“ TRATOS “
Ella minerva se acercó apenas sus ojos dieron con José María sentado en la sala
abrió la boca con evidente satisfacción.
—¡Pero mira qué coincidencia más grande!
A ti te andaba buscando precisamente…
hombrecito..
José María tragó saliva lentamente
Y se dijo con absoluta honestidad
“Mejor me hubiera ido donde mi tío
una paliza suya seria menos malo .”
José María se puso rápidamente en pie
apenas vio la expresión en Minerva
Y sinceramente… aquello nunca era buena señal.
—Creo que las dejaré conversar tranquilas
Intentó avanzar hacia la puerta con absoluta dignidad.
—No quiero que ahora terminen por echarme del pueblo
¡o peor del país !
Pero Minerva lo señaló inmediatamente.
—Siéntate ahí, hombrecito… ¡me vas a escuchar !
José María levantó las cejas indignado.
—Guarda tus gritos para Octavio. Yo no soy nada tuyo ..
Y entonces ella lo miró
Con una calma tan extraña diciendo
_ siéntate y conversemos en
buenos términos por favor.. ¿puedes Obando?
tan calmada que a José María literalmente
se le erizó el cabello
Definitivamente no le gustó ese tono
Porque Minerva tranquila era muchísimo más peligrosa
que Minerva gritando
Ella ladeó apenas la cabeza
esperando la respuesta
—¿De qué hablas, princesa de papi?
José María abrió la boca completamente ofendido
Pero antes de que pudiera responder, Toñita se levantó del asiento desesperada
—¿Será que pueden irse a mi cuarto a declararse la guerra?
Se llevó una mano a la frente
—¡Por Dios, no hay remedio contigo, Minerva Prado que cruz Jose ! !
Ella simplemente sonrió con total descaro.
Y luego volvió a mirarlo
—Ven y sígueme… ¡José María !
Él sintió un escalofrío inmediato.
Y por dentro prácticamente rezaba
“No… más problemas no… por favor, Jesús santo protégeme por favor…”
Porque si había algo peor que dormir con Huerta
era quedarse solo con Minerva Prado
cuando ella tenía esa mirada.
En el cuarto
José María permanecía con los brazos cruzados
Prácticamente pegado a la puerta
Lo más lejos posible de Minerva
Ella, en cambio, parecía estar muy tranquila.
Tomó un cepillo de pelo desde el tocador y comenzó a peinarse lentamente frente al espejo mientras hablaba.
—Supe lo que pasó contigo, José…
y de verdad lo siento
Hizo una pausa breve
—No diré lo mismo por tu prima porque cínica no soy…
pero sí comparto lo mismo que piensas del tema.
José María soltó una pequeña risa incrédula.
—¿De que es mejor que pretendan amarrar al cuello de Octavio una piedra y tirarlo a una quebrada en vez de un matrimonio arreglado contigo cierto?
Minerva lo miró a través de sus ojos pardos
la vista molesta pero hizo un mohin de calma
y decidió ignorar ese comentario
volvió a mirarse en el espejo peinando su cabello y diciendo
—Voy a pasar por alto tu impertinencia… porque me imagino ya has pagado tus pecados debiendo estar
en cualquier parte !
José María respondió inmediatamente:
—El haras no es cualquier parte. Es mi trabajo y de verdad hay gente muy buena !
Eso hizo que Minerva soltara el cepillo sobre el tocador con un golpe seco.
—¿Podrías olvidar esa niñería ya?
Se giró finalmente hacia él.
—Necesito que me ayudes con algo. Y debe ser para luego.
José María la observó con sospecha inmediata
Y cuando ella le indicó con la mano que se acercara a la cama… sinceramente lo pensó demasiado
Pero terminó haciéndolo
Con toda la desconfianza del mundo
Minerva lo miró directo a los ojos.
Y José María notó otra vez ese brillo extraño
en sus ojos pardos.
Esa intensidad peligrosa que siempre tenía cuando planeaba algo.
—Tú, mi lindo hombrecito… me ayudarás a darles una lección ¡a ese par de brutos que todavía creen que pueden manejarme como si fuera una vaca para vender !
José María quedó completamente de piedra.
—¿Por qué esto…? O sea… ¿no es tu sueño dorado acaso ?
Minerva se levantó enseguida
Volvió hacia el espejo con esa actitud altiva que parecía
tan natural en ella.
Y entonces respondió algo que él muchacho definitivamente no esperaba.
—Porque yo quiero que sea el propio Octavio quien me lo pida…
Sus ojos se endurecieron apenas
—¡No su papá !
tras unos minutos intentando digerir todo eso
él le dijo todavía desconfiado
—¿Estás segura de esto?
Se pasó una mano por el cabello con evidente incomodidad para agregar
—O sea… me siento halagado, pero yo no voy a quedarme acá ni por ti… ni por nadie eh ..
Minerva soltó una carcajada sarcástica prácticamente
en su cara
—Lo dicho… eres un tontito..
Se cruzó de brazos con total elegancia
—Pero no tengo a quién más acudir. Solo están Octavio, el doctor… o tú, querido..
José María abrió mucho los ojos.
—Prueba con don Emiliano mejor… aunque está pasadito,
¿no?
Eso hizo reír nuevamente a Minerva
Y sinceramente, verla reír de verdad era extraño.
Porque incluso hasta sus risas parecían calculadas.
—Don Emiliano es muy interesante…
Dijo aquello acomodándose el cabello.
—Pero él me vería como una niña caprichosa.
Y eso no es lo que quiero mostrar
Entonces volvió a mirarlo fijamente.
—Bien… ¿qué dices, Obando?
José María intentó entender toda aquella locura.
Porque sinceramente el plan sonaba completamente desquiciado por donde se lo mirara.
En su caso sería más rápido que le amarraran la piedra a él primero
Y al verlo dudar, Minerva habló otra vez.
Más suave.
—Tómalo como un respiro para ambos
José María frunció el ceño.
Y ella continuó: