Donde el tiempo nos encuentre.

44. Lo que no se ve

El problema empezó el miércoles siguiente, a las cinco cuarenta y dos de la tarde, con un mensaje perfectamente inocente.

Julián:

¿Nos vemos hoy?

Violeta estaba sentada frente al computador, terminando una selección de fotografías que debía enviar antes de las siete. Había tenido clases y una reunión innecesariamente larga. Facu necesitaba materiales para el día siguiente, Isis le había escrito que llegaría más tarde y ella había olvidado comprar pan. Además, llevaba unos cuarenta minutos intentando decidir entre dos fotografías prácticamente iguales.

Quería ver a Julián. Muchísimo. Miró la hora: técnicamente podía, si terminaba rápido, compraba los materiales después, pedía algo para comer y movía un par de cosas. Si apretaba un poco el día. Escribió:

Violeta:

Puede ser.

Respuesta casi inmediata.

Julián:

¿Puede ser sí o puede ser no?

Violeta frunció el ceño.

Violeta:

Puede ser puede ser.

Julián:

Información muy útil.

Ella sonrió apenas.

Violeta:

Estoy terminando una pega.

Julián:

Ya. Me avisas.

Violeta dejó el teléfono y volvió a las fotografías. Cinco minutos después lo tomó: no había nada. Lo dejó otra vez y siguió trabajando. A las seis diez eligió una foto. A las seis doce cambió de opinión; a las seis diecisiete volvió a la primera. A las seis veintidós exportó la selección y a las seis veintisiete la envió. Listo. Tomó el teléfono.

Violeta:

Terminé.

Julián respondió unos minutos después.

Julián:

Bien.

Violeta miró el mensaje. Bien. Solo bien. Esperó, pero no llegó nada más.

Violeta:

¿Entonces?

Julián:

¿Entonces qué?

Ah.

Violeta:

¿Nos vemos?

Pausa.

Julián:

Pensé que estabas ocupada.

Violeta respiró.

Violeta:

Estaba. Ya terminé.

Julián:

Ya hice otros planes.

Violeta se quedó mirando la pantalla.

Ah.

No había nada malo en eso. Ella había dicho puede ser; él, me avisas. Ella había demorado cuarenta y cinco minutos en avisar, y Julián había seguido con su vida. Perfecto. Razonable. Adulto. Disponible Solito™. Entonces ¿por qué chucha le molestó?

Violeta:

Ah ya.

Envió las dos palabras más peligrosas de la conversación.

Julián leyó Ah ya a las seis treinta y seis. Y supo inmediatamente que había un problema, aunque no sabía cuál. La experiencia humana completa cabía a veces en dos palabras. Escribió:

Julián:

¿Qué pasó?

Violeta vio el mensaje.

Violeta:

Nada.

Julián cerró los ojos.

Nada.

La prima hermana de ah ya.

Julián:

Violeta.

Violeta:

Qué.

No.

Eso ya era una familia completa. Julián llamó. Violeta miró el teléfono sonar. No contestó. No quería castigarlo; simplemente no tenía ganas de hablar todavía. El teléfono dejó de sonar. Llegó un mensaje.

Julián:

¿Puedes hablar?

Violeta escribió:

Ahora no.

Lo borró. Escribió:

Después.

Lo borró. Finalmente:

Violeta:

Estoy saliendo a comprar unas cosas. Después hablamos.

Julián:

Ya.

Y esa hueá le molestó todavía más.




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