Donde el tiempo nos encuentre.

26. Cinco días

—Mañana almuerzo con Emilia.

Violeta estaba pintándose las uñas.

—Mmmm.

—¿Qué?

—Nada.

—Ese “mmm” fue juicio.

—No.

—Sí.

—Estoy tratando de decidir si hago otra capa.

Julián sonrió.

—Información crítica.

—Muchísimo.

La conexión llevaba abierta casi una hora y habían hablado de nada. Julián le había contado que un vecino llevaba tres días estacionando mal. Violeta había descrito durante aproximadamente siete minutos una discusión con una fotografía que se negaba a quedar como ella quería.

La fotografía había ganado.

Olivia dormía, Teo no participaba y era una noche perfectamente ordinaria.

—¿Dónde van a almorzar? —preguntó Violeta.

—No sé todavía.

—¿Con Vicente también?

—Puede ser.

—Qué rico.

—Sí.

Violeta sopló una uña.

—¿Qué vas a pedir?

—No sé.

—Pastel de choclo.

—No todos los restaurantes tienen pastel de choclo.

—Entonces elige mejor el restaurante.

—¿Vas a organizar también mi almuerzo?

—Alguien tiene que hacerse cargo.

Julián se rio.

—Disponible Solito™, pero con supervisión gastronómica.

—Exacto.

Se quedaron un momento en silencio, cómodos. Ya habían aprendido a dejar existir esos ratos.

Violeta miró sus uñas.

—¿Qué día es mañana?

—Miércoles.

—No, hueón. Fecha.

Julián respondió. Ella calculó sin prestar demasiada atención, pero enseguida se quedó quieta y volvió a contar.

—Espera.

Julián sonrió. Sabía perfectamente qué acababa de descubrir.

—No.

—Sí.

Violeta dejó el esmalte sobre la mesa.

—No.

—Violeta.

—¡¿QUEDAN CINCO DÍAS?!

Julián empezó a reírse.

—Sí.

—¡¿CÓMO CHUCHA QUEDAN CINCO DÍAS?!

—Porque antes quedaban seis.

—¡NO TE HAGAS EL HUEÓN!

—No me estoy haciendo.

—¡LA ÚLTIMA VEZ ERAN NUEVE!

—Han pasado cuatro días.

Violeta abrió la boca y volvió a cerrarla.

—No me gusta cómo funciona el tiempo.

—Es una opinión bastante amplia.

—¡CINCO DÍAS!

—Sí.

—¡PERO SI ACABAMOS DE HACER LA PLANILLA!

—Eso fue hace una semana.

—Mentira.

—No.

—Teo.

La pantalla se encendió.

Teo:

Julián tiene razón.

—Traidor.

Teo:

No participé en el paso del tiempo.

—Conveniente.

Julián se rio. Violeta volvió a mirar sus uñas.

Cinco días para la Prueba 12. A las diez de la noche, cada uno en su propia fecha. La misma hora, distintos tiempos. La idea había sonado extraordinariamente razonable cuando era una celda más dentro de una planilla. Ahora empezaba a parecer una pésima idea.

—¿Estás nervioso? —preguntó ella.

—No.

—Julián.

—¿Qué?

—Te vi desnudo de credibilidad.

Él soltó una carcajada.

—Un poco.

—¿Un poco poco o un poco mucho?

—Mucho mucho.

Violeta sonrió.

—Yo también.

—¿Desde cuándo?

Ella pensó.

—Desde hace aproximadamente treinta segundos.

—Excelente capacidad de anticipación.

—Antes era una actividad administrativa.

—¿Administrativa?

—Sí. Planilla. Fecha. Hora. Variables. Todo muy bonito. Ahora faltan cinco días y me parece una hueá completamente distinta.

Julián entendió. A él le había pasado antes, pero no se lo dijo.

—¿Qué crees que va a pasar? —preguntó.

—No sé.

—¿Nada?

—Puede ser.

—¿Que nos escuchemos?

—Puede ser.

—¿Otra imagen?

Violeta pensó en él descalzo haciendo café. En su antebrazo.

No.

—Puede ser.

—¿Algo nuevo?

—Puede ser.

Julián sonrió.

—Gran aporte científico.

—No sabemos, po.

—Ya sé.

Violeta guardó silencio. Ahí estaba precisamente el problema: no sabían.

La Prueba 12 no era una cita ni un portal. No era una promesa. Ni siquiera sabían si el patrón que Teo había detectado significaba algo. Doce días podía ser una coincidencia, una aproximación o simple ruido. Podían llegar ambos a las diez de la noche, cerrar los ojos como dos hueones y no conseguir absolutamente nada.

—Oye —dijo Violeta.

—¿Qué?

—¿Y si no pasa nada?

Julián tardó un poco.

—Lo anotamos.

Ella soltó una carcajada.

—¡CONCHETUMADRE!

—¿Qué?

—¡QUÉ RESPUESTA MÁS DE PRODUCCIÓN AUDIOVISUAL!

—¿Qué querías que dijera?

—No sé. Algo profundo.

—Si no pasa nada, significa que ese dato también sirve.

Violeta sonrió.

—Planillero de mierda.

—Diseñadora anticientífica.

—No soy anticientífica.

—Le declaraste la guerra a una columna.

—¡ERAN ONCE!

—Olivia era una variable.

Como si hubiera escuchado su nombre, la gata levantó la cabeza.

—Mira —dijo Julián—. Confirmación independiente.

—Esa gata está comprada por el sistema.

Olivia volvió a dormirse.

Violeta respiró.

—Ya. Si no pasa nada, lo anotamos.

—Sí.

—Y seguimos.

Julián tardó apenas un segundo.

—Sí.

La respuesta le gustó más de lo que esperaba. Si la prueba fallaba, ellos no desaparecían: solo habrían descartado una hipótesis.

—¿Y si pasa algo? —preguntó ella.

Julián miró hacia ninguna parte.

—Lo anotamos.

—¡JULIÁN!

Él empezó a reírse.

—¡ERA BROMA!

—Hueón.

—Si pasa algo… lo vivimos primero.

Violeta dejó de sonreír.

—Y después lo anotamos —agregó él.

Ella explotó.

—¡JUAJUAJUAJUA! ¡CONCHETUMADRE!

—Hay que mantener estándares.

—Imbécil.

Cuando se calmó, volvió a mirar sus uñas.

—¿A las diez exactas?

—A las diez exactas.

—¿Qué hacemos?

—Lo que acordamos.

—Ya sé, pero… ¿cómo se busca a una persona que está en otro tiempo?




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