ALISON
Me desperté antes de que sonara la alarma.
Abrí un ojo.
Después el otro.
Lo primero que hice fue buscar el celular en la mesa de luz.
Nada.
Lo desbloqueé igual.
WhatsApp.
Instagram.
Nada.
Lo apoyé boca abajo.
—Qué ridícula...
Me levanté.
Preparé café.
Puse música.
Intenté convencerme de que tenía cosas mucho más importantes en las que pensar.
Duré exactamente siete minutos.
Volví a agarrar el celular.
Nada.
Me reí sola.
—No puede ser...
Estaba actuando como una adolescente.
Y lo peor era que lo sabía.
Una hora después sonó el timbre.
Abrí la puerta.
Jaz apareció con una bolsa de facturas y un paquete de yerba.
—Traje desayuno.
—Pasá.
Mientras preparaba el mate, ella me miraba con esa cara de "contame todo".
No aguantó ni dos minutos.
—Bueno.
¿Cómo estuvo?
Me hice la distraída.
—¿Qué cosa?
—Al...
Levanté una ceja.
—No me hagas sacar información con cucharita.
Suspiré.
—Bien.
—¿Bien?
—Sí.
—¿Solo bien?
Me mordí el labio para no sonreír.
—Muy bien.
Jaz soltó un gritito y me señaló con el mate.
—¡Lo sabía!
Me reí.
—No exageres.
—¿Te besó?
Sentí que casi me atragantaba con el mate.
—¡Jaz!
—¿Qué?
Tengo curiosidad.
Negué con la cabeza, todavía riéndome.
—No.
—¿Vos lo besaste?
La miré en silencio.
Ella abrió los ojos.
—Pará...
¿Ninguno?
—No.
Jaz dejó el mate sobre la mesa.
Se cruzó de brazos.
—Ustedes dos tienen un problema.
—¿Por?
—Porque se miran como matrimonio hace cincuenta años...
y actúan como si fuera la primera vez que salen.
No pude evitar largarme a reír.
Era una descripción bastante acertada.
Agarré el celular otra vez.
Lo desbloqueé.
Nada.
Jaz me vio.
—Mandale un mensaje.
—No.
—¿Por qué?
—Porque me invitó él a salir.
Ahora le toca escribir primero.
Me miró fijo.
Muy fijo.
Después apoyó una mano en la frente.
—Che...
¿Ustedes dos son boludos?
Estallé de risa.
—¡No seas mala!
—Lo digo con cariño.
DYLAN
Mateo apareció en la oficina sin golpear.
Como siempre.
Traía un café en una mano y una medialuna en la otra.
—Buen día.
—Buen día.
Se sentó frente a mí.
Me observó unos segundos.
Después miró el celular que tenía sobre el escritorio.
Y sonrió.
—¿Qué hacés?
—Nada.
—Mentís.
Suspiré.
—Estoy pensando.
—Peligroso.
Ignoré el comentario.
Desbloqueé el teléfono.
Escribí.
"¿Llegaste bien anoche?"
Lo leí.
Lo borré.
Escribí otra cosa.
"La pasé muy bien."
También lo borré.
Mateo seguía observándome.
Con una sonrisa cada vez más grande.
—No digas nada.
Le advertí.
—Hace cuánto estás escribiendo el mismo mensaje.
No respondí.
Porque tenía razón.
Me pasó el café por encima del escritorio.
—Escuchame una cosa.
Lo miré.
—¿Ustedes dos son boludos?
Resoplé.
—Gracias por el apoyo.
—No, en serio.
La piba te mira como si fueras el último hombre sobre la Tierra.
Vos la mirás igual.
¿Y estás hace media hora decidiendo si poner "buen día" o un emoji?
Me quedé callado.
Mateo negó con la cabeza.
—Nunca vi dos personas tan complicadas para hacer algo tan simple.
ALISON
Jaz ya se había ido.
La casa volvió a quedar en silencio.
Miré la pulsera que Dyl me había regalado la noche anterior.
La giré entre los dedos.
Sonreí.
Capaz...
podía escribirle yo.
No pasaba nada.
Después de todo...
ya no éramos dos desconocidos.
Abrí el chat.
Escribí.
"Buen día, Dyl."
Lo dejé ahí.
Sin enviar.
Respiré hondo.
—Bueno...
Total.
¿Qué es lo peor que puede pasar?
Apreté "Enviar".
DYLAN
Miré el reloj de la computadora.
10:18.
Volví a abrir el chat.
Escribí solamente dos palabras.
"Buen día, Al."
Mateo me vio desde el otro escritorio.
Levantó el pulgar.
—Ahora sí.
Mandalo.
Sonreí.
Y apreté enviar.
Los dos celulares vibraron exactamente al mismo tiempo.
Abrí el chat.
Había un mensaje nuevo.
De Alison.
"Buen día, Dyl."
Al mismo tiempo, en el departamento de Alison, apareció una notificación.
Dyl:
"Buen día, Al."
Nos quedamos mirando la pantalla.
Los dos.
Con la misma sonrisa.
Y, aunque ninguno podía verlo...
los dos pensamos exactamente lo mismo.
"Qué suerte que escribió primero..."
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Editado: 25.09.2026