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Nunca entendí por qué las mejores conversaciones ocurren cuando todos los demás ya se fueron a dormir.
La lluvia seguía cayendo.
No tan fuerte como antes.
Lo suficiente para que el techo de chapa hiciera ese ruido constante que siempre me relajó.
La cabaña estaba en silencio.
Lucas había perdido una partida de cartas y juró que nunca más iba a jugar con Mateo.
Mateo seguía riéndose desde la habitación.
Tayler ya dormía.
Jaz también.
Solo quedábamos dos personas despiertas.
Dylan y yo.
Él estaba sentado en el sillón del living.
Con una manta sobre las piernas.
Mirando el fuego que todavía sobrevivía en la chimenea.
Me acerqué despacio.
—¿No tenés sueño?
Le pregunté.
Levantó la vista.
Sonrió.
—Un poco.
—¿Entonces?
Se encogió de hombros.
—A veces me gusta quedarme un rato pensando.
Me senté a su lado.
No demasiado cerca.
Tampoco demasiado lejos.
Los dos miramos el fuego durante unos segundos.
Hasta que hablé.
—¿Te puedo hacer una pregunta?
—Claro.
Respiré hondo.
—¿La pasaste muy mal cuando nos separamos?
No respondió enseguida.
Sabía que estaba eligiendo las palabras.
Como siempre.
—Sí.
Contestó al fin.
Así.
Sin adornos.
Sin intentar hacerse el fuerte.
Solo...
sí.
Bajé la vista.
Sentí un nudo en la garganta.
—Yo también.
Él no dijo nada.
Esperó.
Porque ya conocía mis tiempos.
Y sabía que, cuando yo empezaba a hablar de verdad...
era mejor no interrumpirme.
Suspiré.
—Hubo días en los que agarraba el teléfono para escribirte.
Pero lo volvía a guardar.
Porque pensaba que capaz estabas mejor sin mí.
Escuché que soltó una risa bajita.
Lo miré confundida.
—¿Qué?
Negó con la cabeza.
—Yo hacía exactamente lo mismo.
Nos quedamos unos segundos mirándonos.
Era increíble.
Habíamos pasado días enteros creyendo que el otro no quería hablar.
Cuando los dos estábamos esperando el mismo mensaje.
Qué tontos habíamos sido.
Sonreí sin querer.
Él también.
Y, por primera vez en mucho tiempo...
el silencio dejó de doler.
No sé cuánto tiempo pasó.
Cinco minutos.
Diez.
Quizás más.
Solo sé que empecé a observarlo.
De verdad.
Las pestañas.
La barba que había dejado crecer un poco.
La pequeña cicatriz cerca de la ceja.
Siempre me había gustado esa cicatriz.
Le daba un aire serio que desaparecía apenas sonreía.
Él notó que lo estaba mirando.
—¿Qué?
Volvió a preguntar.
Negué despacio.
—Nada.
Mentí.
Él soltó una risa.
—Seguís siendo pésima mintiendo.
—Y vos seguís creyendo que sabés todo.
—Casi todo.
Le di un golpecito suave en el hombro.
—Agrandado.
Nos reímos.
Después volvió el silencio.
Pero esta vez era distinto.
Más liviano.
Más cálido.
No pensé.
Simplemente pasó.
Me acerqué unos centímetros.
Él dejó de sonreír.
No porque estuviera incómodo.
Porque entendió.
Esperó.
Como siempre.
Esperó a que fuera yo.
Y fui.
Apoyé una mano sobre su mejilla.
Sentí el calor de su piel.
Su respiración cambió apenas.
Lo vi cerrar los ojos un instante.
Después los volvió a abrir.
Seguía esperándome.
No preguntó.
No avanzó.
No hizo absolutamente nada.
Solo me dio el espacio para decidir.
Y esa fue la primera vez que entendí algo.
Nunca me había perseguido.
Nunca.
Solo había estado ahí.
Era yo quien, por miedo, siempre interpretaba las cosas de otra manera.
Sonreí.
Muy despacito.
Y acorté la última distancia que quedaba entre nosotros.
El beso fue corto.
Suave.
Torpe.
Como si los dos estuviéramos aprendiendo otra vez.
Cuando me separé apenas unos centímetros...
seguía con la mano apoyada sobre su rostro.
Él me miraba de una forma que nunca había visto.
No había euforia.
Ni alivio.
Había paz.
Una paz inmensa.
—Hola.
Murmuró.
Me reí.
—¿Hola?
Asintió.
—Siento que recién volvés.
No pude evitar emocionarme.
Porque tenía razón.
No era un beso.
Era un regreso.
Apoyé la frente contra la suya.
—Perdón por hacerte esperar tanto.
Él sonrió.
Esa sonrisa tranquila que siempre aparecía cuando yo bajaba las defensas.
—Valió la pena.
Nos quedamos así.
Sin hablar.
Sin hacer falta decir nada más.
Afuera seguía lloviendo.
Adentro, el fuego empezaba a apagarse lentamente.
Y por primera vez desde que todo se había roto...
sentí que había dejado de mirar hacia el pasado.
Porque el futuro...
por fin...
volvía a dar un poco menos de miedo.
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Editado: 25.09.2026