Donde el tiempo nos encuentre.

39. Después del beso

Violeta despertó el domingo a las ocho y seis. No abrió los ojos inmediatamente. Primero sintió la almohada, la sábana y el silencio de la casa. Después recordó la mano de Julián en su cara, el roce de la barba y los besos junto a su auto.

—Ah.

Abrió los ojos y sonrió.

—Puta madre.

Se tapó con la sábana hasta la nariz. No iba a quedarse toda la mañana reviviendo cada detalle. Tenía cuarenta y siete años, hijos, responsabilidades y, desde la semana pasada, treinta y tres tazas. Era adulta. Había besado hombres antes. Muchos besos.

Bueno.

Una cantidad estadísticamente irrelevante para esta investigación. Pero besos. Entonces, ¿por qué chucha su cuerpo insistía en reconstruir la noche anterior con tanta precisión? Cerró los ojos. Mala idea. La mano de Julián volvió inmediatamente a su cintura. Los abrió.

—No.

El teléfono vibró. Violeta giró tan rápido que casi se cayó de la cama.

Julián.

—Conchetumadre.

Abrió el mensaje.

Julián:

Buenos días.

Violeta miró la pantalla. Eso era todo. Buenos días.

Perfecto.

Normal. Adulto.

Violeta:

Buenos días.

Dejó el teléfono sobre el velador.

Nada.

Volvió a tomarlo.

Nada.

—No vamos a hablar del beso.

Perfecto.

Dos segundos después vibró otra vez.

Julián:

He estado pensando en mi evaluación.

Violeta se tapó la cara.

—Hueón.

Violeta:

¿A las ocho de la mañana?

Julián:

Necesito saber si “bien” era una evaluación cualitativa o una estrategia de evasión.

Violeta empezó a reírse.

Violeta:

Evaluación cualitativa.

Julián:

Necesito escala.

Ella estaba disfrutando demasiado.

Violeta:

7/10.

La respuesta tardó menos de cinco segundos.

Julián:

¿SIETE?

Violeta ya estaba llorando de la risa.

Violeta:

Margen de mejora.

Julián:

Necesito retroalimentación específica.

Violeta:

Evaluación formativa.

Julián:

Solicito segunda oportunidad.

Ah.

Violeta dejó de reír. Leyó otra vez.

Solicito segunda oportunidad.

Calor. Mucho. Escribió Podría considerarse. Lo borró.

Depende.

También lo borró. Finalmente sonrió.

Violeta:

Ya veremos.

Julián:

Cruel.

Violeta salió de la cama y, al pasar por el pasillo, encontró las dos chaquetas de Julián: una colgada y la otra sobre una silla. Se detuvo.

—No.

Dos citas y dos chaquetas. A ese ritmo, pronto tendría que hacerles espacio propio en el clóset. Tomó ambas. Las olió.

—¡MAMÁ!

Violeta saltó.

—¡CONCHETUMADRE!

Isis estaba en la puerta. Miró a su madre. Miró las chaquetas. Volvió a mirarla.

—¿Las estabas oliendo?

—No.

—Mamá.

—¡ESTABA VIENDO SI NECESITABAN LAVADO!

Isis contempló las dos chaquetas.

—Claro.

—¿Qué?

—Nada. Yo también reviso la ropa con la nariz.

—Isis.

—Método científico.

—Ándate.

La adolescente empezó a caminar hacia la cocina.

—Además, con dos muestras ya puedes comparar.

—¡ISIS!




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