—Yo lo haré —dijo Walter, rompiendo el silencio que se había instalado en la cocina de los Hale, donde se habían reunido esa tarde para discutir los últimos detalles antes del día del ritual.
Todos se giraron hacia él, sorprendidos tanto por el ofrecimiento como por la firmeza repentina con la que lo había pronunciado, tan distinta del hombre quebrado que Daniel había encontrado sentado en el suelo de su propio colmado apenas unos días atrás.
—Walter, no tienes que hacerlo tú —dijo el padre Coleman—. Nadie te está pidiendo que...
—Lo sé —lo interrumpió Walter, con una calma que parecía haber encontrado en algún lugar profundo de sí mismo desde la última vez que habían hablado—. Pero creo que soy, de todos los presentes en esta sala, quien mejor puede entender exactamente lo que Josiah Ashford sintió al escribir esa carta.
Se quedó en silencio un momento, mirando sus propias manos apoyadas sobre la mesa, antes de continuar.
—Perdí a Eleanor de la misma forma en que él perdió a Sarah, aunque con casi dos siglos de diferencia. Sé lo que es amar a alguien tanto que estás dispuesto a cometer cualquier locura para recuperarla. Sé lo que es cargar, durante años, con la culpa de haber tomado la decisión equivocada en el momento más desesperado de tu vida. Si alguien en este pueblo puede pronunciar esas palabras con la convicción suficiente para llegar hasta donde sea que Sarah siga atrapada, creo, sinceramente, que soy yo.
Claire, sentada al otro lado de la mesa, sintió que se le llenaban los ojos de lágrimas ante la honestidad cruda de esas palabras.
—Pero no es tu propia pérdida la que tienes que invocar, Walter —dijo con suavidad—. Vas a tener que sentir, de verdad, el amor de Josiah por Sarah. No el tuyo por Eleanor.
—Lo sé —respondió Walter, con una sonrisa triste—. Pero creo que el dolor de perder a alguien así, sin importar el nombre que lleve esa persona, se parece más de lo que cualquiera podría imaginar sin haberlo vivido en carne propia. Voy a pensar en Eleanor mientras pronuncio esas palabras, señora Hale. Voy a usar todo lo que sentí por ella para prestarle a Sarah, aunque sea por un instante, un amor real que pueda reconocer como verdadero.
El padre Coleman asintió despacio, aceptando la decisión con una mezcla de alivio y una preocupación que no intentó ocultar del todo.
—Entonces está decidido —dijo—. Walter pronunciará las palabras de la carta en el momento culminante del ritual. El resto de nosotros formaremos el círculo con los siete espejos, sosteniendo cada uno la línea de sangre que representa.
Repasaron el plan completo una vez más, ahora con cada pieza finalmente en su lugar: Daniel por los Hale, el padre Coleman actuando como guía espiritual del proceso en representación simbólica de la fe que había sostenido al pueblo durante generaciones, Marion por los Marsh, Margaret por los Bennett, Michael por los Sutter, y Noah, que había insistido en participar a pesar de las reticencias iniciales de su propia familia, representando a los Corwin en lugar de su tío, demasiado escéptico todavía para aceptar formar parte de algo que consideraba, en el fondo, una completa locura.
El séptimo espejo, el más antiguo, el que habían encontrado junto a la piedra tallada en el arroyo, se colocaría en el lugar simbólico de los Ashford, con Walter de pie frente a él en el momento decisivo, pronunciando las palabras de la carta de Josiah.
—Mañana es el último día antes de la luna nueva —dijo el padre Coleman, cerrando finalmente la reunión con una expresión grave—. Les pido a todos que pasen ese día con la mayor precaución posible. Ya hemos visto de lo que es capaz esta entidad cuando siente que su tiempo se acaba. No hay razón para pensar que mañana será distinto, y toda razón para creer que podría ser incluso peor.
Se despidieron esa noche con una mezcla de determinación y un miedo compartido que ninguno de ellos, ni siquiera Walter con toda su experiencia acumulada, intentó disimular del todo. La luna nueva llegaría al día siguiente, y con ella, la única oportunidad real que tendrían de terminar, de una vez por todas, con algo que llevaba casi dos siglos alimentándose del dolor y la desesperación de un pueblo entero.
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Editado: 16.09.2026