“Don Jesús”
Baltazar salió afuera
_ pasa .. _ él,camacho
le dio la mano
él muchacho con nervios en
su actuar
_ José María Obando ,¡un placer!
Antonio le dijo
_ bien me retiro cualquier cosa te esperamos
en casa ..
entonces el le señalo pasar a la oficina
tras 5 minutos de escucharlo hablar
lo miraba sin poder entender
¿Cuánto podría durar ese muchacho
trabajando ahí?
A simple vista, era un mal chiste
bajo ,
con lentes
y una presencia a su gusto
¿quizas debil ?
Se notaba leído
Con estudios universitarios
Filosofía
Literatura contemporánea
Todo lo contrario a ese mundo
más de fuerza,más tosco
Camacho ladeó la cabeza
—Dime… ¿siquiera sabes algo de caballos…
o de algún otro animal?
Su expresión intentaba ser comprensiva
Casi amable por compromiso
pensó
Tall vez Oviedo quería probarlo
Verlo esforzarse
Ver si podía ganarse un lugar
O simplemente… verlo caer
aunque conociendo al hombre
no lo creia sinceramente capaz
Suspiró
—Mira… voy a ser sincero
Se señaló la cabeza.
—En este trabajo se necesita fuerza bruta…
¡y poco de acá !
Hizo una pausa señalando la frente
—Pero te daré una oportunidad
Indicó hacia afuera.
—Vas a ir a los establos… pero eso si necesitarás otra ropa
José María sintió el nervio subirle desde las piernas
Aun así, lo disimuló bien
—¿Cambiarme… de ropa? —alcanzó a decir
No tuvo tiempo de más
Camacho ya iba de salida
—Eh… Pérez —llamó—.¡ Trae a Huerta acá !
José María observó la escena
El tono.
El desgano
La costumbre
—Prepárate, chico —dijo Camacho, sin mirarlo—. ¡De cómo termines hoy depende que vuelvas mañana !
Silencio
José María tragó saliva.
“Qué… emocionante…”
lo pensó sin ganas reales
Y otra más
“Y yo que no soporto ni ver llorar a un gato “
suspiró
Baltazar salió unos segundos
Entonces lo vio pasar
Un hombre algo encorvado ,rostro tostado
La mirada inquieta, como si siempre buscara algo
—Dígame, jefe… ¿para qué me necesitan?
Su voz era seca
Directa
Su mirada, marrón
Firme
José María tragó saliva
“¿era acaso el jinete del cementerio?”
lo reconoció por el sombrero
Alzó la cara, intentando sonar convincente
—Hola… voy a trabajar aquí
El hombre ni lo miró
—Qué suerte… —respondió sin interés—.
Vengo después ..
Se dio media vuelta
En ese momento, Baltazar volvia
casi tropiezan
—Ah… qué bien, Huerta. Necesito que lo lleves
a los establos y le enseñes… con paciencia. Mucha paciencia ,¡también dale ropa !
Luego, mirando a José María
—Bienvenido, Obando
Huerta se detuvo
Esta vez sí lo miró
De arriba abajo.
pero esa mirada seca
y ese gesto de hombre curtido
no fueron, en absoluto, alentadores
y jose maria yendo tras él
se decia refiriendose a él con simpleza
“ qué patán”
Le siguió
Entre pasillos, cercas y relinchos
El olor a pasto
mezclado con el del sudor y los animales
Un micro universo donde la naturaleza
y los caballos
eran las estrellas dominantes
Todo se movía
sonaba a exigencia
De pronto no vio nada más
tropezó con un fardo
Los lentes cayeron al suelo
Las risas no se hicieron esperar
Secas ,Rápidas
Sin piedad
Pero Huerta no se detuvo
—oye tú ¡si no te paras, nadie trabajará!
José María se incorporó de inmediato
Aún algo desorientado
Se ajustó como pudo
la chaquetilla
Y soltó, casi sin pensar
—¡Joder por Jesús y su cruz…!
Alguien, desde atrás, respondió entre risas
—¡No olvides a la Virgen… ni a José!
Más carcajadas
Huerta señaló hacia un pasillo lateral
—Ven… acá están las duchas
Se dio media vuelta
—Voy por tu ropa, “don Jesús”.
José María lo siguió
En silencio.
Sintiendo aún el eco de las risas.
Y algo más
que no supo que era
Pero que ya empezaba a pesar
Observó el lugar con detenimiento
Las duchas
Un par de bancas
una hilera de llaves
El aire cargado de sudor
Incómodo
tomo asiento
Revisó sus lentes
Con alivio
—No sufrieron mayor daño…
Recordó que tenía al menos seis más
en la maleta
pero en verdad
no le gustaba la sensación
Había algo de peligro en todo eso
y sin embargo
Estaba ahí
En los terrenos mismos de Lineros
Sin quererlo, Antonio mismo lo había traído
Y ahora…
tenía que trabajar
se dijo
“Torpe… seguro… hombre
eres hombre ”
lo repitió
Otra vez
debía sonar cada vez más convencido
escucho pasos
—Ten… —dijo Huerta, lanzándole la ropa
Eres bajo, ¡supongo que te quedarán !
José María lo vio seguir parado en ese
mismo sitiio
Su tono al hablar fue educado pero seco
—¿Me… permites?
Huerta apenas meneó la cabeza
—Está bien, “don Jesús”.
—José María… —corrigió
—Te queda ¡ y no me molestes !—respondió el otro, sin mayor interés
Y se fue
José María se levantó
Cerró con seguro.
Debía hacerlo
por bien suyo y de la misión
Al salir…
se miró por encima
no era un look precisamente para pasear por
la plaza en dia de fiesta
Pero serviría
Un pantalón de mezclilla, algo grande
Una polera
Su camisa encima
Y el pañuelo al cuello
Huerta lo notó de inmediato
—Tardaste ¿oye y eso?
reparó en el pañuelo
—Tuve acné… ¡me quedó horrible después !
rapido ,un poco improvisado pensó