⚠️ Advertencia de capítulo ⚠️
¡Hola!
Antes de comenzar quería dejar una pequeña advertencia.
Este capítulo contiene una escena +18 aproximadamente a la mitad. Dicha escena estará claramente señalada para que quienes prefieran omitirla puedan hacerlo sin ningún problema.
Quiero aclarar que esta parte no es indispensable para entender la trama, por lo que pueden saltarla.
Como siempre, lean únicamente aquello con lo que se sientan cómodos.
¡Ahora sí, disfruten el capítulo! ♡
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La luz de la tarde entraba en mi oficina en largas franjas doradas, a esa hora del día, el sol golpeaba de lleno las ventanas y llenaba el espacio con una claridad cálida que hacía brillar el polvo suspendido en el aire como pequeñas motas de oro.
El murmullo amortiguado de las herramientas, voces, sonidos metálicos de una llave inglesa chocando contra una mesa y, aun así, en mi oficina todo se sentía en calma.
Frente a mí descansaban varias carpetas abiertas, facturas por revisar y números que debía cuadrar antes de cerrar el día, mientras que a mi lado, junto al escritorio, en el pequeño moisés blanco que se balanceaba apenas con el movimiento del aire y dentro, profundamente dormido, estaba Finnian Kyo.
Mi hijo.
Bajé la vista hacia él y, como me ocurría varias veces al día, sentí esa mezcla de incredulidad y ternura que todavía no terminaba de acostumbrarme a experimentar.
Finnian dormía con ambas manos cerradas cerca del rostro, su cabello rubio, tan suave y fino que parecía seda, se extendía en mechones desordenados sobre la sábana, mientras que sus pestañas descansaban sobre sus mejillas redondas y ligeramente rosadas. De vez en cuando fruncía apenas los labios o emitía un pequeño suspiro, como si estuviera teniendo sueños divertidos.
Era imposible mirarlo y no sentir que el corazón se me deshacía.
Apoyé el lápiz sobre el escritorio y me recosté en la silla. Aún me costaba creer lo sencillo que había sido adaptarnos a él, durante el embarazo había leído incontables libros, artículos, foros, e incluso testimonios de padres agotados que describían los primeros meses como una batalla interminable contra el sueño, el llanto y el caos.
Me preparé para noches eternas, para lágrimas, o incluso sentir que estaba haciendo todo mal pero Finnian había llegado al mundo con una serenidad desconcertante.
Lloraba cuando tenía hambre.
Cuando necesitaba un cambio.
Cuando algo realmente lo incomodaba.
Fuera de eso, era un bebé tranquilo, dormía mucho y observaba el mundo con esos ojos atentos que parecían absorberlo todo y se calmaba con una facilidad enternecedora apenas escuchaba la voz de Ren o la mía.
Según Itsuki, Ren había sido exactamente igual.
—Dormía como un santo —me dijo una tarde, mientras sostenía a Finnian con la misma devoción con la que ahora parecía mirar a todos sus nietos.
Luego soltó una pequeña risa.
—El que sí era un desastre era Sora.
Mientras observaba a Finnian dormir, no pude evitar recordar otra ocasión reciente.
La boda de Sora y Rinto.
Finnian apenas tenía unas semanas de nacido, estaba convencido de que lloraría en medio de la ceremonia pero no.
Durmió durante toda la ceremonia.
Durante las fotos.
Durante la cena.
Durante los discursos.
Se despertó únicamente cuando regresamos a casa, como si hubiera decidido con toda seriedad que no pensaba robarle protagonismo a su tío.
Sonreí al recordar el orgullo con el que Sora declaró que su sobrino era “el invitado mejor educado de toda la boda”.
Mi vida, de alguna manera, había encontrado un ritmo, por las mañanas asistía a la universidad mientras Ren se quedaba con Finnian antes de abrir el taller, cuidándolo, luego Mercy llegaba para encargarse de la oficina y, cuando yo regresaba, tomaba el relevo con el bebé y me instalaba frente a mis cuentas y balances, entonces Ren podía volver al taller con Dylan.
No era una rutina perfecta.
Había noches en las que apenas dormíamos. Días en los que Finnian decidía que solo quería estar en brazos e incluso momentos en los que terminábamos cenando de pie en la cocina mientras uno de los dos mecía al bebé pero, incluso en medio del cansancio, todo se sentía extrañamente sencillo como si cada pieza finalmente hubiera encontrado su lugar.
Levanté nuevamente la vista del escritorio, Finnian se removió apenas en el moisés, sus labios se curvaron en una expresión indefinible antes de volver a quedarse completamente quieto.
Sonreí y me incliné para acomodar mejor la manta sobre su pequeño cuerpo.
A veces pienso en la persona que fui.
En el chico que contaba monedas antes de comprar un jugo, en el adolescente que imaginaba familias y se preguntaba, en silencio, cómo se sentiría pertenecer a una.
En alguien que estaba convencido de que ciertas cosas solo existían para los demás y entonces miro a mi alrededor. El hogar que Ren construyó con sus propias manos y comprendo que la vida no me dio exactamente lo que soñé pero me dio algo mucho mejor porque los sueños suelen ser vagos mientras que esto… Esto es tangible.
Tiene olor a leche tibia y a aceite de motor, suena como la risa de Cameron, las canciones de Ren y los consejos de Itsuki, se siente como unas manos pequeñas aferrándose a mi ropa, con la certeza de que, al final del día, siempre habrá alguien esperándome en casa.
Si alguien me hubiera dicho años atrás que esta sería mi vida, no lo habría creído pero ahora, observando a mi hijo bajo la luz dorada de la tarde, entendí algo con absoluta claridad.
Algunas personas pasan la vida entera buscando un hogar pero yo tuve la fortuna de encontrar el mío en una familia que construimos juntos y, sinceramente, no cambiaría nada.
La puerta de mi oficina se abrió sin previo aviso ni siquiera tuve que levantar la vista del escritorio para saber quién era solo una persona en el mundo entraba de esa manera, como si todas las puertas estuvieran perpetuamente abiertas para él y como si el concepto de “tocar antes de pasar” fuera una sugerencia opcional.