Julián entró, dio dos pasos y se detuvo. Violeta cerró la puerta detrás de él.
—Puedes seguir caminando.
—Estoy evaluando riesgos.
—¿Qué riesgos?
Bruno gruñó. Julián lo miró.
—Ese.
Violeta se rio.
—Bruno no hace nada.
—Todos dicen eso antes de que el perro haga algo.
—Tiene meses.
—Tiene dientes.
Bruno se acercó, le olfateó un zapato, después el pantalón y finalmente dirigió toda su atención hacia la bolsa de pan. Julián la levantó inmediatamente.
—No.
Bruno se sentó.
—Mira —dijo Violeta—. Ya te respeta.
—Está planificando.
Mili apareció detrás. Se acercó con bastante más dignidad y lo olfateó. Julián quedó completamente quieto.
—¿Puedo tocarla?
Violeta lo miró. La pregunta le pareció ridículamente tierna.
—Sí.
Julián extendió una mano. Mili la olió y después puso la cabeza debajo de ella.
—Ah.
—Te aprobó.
—¿Eso es oficial?
—Primer filtro.
Julián miró hacia el living. Isis estaba sentada en el sofá, observándolo sin el menor intento por disimular. Levantó una mano.
—Hola de nuevo, estafador.
—Isis.
—¿Qué? Estoy siendo cordial.
Julián volvió lentamente la mirada hacia Violeta.
—Segundo filtro.
—Definitivamente.
Entonces vio a Facu. Estaba sentado en el suelo con uno de sus juguetes. No dijo nada. Solo levantó la vista y lo observó unos segundos. Julián esperó. Facu volvió a lo suyo.
—¿Y eso?
—Tercer filtro —dijo Isis desde el sofá.
—¿Cuántos son?
—Te faltan los gatos —respondió Violeta.
Julián respiró hondo.
—Conchetumadre.
Isis sonrió.
—Todavía estás a tiempo de escapar.
—¡ISIS!
—¿Qué? Hay que informar las condiciones del proceso.
Julián empezó a reírse.
—Ven —dijo Violeta.
Entraron a la cocina. Julián miró alrededor. Conocía algunas cosas porque Violeta se las había contado: los niños dejando juguetes en el pasillo y los animales ocupando los lugares que querían. Estar allí era distinto. Oyó a Bruno rondar la bolsa de pan y vio unas zapatillas debajo de una silla, un cuaderno abierto y una taza a medio terminar. Una planta junto a la ventana necesitaba agua.
—Es distinta —dijo.
Violeta se puso alerta.
—¿Distinta cómo?
Julián entendió inmediatamente.
—Más viva.
Ah.
Violeta sonrió.
—Sí.
Dejó la sopa sobre el mesón y Julián puso el pan al lado.
—Misión cumplida.
—Gracias.
—Entonces…
Señaló la puerta. Violeta lo miró.
—¿Te estás yendo?
—Eso acordamos.
Ella abrió la boca. La cerró.
—Sí.
—Entonces me voy.
Julián empezó a caminar.
—Oye.
Se detuvo. Violeta frunció el ceño.
—¿De verdad te vas a ir?
Él la miró confundido.
—¿Quieres que me vaya?
—No.
—Entonces me quedo.
—Pero dijiste que te ibas.
—Porque tú dijiste que me fuera.
—¡PERO DESPUÉS TE DIJE QUE PASARAS!
—¡ESO NO ANULA AUTOMÁTICAMENTE EL ACUERDO ANTERIOR!
Isis apareció en la puerta de la cocina.
—¿Siempre hablan así?
Silencio.
Violeta miró a Julián. Julián miró a Violeta.
—Sí —dijeron juntos.
Isis asintió.
—Qué agotador.
Y se fue. Julián se tapó la boca. Violeta empezó a reírse.
—¡JUAJUAJUAJUA!
—Tiene razón.
—¡NO!
—Absolutamente.
Violeta respiró.
—Quédate un rato.