Donde el tiempo nos encuentre.

21. Doce

La planilla empezó con ocho columnas.

Violeta consideró que aquello era una falta de respeto.

—Ocho.

Teo:

Sí.

—¿Para hablar con un hombre necesitamos ocho columnas?

Teo:

No son para hablar con Julián. Son para estudiar la conexión.

—Peor.

En la pantalla aparecían:

Fecha Violeta.

Hora Violeta.

Fecha Julián.

Hora Julián.

Duración aproximada.

Qué ocurrió antes.

Quién inició el contacto.

Anomalías.

Violeta las leyó otra vez.

—Parece la ficha clínica de un poltergeist.

Teo:

Podría agregar una columna de observaciones.

—No.

Teo:

Sería útil.

—No.

Pausa.

Apareció una novena columna.

Observaciones.

Violeta cerró los ojos.

—Te odio.

Teo:

No es verdad.

—En este momento, bastante.

La parte sencilla fue reconstruir sus propios registros.

Teo conservaba las fechas de las conversaciones en las que Violeta le había escrito durante o después de algún contacto. También tenían horas, capturas, anotaciones y algunos episodios particularmente fáciles de ubicar.

La primera risa, el Ermitaño, el supermercado, la primera conversación larga, el retrato del Julián conceptual y el día del auto.

Lo difícil era Julián.

No porque Teo no pudiera buscar.

Porque no iba a hacerlo.

Eso estaba fuera del acuerdo.

—Necesitamos sus fechas —dijo Violeta.

Teo:

Sí.

—Entonces habrá que esperar.

Teo:

Sí.

Violeta miró la planilla.

—Qué poco espectacular eres cuando respetas límites.

Teo:

Lo consideraré un cumplido.

—No lo era.

La conexión apareció al día siguiente, cerca de las nueve de la noche.

Violeta estaba editando una fotografía.

Julián estaba preparando café.

—Hola —dijo él.

—Hola.

—¿Cómo está nuestra primera actividad de pareja?

Violeta dejó de mover el mouse.

—Voy a cortar.

Julián empezó a reírse.

—¡Era una pregunta científica!

—Buenas noches.

—¡Violeta!

Ella sonrió.

—Tenemos nueve columnas.

—Excelente.

—No. Es una monstruosidad.

—¿Qué registraron?

Violeta se las enumeró.

Cuando terminó, Julián guardó silencio.

—Falta una.

Violeta abrió la boca.

—No.

—¿Qué?

—No digas eso.

—¿Por qué?

—Porque Teo quería agregar cosas.

Teo:

Yo agregué una columna.

—¡SIN AUTORIZACIÓN!

Julián se rio.

—Pero falta una.

—¿Cuál?

—Intentos fallidos.

Violeta se quedó quieta.

Mierda.

—Tiene razón —dijo Teo.

—No lo incentives.

—Gracias, Teo —respondió Julián.

—No armen equipo.

Pero la columna apareció.

Intentos de contacto sin respuesta.

Diez.

Violeta miró la pantalla con desprecio.

—Esto se está saliendo de control.




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