Your face

Capítulo 34

Mis dientes castañearon cuando una ráfaga de viento otoñal me azotó el cuerpo, como si necesitara más razones para dar media vuelta e irme a casa. Mis sábanas calentitas, en definitiva, eran un mejor destino que la construcción tortuosa a la que llamaban escuela.

—Condenado frío —maldije por lo bajo, sorbiendo por la nariz.

—¿Dónde está tu suéter? —cuestionó la chica a mi costado. Su ceja alzada y el claro matiz de desaprobación en sus ojos me hicieron sospechar que seguro ya conocía la respuesta. O se hacía una idea, cuando menos.

Aun así, le respondí, con voz queda:

—Lo olvidé.

Ella negó, volviendo la vista al aparato.

«Mentirosa.»

En realidad, se me pasó sacarlo del recóndito rincón donde lo dejé tirado la última vez que lo usé. Énfasis en recóndito, ya que ni Mimi fue capaz de encontrarlo. O eso deduje, porque ahí seguía, sin manchas visibles, pero oliendo a ropa sucia de un mes.

Arrugué la cara apenas en un gesto de desagrado que MJ, muy concentrada en su teléfono, no notó. La vi tipear con fuerza al tiempo que su entrecejo se arrugaba y sus labios se fruncían. Había olvidado la última vez que todo su semblante se endureció así.

—¿Con quién hablas? —cuestioné, cautelosa. Me contuve de hacer alguna broma sobre lo aterradora que lucía cuando ponía esa cara. Al poco de conocernos, solía llamarla «Mafiosa», precisamente porque dicha expresión era su día a día.

Su nariz se contrajo antes de responder, en un tono cargado de enojo:

—Isabel.

—Ah.

Isabel.

La hermana menor de MJ y, probablemente, la persona que más volátil podía volver el carácter de la morena. Siempre me pareció gracioso lo mucho que se parecen y, a la vez, cómo chocan entre sí.

A veces pensaba lo absurdo que era que pelearan tanto cuando ambas son muy agradables, pero, por otro lado, no podía evitar comprenderlas. Ya es difícil convivir con otros en la misma casa, aunque se trate de tu familia; en su caso, era mucho peor porque se veían forzadas a compartir habitación.

Esto último era lo que más discusiones estúpidas desataba. Como que una había encendido la luz demasiado temprano en la madrugada para maquillarse, o que el desorden del lado de la otra echaba a perder la estética del lado contrario.

Imaginé que esta vez sería algo por el estilo.

«Aunque M se ve mucho más furiosa de lo normal.»

Opté por mantener la boca cerrada. Si estaba así de enojada, probablemente una opinión imparcial —que no me ha pedido— se sentiría como un ataque directo a ella.

Estuvimos en silencio los siguientes minutos. Bueno, yo lo estuve, oyendo cómo tipeaba violentamente, soltando una que otra maldición por lo bajo. Por momentos incluso se detenía, mirando la pantalla como si no pudiera decidir entre apagar el teléfono o directamente estrellarlo contra el suelo.

Inflé las mejillas, buscando algo que comentar que, con suerte, aliviara un poco la tensión en el ambiente. Entonces, mis ojos se detuvieron en el brazo de mi acompañante, más precisamente en un pequeño bolso rectangular en el que no había reparado.

Sonreí.

—Oye, M —ella me miró, con el ceño fruncido. Soltó un «¿Mm?» no muy amigable. Acentué la sonrisa, sin dejarme amedrentar—. ¿Qué es eso?

Toqué el bolso con la punta del dedo, acercándole el rostro.

«¿Eh?»

Volví a palparlo, esta vez usando toda la mano.

«Está tibio.»

—¿Trajiste comida? —salté, cubriéndome la boca para acallar una risita eufórica.

Por lo general, no llevaba comida a la escuela, pero cuando lo hacía, resultaba ser algo delicioso que jamás había probado. La comida de MJ siempre tenía ese no sé qué que hacía que hasta una simple merienda pareciera un banquete.

Sujeté el bolso con ambas manos, olfateándolo como un perro al que no habían alimentado en días.

En mi defensa, no me dio tiempo a desayunar y la noche anterior solo cené una mandarina.

—Es de Isabel —respondió ella con sequedad, volviendo su atención al aparato en sus manos dos segundos después.

Me quedé estática, con la boca semiabierta y las manos aún aferradas a la lonchera. Mi sonrisa desapareció.

Carraspeé, apartándome con movimientos mecánicos.

«Okay. Mejor me callo.»

Al poco, cuando pensé que me quedaría visca tratando de espiar en la pantalla de la morena, la escuela ya estaba a pocos metros. Normalmente criticaba bastante nuestra escuela, pero, de hecho, la entrada es linda cuando no hay tanta gente. El estrecho camino pavimentado, con los árboles alrededor en una mezcla silvestre y de autopista al mismo tiempo, era una combinación agradable, inclusive única.

Me sorprendí por un momento de ver tan pocas personas hasta que recordé que la casa de M está básicamente frente a la escuela. Y habíamos salido con buen tiempo. Cuatro minutos a pie, uno y medio a paso veloz y cuarenta segundos corriendo.

Bueno, solo calculando.

Le lancé una miradita, esperando que la correspondiera. De nuevo, ni siquiera se percató.

Suspiré.

«¿Habrá pasado algo con su papá?»

Por lo general, era el caso cuando se ponía así de seria.

De pronto, un grupo de chicos pasó corriendo a nuestro lado, soltando vapor por la boca como locomotoras. No les bastó con tirarnos todo el humo a la cara; también nos golpearon los hombros y ni uno se dignó a volver la cabeza y pedir disculpas.

Iba a quejarme; sin embargo, el frío se coló por mis mangas cortas como si tuviese vida propia, provocando un ligero temblor que sacudió mi cuerpo.

—Mejor entremos rápido —castañeé.

Me fijé en el reloj gigante de la entrada, confirmando lo que ya sospechaba: habíamos llegado temprano. Me alegré. Lo último que quería para empezar la semana era un llamado de atención en la primera hora del día, más aún el primer día de clases.

«Si caminamos rápido, hasta podremos dar una vuelta antes de entrar al salón.»

No obstante, la morena tenía otros planes. Antes de darme cuenta, la entrada estaba del otro lado de la calle, alejándose con rapidez mientras mi cuerpo era arrastrado a quién sabe dónde. Giré el torso hacia MJ, quien había enganchado su brazo con el mío con toda la naturalidad del mundo, casi como si fuera una extensión física de sí misma.



#12294 en Novela romántica
#6095 en Otros
#1162 en Humor

En el texto hay: romance drama, humor comedia

Editado: 23.09.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.