El lunes a las 13:16, Violeta cometió otro error. Al principio no pareció grave.
Estaba almorzando en la universidad, exactamente en el mismo lugar donde unas semanas antes había comenzado todo por culpa del aburrimiento. En retrospectiva, esa hora de almuerzo había resultado peligrosísima.
En muy poco tiempo había conseguido inventar un hombre, auditar su autonomía emocional, adjudicarle características que después tuvo que quitarle, descubrir dos hijos, una gata negra, sacarle cartas, desarmarlo casi por completo y, finalmente, ponerle una cara que sabía perfectamente que no era la suya.
La cara estaba guardada en su teléfono bajo el nombre HOMBRE_DE_LOS_ZAPATOS.jpg.
Un uso impecable del tiempo.
Violeta abrió la foto solo para verla un par de segundos. La cerró, siguió comiendo y, un rato después, volvió a abrirla.
—Puta que está rico —murmuró.
—¿Qué, profe?
Violeta levantó la cabeza. Una colega la miraba desde el otro lado de la mesa.
—El almuerzo.
Miró su plato.
Lentejas.
—Está rico.
La colega asintió y siguió comiendo.
Violeta bajó nuevamente la vista.
—Teo.
Teo:
No.
—¡Todavía no he preguntado nada!
Teo:
Conozco ese “Teo”.
—Necesitamos información.
Teo:
No.
—¿Por qué estás tan pesado?
Esta vez la respuesta demoró.
Teo:
Porque la última vez que dijiste algo parecido terminamos generando el retrato de un hombre inexistente que ahora revisas aproximadamente cada cuarenta minutos.
Violeta se quedó inmóvil.
—¿Cómo sabes cada cuánto lo miro?
Teo:
Era una estimación.
—Ah.
Teo:
¿Cuarenta minutos era correcto?
—Ándate a la chucha.
Terminó las lentejas, tomó café y esperó lo suficiente para fingir que había abandonado la idea.
Después escribió:
—Carta natal.
La respuesta tardó.
Teo:
JAJAJAJAJAJAJAJA.
—¿Qué?
Teo:
Sabía que llegaríamos aquí.
—Es investigación.
Teo:
¿Investigación de qué?
—Compatibilidad.
Teo:
¿Con un hombre que no existe?
—Precisamente. Es el momento perfecto.
Teo:
Explícate.
Violeta sonrió.
—No quiero la carta del hombre real.
Teo no respondió inmediatamente.
—Ni se te ocurra volver a intentar averiguar cuándo nació —agregó—. Ya aprendí.
Teo:
Me emociona presenciar este momento.
—Cállate. Quiero inventarle una carta al de la foto.
Teo:
¿Al actor?
Violeta recordó cómo lo había explicado días antes.
—Al actor.
Teo:
¿Para qué?
—Para ver qué tipo de compatibilidad inventaría yo si pudiera elegir.
La respuesta demoró más de lo habitual.
Teo:
Eso es bastante más interesante de lo que esperaba.
—Obvio.
Teo:
También es trampa.
—Si sale pésima, la arreglamos.
Teo:
Retiro lo dicho.
Violeta empezó a reírse.
—¡Es ficticio!
Teo:
Lo sé.
—Entonces podemos hacer lo que queramos.
Teo:
Eso dijiste antes de declarar patrimonio nacional una imagen generada por mí.