Regreso A Villalebu

CAPITULO 7

“Don Jesús”

Baltazar salió afuera

_ pasa .. _ él,camacho

le dio la mano

él muchacho con nervios en

su actuar

_ José María Obando ,¡un placer!

Antonio le dijo

_ bien me retiro cualquier cosa te esperamos

en casa ..

entonces el le señalo pasar a la oficina

tras 5 minutos de escucharlo hablar

lo miraba sin poder entender

¿Cuánto podría durar ese muchacho

trabajando ahí?

A simple vista, era un mal chiste

bajo ,

con lentes

y una presencia a su gusto

¿quizas debil ?

Se notaba leído

Con estudios universitarios

Filosofía

Literatura contemporánea

Todo lo contrario a ese mundo

más de fuerza,más tosco

Camacho ladeó la cabeza

—Dime… ¿siquiera sabes algo de caballos…

o de algún otro animal?

Su expresión intentaba ser comprensiva

Casi amable por compromiso

pensó

Tall vez Oviedo quería probarlo

Verlo esforzarse

Ver si podía ganarse un lugar

O simplemente… verlo caer

aunque conociendo al hombre

no lo creia sinceramente capaz

Suspiró

—Mira… voy a ser sincero

Se señaló la cabeza.

—En este trabajo se necesita fuerza bruta…

¡y poco de acá !

Hizo una pausa señalando la frente

—Pero te daré una oportunidad

Indicó hacia afuera.

—Vas a ir a los establos… pero eso si necesitarás otra ropa

José María sintió el nervio subirle desde las piernas

Aun así, lo disimuló bien

—¿Cambiarme… de ropa? —alcanzó a decir

No tuvo tiempo de más

Camacho ya iba de salida

—Eh… Pérez —llamó—.¡ Trae a Huerta acá !

José María observó la escena

El tono.

El desgano

La costumbre

—Prepárate, chico —dijo Camacho, sin mirarlo—. ¡De cómo termines hoy depende que vuelvas mañana !

Silencio

José María tragó saliva.

“Qué… emocionante…”

lo pensó sin ganas reales

Y otra más

“Y yo que no soporto ni ver llorar a un gato “

suspiró

Baltazar salió unos segundos

Entonces lo vio pasar

Un hombre algo encorvado ,rostro tostado

La mirada inquieta, como si siempre buscara algo

—Dígame, jefe… ¿para qué me necesitan?

Su voz era seca

Directa

Su mirada, marrón

Firme

José María tragó saliva

“¿era acaso el jinete del cementerio?”

lo reconoció por el sombrero

Alzó la cara, intentando sonar convincente

—Hola… voy a trabajar aquí

El hombre ni lo miró

—Qué suerte… —respondió sin interés—.

Vengo después ..

Se dio media vuelta

En ese momento, Baltazar volvia

casi tropiezan

—Ah… qué bien, Huerta. Necesito que lo lleves

a los establos y le enseñes… con paciencia. Mucha paciencia ,¡también dale ropa !

Luego, mirando a José María

—Bienvenido, Obando

Huerta se detuvo

Esta vez sí lo miró

De arriba abajo.

pero esa mirada seca

y ese gesto de hombre curtido

no fueron, en absoluto, alentadores

y jose maria yendo tras él

se decia refiriendose a él con simpleza

“ qué patán”

Le siguió

Entre pasillos, cercas y relinchos

El olor a pasto

mezclado con el del sudor y los animales

Un micro universo donde la naturaleza

y los caballos

eran las estrellas dominantes

Todo se movía

sonaba a exigencia

De pronto no vio nada más

tropezó con un fardo

Los lentes cayeron al suelo

Las risas no se hicieron esperar

Secas ,Rápidas

Sin piedad

Pero Huerta no se detuvo

—oye tú ¡si no te paras, nadie trabajará!

José María se incorporó de inmediato

Aún algo desorientado

Se ajustó como pudo

la chaquetilla

Y soltó, casi sin pensar

—¡Joder por Jesús y su cruz…!

Alguien, desde atrás, respondió entre risas

—¡No olvides a la Virgen… ni a José!

Más carcajadas

Huerta señaló hacia un pasillo lateral

—Ven… acá están las duchas

Se dio media vuelta

—Voy por tu ropa, “don Jesús”.

José María lo siguió

En silencio.

Sintiendo aún el eco de las risas.

Y algo más

que no supo que era

Pero que ya empezaba a pesar

Observó el lugar con detenimiento

Las duchas

Un par de bancas

una hilera de llaves

El aire cargado de sudor

Incómodo

tomo asiento

Revisó sus lentes

Con alivio

—No sufrieron mayor daño…

Recordó que tenía al menos seis más

en la maleta

pero en verdad

no le gustaba la sensación

Había algo de peligro en todo eso

y sin embargo

Estaba ahí

En los terrenos mismos de Lineros

Sin quererlo, Antonio mismo lo había traído

Y ahora…

tenía que trabajar

se dijo

“Torpe… seguro… hombre

eres hombre ”

lo repitió

Otra vez

debía sonar cada vez más convencido

escucho pasos

—Ten… —dijo Huerta, lanzándole la ropa

Eres bajo, ¡supongo que te quedarán !

José María lo vio seguir parado en ese

mismo sitiio

Su tono al hablar fue educado pero seco

—¿Me… permites?

Huerta apenas meneó la cabeza

—Está bien, “don Jesús”.

—José María… —corrigió

—Te queda ¡ y no me molestes !—respondió el otro, sin mayor interés

Y se fue

José María se levantó

Cerró con seguro.

Debía hacerlo

por bien suyo y de la misión

Al salir…

se miró por encima

no era un look precisamente para pasear por

la plaza en dia de fiesta

Pero serviría

Un pantalón de mezclilla, algo grande

Una polera

Su camisa encima

Y el pañuelo al cuello

Huerta lo notó de inmediato

—Tardaste ¿oye y eso?

reparó en el pañuelo

—Tuve acné… ¡me quedó horrible después !

rapido ,un poco improvisado pensó




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