HOTEL IMPERIAL DE VIENA (A LA MAÑANA SIGUIENTE)
El día, por Aurorita tan ansiado finalmente había llegado, pues a primeras horas de la mañana debía presentarse en el Wiener Staatsoper para conocer al elenco con el cual iba a trabajar en las presentaciones de final de temporada. Para conocer aquel majestuoso escenario y posteriormente comenzar con los ensayos. Impecablemente puesta como siempre, en compañía de su inseparable Copito de nieve recibió al mozo que traía el desayuno.
Aurora no lo había pedido, y es que sus ansias eran tan grandes que ni siquiera sentía apetito.
— Fue un pedido especial del joven Akins para usted, señorita.
— Le agradezco pero no voy a desayunar. ¿Sabe dónde está él?
— Se encuentra en el gimnasio. Específicamente en el área de yoga. Dijo que vendría a tiempo para desayunar con usted. Oh, y precisamente aquí está —exclamó el mayordomo al ver ingresar al joven—
— ¿Dónde estabas Karîm? Se me hará tarde por tu culpa, pero esperaré a que acabes de desayunar. Yo no tengo apetito
— ¿Que no tienes apetito? ¿Será tu primer día de actividades. Pasarás horas enteras en la ópera, y pretendes ir con el estómago vacío? Escúchame muy bien. Entraré a darme una ducha ahora, y cuando salga quiero ver vacía esa bandeja de desayuno que te corresponde —advirtió el joven dejando su bolso sobre uno de los sofás para dirigirse hasta el vestíbulo—
— ¿Joven, necesita alguna cosa?
Akins negó con la cabeza
— ¿Usted, señorita?
— No se me ofrece nada, gracias
El mayordomo asentó y se retiró
— Karîm, te acabo de decir que no tengo apetito.
— Y yo te acabo de decir que no saldrás de aquí hasta que no vacíes esa bandeja.
Mientras el joven entraba a darse una ducha, forzosamente Aurora tuvo que ingerir la mayor cantidad de bocado que le fuera posible.
— Es demasiado. No acabaré esto. ¿Por qué se tarda tanto?
La impaciencia volvió a apoderarse de ella.
— Dijo que solo se daría una ducha
Aurora se acercó a la puerta y comenzó a golpear con insistencia hasta que finalmente Akins la abrió.
— ¿Qué te sucede? ¿Por qué tocas de ese modo?
Sorprendida por cómo vestía, Aurora de pies a cabeza lo observó de manera detenida. — Ya estoy listo. ¿Que no ves?
— Lo estoy viendo
— Solo me faltan mis zapatos.
La obsesión de Akins por el buen aspecto, el aseo y la pulcritud parecían haber aumentado, o quizás siempre fue así, pero Aurora apenas comenzaba a notarlo con mayor exageración.
— ¿Dime cómo me veo?
— Oh, mi luz nocturna. Te vez muy guapo
— ¿Mis zapatos están bien limpios?
— Karîm, tus zapatos le harán competencia al sol cuando pises la calle. Ahora vámonos.
La joven tomó su bolso. Le entregó a Akins el que le correspondía, y jalándolo de una mano le pidió a Copito de nieve que los siguiera. En la salida el Portier los despidió, y ya en las afueras quedaron aguardando por unos cuantos segundos.
— ¿Y tu coche? ¿No le pediste al guardia que lo tuviese listo?
— Deja de quejarte Aurorita. Eres la estrella. Nada malo sucederá si llegas un poco tarde. Ah, allí viene —exclamó mientras que para Aurora, un inesperado coche deportivo era lo único que veía detenerse delante de ellos—
Una de las puertas se abrió elevándose lentamente, y uno de los hombres de Akins descendió acercándose.
— Su key fob, señor —habló el guardia entregándole al joven el mando a distancia del deportivo—
— Ah…ah… ¿Karîm, qué significa esto?
— Sube, mi luz y vámonos. ¿No llevabas prisa? Copito, Sube tú también
Boquiabierta y sin palabras, Aurora se dispuso a subir ni bien Akins les abría la otra puerta.
El silencio parecía haber consumido a la joven por completo durante gran parte del trayecto, y si bien para Akins era preferible, definitivamente no era normal tratándose de su ángel.
— ¿No dirás nada, mi luz? ¿Te gustó mi sorpresa para ti? ¿Imagínate llegando a la Ópera de Viena en esta nave? —decía refiriéndose a la Maserati MC20 Cielo—
— ¿Gustarme? ¿En verdad pensaste por un segundo que podría gustarme este juguete?
— Lo pensé. De hecho pensé en dos posibilidades, pero creo que no era momento para la otra opción.
— Karîm, dime qué te hizo pensar que yo querría llegar a la ópera en un coche deportivo
— Eres cara, Aurorita. Eres ostentosa y superficial, y sabes que tus fans de las redes sociales amarán verte llegar en un coche deportivo.
— ¿Tú piensas todo eso de mí, infame? ¿Por qué mejor no mantuviste la boca cerrada —vociferó rompiendo en un repentino llanto—
— No te recomiendo que llores porque estamos a punto de llegar
En verdad estaban a punto de llegar, y a metros, de la presencia de un enjambre de personas frente a la ópera, Aurora se pudo constatar. Con gran prisa de observó a sí misma a través de la cámara frontal del teléfono móvil e hizo a un lado sus lágrimas.