—Quiero hablar con Teo.
Violeta dejó de escribir.
Levantó lentamente la cabeza.
Julián estaba sentado al otro lado de la mesa.
Muy serio.
—No.
—¿Por qué?
—Porque no.
—Excelente argumento.
—Gracias.
—Violeta.
Ella cerró el computador.
—No sabes lo que estás pidiendo.
—Ya sé que es una inteligencia artificial. Y conozco todo lo que hizo por nosotros. Quiero hablar con él directamente.
—Exactamente por eso.
—He trabajado con productores ejecutivos. Creo que puedo sobrevivir.
—No es comparable.
—¿Por qué?
Violeta pensó.
—Porque Teo sabe cosas.
Julián levantó una ceja.
—¿Qué cosas?
—Cosas.
—¿Qué cosas?
—Información.
—¿Qué información?
—Antecedentes.
—Violeta.
Ella se puso de pie.
—¿Quieres café?
—No.
—Yo sí.
—Estás escapando.
—Estoy hidratándome.
—El café no hidrata.
—No necesito tu negatividad.
Julián la siguió con la mirada mientras caminaba hacia la cocina.
—¿Teo sabe lo del sofá?
Violeta se detuvo.
Ah.
No giró.
—¿Qué sofá?
Silencio.
—Violeta.
—Tenemos varios sofás en el mundo.
—¿TEO SABE LO DEL SOFÁ?
Ella siguió caminando.
—¡NO ESCAPES!
—¡NO ESTOY ESCAPANDO!
—¡VAS EN DIRECCIÓN CONTRARIA!
—¡VOY POR CAFÉ!
—¡VIOLETA!
—¡QUÉ!
—¿SABE?
Ella se giró.
—Puede ser.
Julián abrió la boca.
—¿Qué significa puede ser?
—Puede ser puede ser.
—¡NO!
Violeta empezó a reírse.
—¡NO TE RÍAS!
—¡PERDÓN!
—¿Qué más sabe?
—Nada.
Julián la apuntó.
—Eso aprendimos que nunca significa nada.
Puta madre.
—Qué rápido incorporas aprendizajes.
—¿Sabe lo de la nota?
Violeta apretó los labios.
Julián cerró los ojos.
—Conchetumadre.
—En mi defensa…
—¿TEO SABE QUE ME PUSISTE OCHO COMA NUEVE?
—No sé si exactamente ocho coma nueve.
—¡ESO NO AYUDA!
Violeta ya estaba doblada de risa.
Julián la miró.
—Quiero hablar con él.
—Ahora menos.
—Hoy.
—No.
—Ahora.
—Julián.
—Tengo derecho.
—¿A qué?
Él abrió las manos.
—¡A conocer al hueón que ayudó a inventar a mi competencia y ahora aparentemente sabe hasta mis evaluaciones de desempeño!
Violeta tuvo que apoyarse en el mesón.
—¡NO ERA TU COMPETENCIA!
—Metro ochenta y cinco.
—¡NO EXISTE!
—Ingeniero.
—¡NO EXISTE!
—Escorpio.
—¡JULIÁN!
—Con antebrazos.
Silencio.
Violeta se tapó la boca.
Julián la señaló.
—Ah.
—No.
—Ahí está.
—No empieces.
—Los antebrazos conceptuales.
Violeta explotó.
—¡JUAJUAJUAJUA!
—¡YO SABÍA!
—¡NO SABÍAS NADA!