No mires el espejo

Capitulo 43: El hijo de Margaret

Pasaron dos semanas relativamente tranquilas después del ritual, semanas en las que la familia Hale, por primera vez desde su llegada, empezó a experimentar algo parecido a la vida normal que habían imaginado al recibir la herencia de Elias: Sam empezó la escuela primaria del pueblo, Emily pasaba cada vez más tiempo con Noah sin la sombra constante del miedo pendiendo sobre cada encuentro, y Claire había comenzado, incluso, a hablar de redecorar la casa, de convertirla en un hogar de verdad en lugar de un simple refugio contra una amenaza sobrenatural.
Fue Margaret quien rompió esa calma frágil, apareciendo una tarde en la puerta de los Hale con una expresión que mezclaba una esperanza tímida con un miedo que llevaba, evidentemente, mucho tiempo sin sentir con esa intensidad.
—Necesito pedirles un favor —dijo, sentada en la sala con una taza de té que apenas tocó—. Después de lo que pasó en el arroyo, no he podido dejar de pensar en mi hijo. En mi nieto.
Claire y Daniel intercambiaron una mirada, entendiendo de inmediato hacia dónde se dirigía la conversación.
—Quiere saber si liberar a Sarah cambió algo para ellos —dijo Daniel, no como pregunta.
—Han pasado quince años desde que corté todo contacto —admitió Margaret, con la voz temblando ligeramente—. Quince años sin saber si mi nieto sigue... si sigue siendo lo que se llevó su lugar, o si hay alguna posibilidad, por pequeña que sea, de que algo haya cambiado ahora que la fuente original de todo esto ya no existe.
El padre Coleman, a quien habían llamado en cuanto Margaret llegó, se quedó pensativo un largo momento antes de responder.
—No tengo una respuesta certera —admitió—. El documento original habla de Sarah como el origen de la entidad, pero no aclara si cada "copia" que ha tomado un cuerpo distinto a lo largo de los siglos permanece conectada a ella de forma directa, o si, con el tiempo, cada una desarrolla algo parecido a una existencia independiente.
—Entonces no sabemos si liberar a Sarah también liberó a quien haya tomado el cuerpo de mi nieto —dijo Margaret, con una desesperanza que intentaba, sin mucho éxito, disimular.
—No lo sabemos —confirmó el padre Coleman—. Pero creo que mereces, después de quince años, al menos intentar averiguarlo.
Esa misma noche, con el apoyo de toda la familia Hale y de Noah, que se había convertido en una presencia casi permanente en la vida de Emily durante las últimas semanas, Margaret hizo lo que no se había atrevido a hacer en más de una década: buscó, a través de redes sociales y registros públicos, el paradero actual de su hijo, encontrando, con un alivio inmenso, que todavía vivía en la misma ciudad donde se había mudado años atrás, ahora con una dirección diferente y, según pudo confirmar a través de una búsqueda cuidadosa, todavía casado con la misma mujer con la que Margaret recordaba haber compartido, brevemente, algunas cenas familiares antes de que todo se rompiera.
—Voy a ir a verlos —anunció Margaret, con una determinación que hizo que Daniel sintiera un profundo respeto por la mujer que apenas unas semanas atrás había sido, para toda la familia, poco más que una sospechosa inquietante—. Necesito verlo con mis propios ojos. Necesito saber, de una vez por todas, si todavía hay algo de mi nieto ahí dentro, o si perdí esa oportunidad para siempre hace quince años.
—No deberías ir sola —dijo Claire, con una firmeza que no admitía discusión—. Después de todo lo que hemos pasado juntos, no vamos a dejar que enfrentes esto sin compañía.
Margaret los miró a todos, reunidos una vez más en la sala de la casa Hale, con una gratitud que no necesitó expresar con palabras para que todos los presentes la sintieran con la misma intensidad.
—Entonces supongo —dijo finalmente, con una sonrisa temblorosa— que esta pequeña guerra nuestra contra Ashford Hollow todavía no ha terminado del todo.




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