Regreso A Villalebu

CAPITULO 46

“ INSTINTOS “

José María se subió al caballo tan rápido

como pudo

Casi sin pensarlo

Más bien por instinto

Aunque sinceramente estaba mucho

más preocupado

de no perder los lentes… o de romper el pantalón…

que de verse heroico en aquel momento

Todo parecía cómo ir en cámara lenta

Mientras acomodaba las riendas, su cabeza recordó inevitablemente las veces que Manuel, su padre, le había enseñado a montar durante las vacaciones

No tenía experticia

Ni de cerca

Pero sí sabía mantenerse arriba

Guiar al caballo

Y darle velocidad si era necesario

lo básico se podia decir

El verdadero problema era otro

y lo pensaba ya con evidentes nervios

“¿Cómo demonios voy a seguirle el ritmo a Huerta?”

Porque delante suyo, Cristian parecía ya ser uno con

el caballo.

Rápido

Natural

Como un jinete acostumbrado a aquello desde toda la vida

Y José María sinceramente sintió que iba a quedar atrás

en menos de un minuto

Pero casi como si el otro muchacho hubiera leído perfectamente la incomodidad en su cara

Huerta volteó apenas mientras seguían el rastro del animal.

Y le gritó por encima del ruido de los cascos

—¡Tú solo sígueme!

¡De seguro se fue a buscar espacio cerca del estero!

José María asintió enseguida

Y apretando apenas las piernas contra el caballo,

fue tras él como pudo.

Intentando mantener el equilibrio

Y sobre todo

intentando no perder de vista a Huerta ni un solo segundo

Mientras tanto, en el haras, Baltazar y los demás seguían lidiando con el desastre

Los otros siete ejemplares continuaban nerviosos por el alboroto anterior y reagruparlos no estaba siendo sencillo

Entre los peones intentando calmarlos y los remolques abiertos esperando,

don Baltazar no podía dejar de mirar constantemente

hacia los potreros.

Esperando ver regresar a Huerta.

Y sobre todo…

esperando que volvieran con el caballo de Octavio

sano y salvo

Porque sinceramente no quería ni imaginar la reacción de Joel si algo le ocurría a “Bonito”

La tarde estaba especialmente soleada

El viento cálido de los últimos días de febrero apenas refrescaba el ambiente

Y para dos personas que llevaban rato galopando detrás

de un caballo asustado…

aquello era cualquier cosa menos agradable

Especialmente para José María

Porque ese día, en un arranque que ahora consideraba estúpido, había decidido " rasurarse" la barbilla

y usar nuevamente la pañoleta

Y ahora sentía el calor duplicandole en el cuello

ya no sabía qué le molestaba más.

si el miedo de caerse del caballo…

o la sensación de estar asándose viva..

Más adelante, Huerta redujo apenas la velocidad.

Sus ojos recorrieron una pequeña bajada hacia un estero.

No era más que una delgada franja de agua corriendo

entre tierra húmeda

Pero él sabía perfectamente que muchos caballos asustados buscaban lugares así para detenerse

Sombra

Agua

Espacio

José María acercó su caballo hasta quedar junto a él.

Y entonces ambos lo vieron.

“Bonito.”

El animal se había detenido entre unos matorrales bajos cerca del pequeño hilo de agua que mojaba la tierra

La humedad permitía que ahí sobreviviera algo de vegetación verde en medio del terreno seco.

El caballo seguía inquieto.

Respirando fuerte.

Pero al menos ya no corría

Huerta lo observó unos segundos más.

Atento a cada movimiento

Y luego meneó la cabeza con gesto preocupado.

—Aschhh… hay que entrar y sacarlo

Pero se quedó quieto

Pensando

José María lo miró sin entender demasiado.

—¿Pero…?

Huerta soltó un resoplido molesto antes de mirarlo de lado.

—Voy por más gente. No me arriesgaré a que se asuste otra vez y pueda lastimarse. Este caballo no es como cualquiera

José María volvió la vista hacia “Bonito”,

que seguía inquieto entre los matorrales.

Y sinceramente pensó que dentro de todo

habían tenido suerte.

—Pues pudo ser peor… ¿no?

Huerta lo miró apenas.

Y respondió con absoluta seriedad:

—Sí, Jesusito. Pudo serlo

Después agregó:

—Gracias a Dios es este y no… Ángel Oscuro..

José María soltó una pequeña risa.

—¿el caballo de esa vez que te encerraron?

Y Huerta prácticamente le respondió como si estuviera hablando de una leyenda local.

Con una mezcla rara de respeto y fastidio

_ ¿ya lo sabías no ?..el caballo del patrón. ¡Ni más ni menos !

Luego volvió a mirar hacia el estero

Y antes de girar las riendas agregó con tono seco

—Y tú vigílalo…¡ ya vuelvo !

Después espoleó el caballo y se alejó al trote rápido

por el mismo camino por donde habían llegado.

Dejando a José María solo

Con “Bonito” también

con El calor

El ruido suave del agua

Y un silencio que, por alguna razón, empezó a sentirse demasiado grande

a la verdad Huerta no podía creer que el caballo del hijo se haya metido en ese atolladero

“ parece que a esta familia le gustan los lios ..

y a sus caballos igual”

Y José María empezó a sentir calor

El problema era que cada vez que miraba hacia abajo

se mareaba un poco

No era una distancia enorme

Pero sí una bajada inclinada

Y peligrosa si uno resbalaba

Además había zonas de musgo seco pegadas a las piedras

y la tierra húmeda.

“Huerta no va a volver tan rápido…”

pensó mientras observaba nuevamente el pequeño estero.

Finalmente se bajó del caballo

habia un árbol flaco y torcido que parecía sobrevivir en ese lugar únicamente por terquedad

José María lo observó apenas y sonrió de lado

“ahh eres como todos aquí.”

Amarró las riendas a una rama resistente




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