Regreso A Villalebu

CAPITULO 15

CAZADORES

En el camino de regreso

Antonio venía en el auto

Con el rostro serio.

Pensativo

Sopesando todo lo que había escuchado

en ese rato

Le resultaba difícil aceptar que Emiliano hubiera decidido ocultarle información de ese nivel

Pero también lo entendía

ahora lo llevaba de regreso

a la calle de las Heras ,a su casa

Era sabido

Emiliano era médico sabia bien de que hablaba

Y lo que tenía en sus manos no era menor

El certificado original que había guardado Urzúa

Y ese trozo de tela

Ya no eran simples objetos o basura desechable

Eran pruebas

Antonio apretó la caja contra sí pero esa sensación de tensión no lo abandonaba

Al contrario.

Crecía

por qué si lo pensaba mejor

ahora ya podrían dejar de deciir

que hablaba puras tonterías ni que

son simples sospechas sin fundamentos

las pruebas estaban

¡ahora si eran certezas !

RATO DESPUÉS

en el haras

Era el final del día

Baltazar estaba en la oficina junto a Joel, rodeados de hojas y archivos nuevos para la revisión contable del mes. Pronto llegaría la paga del período

José María no se quejaba

al menos no estaba con ellos

afuera sentado en el escritorio

revisaba otras cosas

y debía reconocerlo, aquello le resultaba mejor que los establos. Un ambiente cerrado, sin tantos ojos encima, sin esa vigilancia constante buscando un error

Aun así…

Su pensamiento se desvió hacia lo ocurrido

esos dias

Huerta ,icaro

Nombres que, en teoría, no deberían importarle tanto Solo compañeros ,Un jornal más

parte de la rutina de ese lugar

Pero no lo eran

Especialmente Huerta

A veces lo pensaba como un simple trabajador más;

otras, como un posible peleonero de bar con demasiada habilidad para aparentar

estar en calma

aun así… en ese lugar había algo que no parecía

ni bueno ni normal

a casi un mes de estar ahí el balance seguía siendo inquietantemente negativo

sobre ese mundo,el pueblo y sobre Lineros en particular

“Frío… cerrado… difícil de leer…”

Apretó el lápiz entre los dedos sin darse cuenta

Su expresión, normalmente segura, se tensó apenas

Quiso sostener esa idea, ordenarla, convertirla

en algo útil

Pero desistió

Miró hacia otro lado

Respiró hondo

pensaba en irse tal cual llegó

o enfrentar a Antonio directamente

con su verdad pero

desistió en el momento

se dijo

—No es la hora, José… todavía no..

Al salir,quiso ir a buscarle charla

pero no lo vio por ningún lado

Se imaginó que habría regresado antes, a descansar después de la mañana dura. A veces pensaba que deberían sentarse a hablar alguna vez, sin apuro. Incluso se le ocurría que Huerta, en el fondo, podría querer tener un amigo.

Tomó su chaquetilla y se la colocó al hombro

—Ya será…

Pero Huerta no estaba

De hecho, ni siquiera andaba por los alrededores.

Había pedido salir unas horas antes

Y en ese momento…

estaba en el cementerio

Frente a la cruz

casi siete meses ya

Que para él, sonaban a toda una eternidad

No solía llorar

Se había contenido desde aquella noche

terrible y demasiado larga

Aun así, cada vez que volvía ahí,

sentía que algo lo sostenía todavía

obligandolo a resistir

Como si no estuviera del todo solo

ni tan roto siquiera

Pasó la mano por la madera con cuidado.

Lento

Como si el solo contacto bastará para mantenerlo firme

Los ojos marrones se le quedaron quietos

un instante

La rabia seguía ahí, pero no salía

No podía permitirse ese lujo

No todavía

Miró el pequeño cordel gastado.

Y se habló en voz baja, apenas un hilo

—Los extraño… gracias por cuidar de Ícaro…

de mí ..

No era un hombre de fe

Sus abuelos sí lo habían sido, a su manera Creían en la tierra, en la naturaleza, en lo que da y sostiene sin pedir nada

a cambio

Recordó una vez, siendo niño, cuando el padre que llevaba la comunión a los enfermos intentó hablarle de Dios a don Evaristo

El anciano le respondió con respeto

“Dios es un todo, señor cura. Y la tierra es su expresión más grande. No me pida adorarlo

en un lugar tan frío… aquí veo su grandeza. con eso créame no necesito más.”

Palabras que nunca se le habían ido y que

Regresaban siempre en momentos como ese

Huerta dejó de mirar ese lugar

no siempre esperaba hacerlo tan rápido

pero ahora debia hacer algo primero

una cosa urgente

se agachó acariciando nuevamente las flores frescas

Ya había que volver

Seguir

Solo hizo un último movimiento con los dedos sobre la madera, casi como una despedida que no quería admitir

_ volveré…abuelos …

Luego salió

Ícaro lo esperaba afuera

más tarde llego a la taberna.

Había más gente de lo habitual. Risas altas, vasos golpeando la madera. Día de paga en los alrededores de San Martín

pero no se sentía animado

hoy no

entró sin llamar la atención

muy su costumbre

la busco con la vista

pero no la vio

Se acercó entonces al mostrador.

Un hombre alto apareció detrás

—Hola, muchacho… —dijo con voz tranquila.

—Buenas, don Anselmo .

su respuesta sería

El vaso de cerveza fría llegó a sus manos

—¿Qué cuentos me traes del haras?

Huerta lo miró de reojo

—No necesito que me embriague de gratis.

No voy a contarle de nadie. Y dentro de esa mierda…

hay uno o dos que salvan

. ¡Los demás son una maldita bosta !

Anselmo lo observó en silencio. Sus ojos oscuros no parpadeaban la voz ronca

—Vamos, Huerta… alimenta mi curiosidad.

me dijeron que el hijo del patrón estuvo allá




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