El problema empezó el miércoles siguiente, a las cinco cuarenta y dos de la tarde, con un mensaje perfectamente inocente.
Julián:
¿Nos vemos hoy?
Violeta estaba sentada frente al computador, terminando una selección de fotografías que debía enviar antes de las siete. Había tenido clases y una reunión innecesariamente larga. Facu necesitaba materiales para el día siguiente, Isis le había escrito que llegaría más tarde y ella había olvidado comprar pan. Además, llevaba unos cuarenta minutos intentando decidir entre dos fotografías prácticamente iguales.
Quería ver a Julián. Muchísimo. Miró la hora: técnicamente podía, si terminaba rápido, compraba los materiales después, pedía algo para comer y movía un par de cosas. Si apretaba un poco el día. Escribió:
Violeta:
Puede ser.
Respuesta casi inmediata.
Julián:
¿Puede ser sí o puede ser no?
Violeta frunció el ceño.
Violeta:
Puede ser puede ser.
Julián:
Información muy útil.
Ella sonrió apenas.
Violeta:
Estoy terminando una pega.
Julián:
Ya. Me avisas.
Violeta dejó el teléfono y volvió a las fotografías. Cinco minutos después lo tomó: no había nada. Lo dejó otra vez y siguió trabajando. A las seis diez eligió una foto. A las seis doce cambió de opinión; a las seis diecisiete volvió a la primera. A las seis veintidós exportó la selección y a las seis veintisiete la envió. Listo. Tomó el teléfono.
Violeta:
Terminé.
Julián respondió unos minutos después.
Julián:
Bien.
Violeta miró el mensaje. Bien. Solo bien. Esperó, pero no llegó nada más.
Violeta:
¿Entonces?
Julián:
¿Entonces qué?
Ah.
Violeta:
¿Nos vemos?
Pausa.
Julián:
Pensé que estabas ocupada.
Violeta respiró.
Violeta:
Estaba. Ya terminé.
Julián:
Ya hice otros planes.
Violeta se quedó mirando la pantalla.
Ah.
No había nada malo en eso. Ella había dicho puede ser; él, me avisas. Ella había demorado cuarenta y cinco minutos en avisar, y Julián había seguido con su vida. Perfecto. Razonable. Adulto. Disponible Solito™. Entonces ¿por qué chucha le molestó?
Violeta:
Ah ya.
Envió las dos palabras más peligrosas de la conversación.
Julián leyó Ah ya a las seis treinta y seis. Y supo inmediatamente que había un problema, aunque no sabía cuál. La experiencia humana completa cabía a veces en dos palabras. Escribió:
Julián:
¿Qué pasó?
Violeta vio el mensaje.
Violeta:
Nada.
Julián cerró los ojos.
Nada.
La prima hermana de ah ya.
Julián:
Violeta.
Violeta:
Qué.
No.
Eso ya era una familia completa. Julián llamó. Violeta miró el teléfono sonar. No contestó. No quería castigarlo; simplemente no tenía ganas de hablar todavía. El teléfono dejó de sonar. Llegó un mensaje.
Julián:
¿Puedes hablar?
Violeta escribió:
Ahora no.
Lo borró. Escribió:
Después.
Lo borró. Finalmente:
Violeta:
Estoy saliendo a comprar unas cosas. Después hablamos.
Julián:
Ya.
Y esa hueá le molestó todavía más.