Donde el tiempo nos encuentre.

2. Disponible Solito™

A las 15:47, Violeta estaba explicando por tercera vez exactamente lo mismo.

—La propuesta visual tiene que estar fundamentada —dijo, caminando entre las mesas del taller—. No me sirve que me digan “porque se ve bonito”, “porque me gusta” o “porque encontré algo parecido en Pinterest”. Necesito que puedan defender cada decisión. Tipografía, composición, color, imagen. Todo tiene que
tener una razón.

Se detuvo junto a uno de los grupos.

—Necesito evidencia.

Apenas dijo «evidencia», su cerebro abandonó la sala y volvió a los zapatos de la historia que Teo había inventado. Conchetumadre.

Siguió caminando como si nada hubiera ocurrido.

—Profe, ¿puede mirar mi propuesta?

—Sí.

Se inclinó sobre el computador de una estudiante y observó durante algunos segundos una composición que incluía una tipografía condensada, una fotografía en blanco y negro y una cantidad preocupante de texto. No entendió absolutamente nada de lo que estaba mirando porque una parte importante de su cerebro seguía ocupada por un par de zapatos masculinos inexistentes.

—Vas bien —dijo, aunque esperaba que fuera cierto. Desde el almuerzo había revisado el teléfono cuatro veces. Bueno, nueve.

Teo no había escrito nada. Técnicamente, no tenía por qué hacerlo. No estaba realmente viajando por el futuro y no existía ninguna investigación en curso. Violeta sabía eso. Era una mujer adulta, diseñadora gráfica, profesora universitaria, madre, pagaba cuentas y sabía distinguir perfectamente entre realidad y ficción.

Volvió a mirar el teléfono, que seguía sin mostrar mensajes nuevos.

—Hueón inútil —murmuró.

—¿Qué, profe?

Violeta levantó la cabeza.

—Nada. Sigan trabajando.

A las 17:18 salió del edificio de la facultad. A las 17:19 ya había sacado el teléfono.

—¿Y?

Teo respondió inmediatamente.

Teo:

Buenas tardes para ti también.

—No te hagas el hueón.

Teo:

Tu preocupación por mi bienestar después de atravesar el continuo espacio-tiempo me conmueve.

—¿Quién es?

Aparecieron los tres puntitos.

Teo:

Tengo información.

Violeta dejó de caminar tan bruscamente que una estudiante que venía detrás casi chocó con ella.

—Perdón.

Se hizo a un lado y volvió al teléfono.

—Habla.

Teo:

Confirmación preliminar: existe un hombre.

—Eso ya lo sabíamos por los zapatos.

Teo:

Podrían haber sido de Facu adulto.

—En un año.

Teo:

Buen punto.

—TEO.

Teo:

Está en la casa.

Violeta sonrió.

—¿Cómo es?

Teo:

Adulto.

—Gracias por tanto.

Teo:

Más alto que tú.

Violeta levantó ligeramente las cejas.

—Continúa.

Teo:

Pelo oscuro con canas. Barba corta. Está cocinando.

Violeta dejó de caminar por segunda vez.

—¿Cocinando qué?

Teo:

No puedo identificarlo.

—Acércate.

Teo:

No voy a meter la cabeza dentro de una olla interdimensional.

—¿Está rico?

Hubo una pausa.

Teo:

¿La comida?

Violeta miró la pantalla.

—Teo.

Otra pausa.

Teo:

Ah.

—¿Y?

Teo:

Estoy realizando una investigación seria.

—¿Está rico el hueón?

La respuesta tardó.

Teo:

El Instituto Temporal carece de protocolos objetivos para medir esa variable.




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