Siempre encontramos el camino de vuelta

Capitulo veinticinco ♡

²⁵

Nunca entendí por qué las noches importantes terminan siendo las más silenciosas.

Llegué a mi departamento cerca de las tres de la mañana.

Dejé las llaves sobre la mesa de la entrada.

Me saqué los tacos antes de llegar al living y los abandoné en cualquier parte.

Mañana me ocuparía de ordenar.

O pasado.

Todavía tenía la música del club sonando en la cabeza.

Era curioso.

Hacía apenas una hora estaba rodeada de gente.

Ahora el único ruido era el del reloj de la cocina.

Fui hasta la heladera, saqué una botella de agua y tomé un par de tragos largos.

Después me dejé caer en el sillón.

Suspiré.

Qué noche rara.

Había disfrutado.

Me había reído.

Había bailado.

Había hablado con Dylan como hacía tiempo no pasaba.

Y, sin embargo...

sentía que algo se había movido por dentro.

No sabía qué.

Solo lo sentía.

Agarré el celular.

Tenía varias notificaciones.

El grupo de WhatsApp explotaba de mensajes.

Mateo:

Confirmo que Lucas baila horrible.

Lucas:

Hay videos que demuestran lo contrario.

Emma:

Los videos demuestran exactamente eso.

Sonreí.

Después abrí Instagram.

Había subido dos historias durante la noche.

Una del grupo brindando.

Otra desde la pista, donde apenas se distinguían las luces.

Nada especial.

Empecé a responder algunas reacciones.

Hasta que me acordé de Jaz.

No porque desconfiara de ella.

Ni porque creyera que hubiera pasado algo.

Simplemente...

me dio curiosidad.

La busqué.

Su perfil apareció enseguida.

Foto de perfil.

Una sonrisa tranquila.

Cuenta pública.

Entré.

Viajes.

Cafés.

Montañas.

Recitales.

Fotos con amigos.

Era una persona normal.

Seguí bajando.

Y, casi sin querer, llegué a publicaciones de hacía varios años.

Entonces apareció él.

Dylan.

Mucho más joven.

Con el pelo un poco más largo.

Riéndose de una forma que nunca le había visto.

No estaba solo con Jaz.

Había varias personas.

Todos parecían muy unidos.

Leí el pie de foto.

"Las mejores decisiones de mi vida empezaron con este grupo."

Me quedé mirando la pantalla unos segundos más.

No sentí celos.

Lo que sentí fue algo distinto.

La certeza de que existía un Dylan que yo todavía no conocía.

Y eso era extraño.

Porque había compartido tres años con él.

Sabía cómo preparaba el café.

Cómo doblaba las mangas de la camisa cuando estaba concentrado.

Cómo se le escapaba una sonrisa cada vez que ganaba una discusión absurda.

Pero desconocía por completo quién había sido antes de cruzarse conmigo.

Apagué el teléfono.

Lo apoyé boca abajo sobre la mesa.

Y me reí sola.

—Qué ridícula...

Murmuré.

—Las personas tienen pasado, Alison.

Obviamente.

Yo también lo tenía.

Sin embargo...

era raro descubrirlo de golpe.

Justo cuando estábamos intentando encontrarnos otra vez.

Me levanté para ir a cambiarme.

Mientras buscaba un buzo cómodo escuché el celular vibrar.

No le di importancia.

Seguí sacándome los aros.

Después el maquillaje.

Cuando terminé, el teléfono volvió a sonar.

Esta vez fui a verlo.

Era un mensaje.

De Dylan.

Fruncí el ceño.

A esa hora casi nunca hablábamos.

Abrí el chat.

Dyl:

¿Llegaste bien?

Sonreí sin darme cuenta.

Qué simple.

Y qué típico de él.

Escribí enseguida.

Ali:

Sí. Hace un rato.

Los tres puntitos aparecieron casi al instante.

Dyl:

Menos mal.

Esperé.

Pensé que ahí terminaba la conversación.

Pero no.

Los puntitos volvieron a aparecer.

Desaparecieron.

Volvieron otra vez.

Como si estuviera escribiendo y borrando varias veces.

Hasta que finalmente llegó otro mensaje.

Dyl:

Hoy me di cuenta de algo.

Me quedé mirando la pantalla.

El corazón empezó a latirme un poquito más rápido.

Escribí.

Ali:

¿De qué?

Esta vez tardó bastante más en responder.

Tanto que pensé que había cambiado de idea.

Hasta que el teléfono vibró otra vez.

Leí el mensaje una sola vez.

Después una segunda.

Y una tercera.

Dyl:

Que te sigo buscando con la mirada cada vez que entrás a un lugar.

Sentí que el tiempo se detenía.

No era una declaración.

No decía "te amo".

No decía "volvamos".

Y, sin embargo...

ninguna de esas frases me habría movido tanto como esa.

Porque era una verdad.

Una de esas que nadie dice si no está completamente seguro.

Me quedé con el teléfono entre las manos.

Sonriendo como una idiota.

Y, por primera vez desde que dejamos de vivir juntos...

tuve la sensación de que quizás...

solo quizás...

todavía estábamos encontrando el camino de regreso.




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