Your face

Capítulo 37

«Divertido en mis sueños.»

Tres semanas habían bastado para olvidarnos por completo de Halloween hasta que prácticamente nos respiró en la nuca.

Y ahora MJ y yo llevábamos tres horas buscando un disfraz, con cero resultados y una cantidad preocupante de páginas fraudulentas visitadas.

Golpeé mi frente contra el teclado una vez más.

—Fantasmas.

Alcé la cabeza.

MJ, con su teléfono y el mío cubriéndole los ojos, parecía más necesitada de esperanza que yo.

—¿Qué?

—No tenemos otra opción. Hay que ir de fantasmas.

Sábanas, querrás decir. Y sí tenemos opción —contradije, alzando ligeramente el tono, ofendida por su actitud de derrota.

—¿Cuál? —resopló.

Me levanté de mi lugar y caminé hacia ella, quitándole los celulares de la cara para que me viera a los ojos.

—Aún existen las tiendas presenciales, ¿recuerdas? ¡No todo es tecnología, jovencita!

—Allí no hay chances, B. Todo se agota antes del diez. ¿Sabes qué fecha es hoy?

La zarandeé, sujetándola de los hombros.

—¿Cómo sabes? No has visitado cada tienda después de esa fecha para comprobarlo, ¿o sí? —ataqué.

—No, pero—

—¡Pero nada, Megan! —corté, dándole otra sacudida— ¡Vamos a conseguir un disfraz, te lo juro!

Ella soltó un quejido, derritiéndose aún más sobre el espaldar de la silla.

—Ven, vamos a dar una vuelta al patio.

Emitió otro quejido, cargado de pereza.

—No quiero. Ya me volví una con este banquito.

—Vamos —insistí, empleando toda la fuerza de mis brazos para alzarla— Necesitamos ver árboles.

—Ve a verlos tú sola —acotó la chica, volviendo a recostar la cabeza contra la pared.

—Le... ván... tate —pujé, negándome por completo a darme por vencida.

La última vez que decidimos dejar todo para después, ambas nos vimos obligadas a usar un par de trajes viejos que olían a tela almacenada de una década. Curiosamente, esa fue nuestra mejor noche de brujas; pasamos toda la noche intentando convencer a la gente de que las partes descocidas eran parte del disfraz, pero ese no es el punto.

MJ era la racional de las dos, la que encontraba la solución mientras tu cerebro apenas comenzaba a ver un problema. Si ella se rendía, entonces, ¿qué íbamos a hacer?

Me froté los ojos para apaciguar el ardor. Había pasado casi toda la tarde mirando una pantalla sin descanso. Era casi un milagro que aún pudiera distinguir formas.

De pronto, unos toques en la puerta se hicieron presentes.

Volví la cabeza.

—BlúBlú, tienes una llamada —oí la voz amortiguada de Mimi del otro lado de la puerta.

Alcé una ceja, lanzando una mirada automática a mi teléfono, ahora en el regazo de la morena.

Ella se encogió de hombros.

Al abrir, me encontré con el rostro de la mayor. Tenía cierto matiz de pena en las facciones, como cuando estás a punto de dar una mala noticia.

El miedo me invadió el pecho en cuestión de instantes cuando reparé en el objeto que sostenía en sus manos.

«El teléfono fijo»

Acaso...

—¿Pasó algo...? —cuestioné con voz queda.

Mimi alzó ambas cejas, sorprendida por el temblor en mi voz.

—¡Oh, no, mi niña! Es solo una llamada —aclaró, agitando una mano. Luego bajó el tono, cubriendo aún más la bocina del aparato para decir—: Un tal Benedith te busca. ¿No es ese muchacho del otro día?

Arrugué la frente, mis sentimientos debatiéndose entre el desconcierto y la molestia.

—¿Qué? ¿Por qué me llama?

La mayor se encogió de hombros antes de entregarme el teléfono y desaparecer como el viento, exclamando que se le iba a quemar el no sé qué.

—¡Mimi...! ¡No quiero hablar con—

—¿Hola?

Pegué un brinco al oír la voz salir del auricular.

Me lo llevé al oído, dudosa.

—Eh...

Viré el cuello hacia MJ, que parecía haber recuperado toda su vitalidad. Atravesó la habitación de una zancada y se paró a mi lado, pegando la oreja al otro extremo del teléfono.

—¿Hola? Soy Benedith. Benedith Coupland. Vivo enfrente.

—¿El presunto guapetón? —susurró MJ, cubriéndose la boca con sorpresa— ¿Desde cuándo hablan?

Le golpeé el brazo.

—¡Oye! —se quejó, devolviéndome el golpe.

Cubrí la bocina con ambas manos.

Al fin estaba teniendo una tarde tranquila y ese chico había encontrado la manera de meterse en ella desde el otro lado de la calle.

—¿Cómo se cuelga esto, M? —le pregunté a mi amiga, que estaba más interesada en la conversación que yo.

—¿Colgar? ¡No! Ve qué quiere —instó ella, haciendo un ademán con la mano.

Negué con fuerza, a punto de arrojar el teléfono al pasillo.

Ella me lo arrebató antes, atendiendo por mí.

—¡Hola! —saludó en tono coqueto.

Comenzamos una batalla de manotazos que, en realidad, consistió en MJ intentando alejar el teléfono de mí y yo haciéndole cosquillas para que lo dejara caer al suelo.

Lo recuperé con rapidez.

—Hola, sí, te recuerdo —saludé, empujando a la morena del rostro.

—¿Cómo estás? Sé que es raro que te llame de repente, pero...

Suprimí el impulso de soltar un bufido.

La palabra se quedaba corta. Hasta era el término equivocado.

Inesperado quedaba mejor.

¿O fuera de lugar?

—¿Necesitas algo? —inquirí con tono urgente— Mi madre no está.

—Ah, bueno... me preguntaba si podíamos hablar en persona.

Fruncí las cejas y aparté el aparato de mi rostro. Volví la vista a MJ, que me hizo un gesto con las manos para que continuara.

Revoleé los ojos.

—Lo siento, pero estaré ocupada toda la semana —rechacé, fingiendo cordialidad. Luego agregué, dejando escapar un poco el rencor en mi voz—: De todas formas, nos veremos en la... “cena”.

MJ soltó una exclamación.

—¿Qué? ¿Tienen una cita? —preguntó, usando ese susurro malísimo que no amortiguaba para nada el sonido de su voz.

—Con tu abuela —agregué, alzando el tono.

Vi a la morena arrugar la frente, inclinando la cabeza a un lado, más confundida que al principio.



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En el texto hay: romance drama, humor comedia

Editado: 23.09.2026

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