el peso a todo aquello, soltó una risa suave.
—Nena… me estás contando casi una telenovela de la tarde…
No era burla
Era cariño
Tamara sonrió.
Le hizo bien.
El tiempo pasó sin que se dieran cuenta.
Hasta que el cuerpo habló primero.
Hambre.